7 de abril de 2013

Poética



Rimo
cuando quiero porque quiero
pero
a tu timo ni me arrimo.

egm. 2013

☛ PyoZ ☚

6 de abril de 2013

Uxío Novoneyra

El lamento

Se oscurecen los roquedos.
Bajan sombras de los brezos
a anidárseme en el pecho.

Despacio uno tras otro
fueron muriendo mis sueños
y quedé solo del todo.

Estoy solo como un lobo
aullándole a la noche.
¡Angustia de muerte!
¡Ansiedades de loco!

¡El dolor! ¡El dolor! ¡Este dolor mío!

Grito caído en un hoyo.
El dolor me alumbra todo
y veo la muerte al fondo.



☛ Uxío Novoneyra. O laio (issuu.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

O laio

Escurecen os penedos.
Baixa a sombra do ucedo
aniárseme no peito.

Inorde un tras outro
foron morrendo os meus soños
e quedein solo de todo.

Estoun solo como un lobo
oulando cara a noite.
Angustia de morte!
Arelanzas de louco!

Ista door! Ista door! Ista door miña!

Berro caido nun couso.
A door alúmame todo
e ollo a morte no fondo.


☛ PyoZ ☚

Federico García Lorca

Seis poemas gallegos

I. Madrigal a la ciudad de Santiago

Llueve en Santiago,
mi dulce amor.
Camelia blanca del aire
brilla entenebrada al sol.

Llueve en Santiago
en la noche oscura.
Hierbas de plata y de sueño
cubren la vacía luna.

Mira la lluvia por la calle,
lamento de piedra y cristal.
Mira el viento desvaído,
sombra y ceniza de tu mar.

Sombra y ceniza de tu mar,
Santiago, lejos del sol.
Agua de la mañana antigua
tiembla en mi corazón.


II. Romería de Nuestra Señora de la Barca

¡Ay parranda, parranda, parranda
de la Virgen pequeña
y de su barca!


La Virgen era pequeña
y su corona, de plata.
Amarillos los cuatro bueyes
que en su carro la llevaban.

Palomas de vidrio traían
la lluvia por la montaña.
Muertos y muertos de niebla
por las veredas llegaban.

¡Virgen, deja tu carita
en los dulces ojos de las vacas
y lleva sobre tu manto
las flores de la amortajada!

Por la testuz de Galicia
ya viene suspirando el alba.
La Virgen mira hacia el mar
desde la puerta de su casa.

¡Ay parranda, parranda, parranda
de la Virgen pequeña
y de su barca!



III. Cantiga del niño de la tienda

Buenos Aires tiene una gaita
sobre el Río de la Plata
que la toca el viento del norte
con su gris boca mojada.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Allá, en la calle Esmeralda,
barriendo y siempre barriendo
polvo de estantes y cajas.

Por las calles infinitas
los gallegos paseaban
soñando un valle imposible
en la verde ribera de la Pampa.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Sintió la muñeira del agua
mientras siete bueyes de luna
pacían en su memoria.

Se fue a la orilla del río,
orilla del Río de la Plata.
Sauces y caballos mudos
quiebran el vidrio de las aguas.

No encontró el gemido
melancólico de la gaita,
no vio al inmenso gaitero
con la boca florida de alas:

Triste Ramón de Sismundi,
orilla del Río de la Plata,
vio en la tarde moribunda
rojo muro de fango.


IV. Nocturno del adolescente muerto

Vamos silenciosos orilla del vado
para ver al adolescente ahogado.

Vamos silenciosos orillita del aire,
antes que ese río lo lleve hacia el mar.

Su alma lloraba, herida y pequeña
bajo las agujas de pinos y de hierbas.

Agua despeñada bajaba de la luna
cubriendo de lirios la montaña desnuda.

El viento dejaba camelias de sombra
en la claraboya mustia de su triste boca.

¡Venid mozos rubios del monte y del prado
para ver el adolescente ahogado!

¡Venid gente oscura de la cumbre y del valle
antes que ese río lo lleve hacia el mar!

Lo lleve hacia el mar de cortinas blancas
donde van y vienen viejos bueyes de agua.

¡Ay, cómo cantaban los árboles del Sil
sobre la verde luna como un tamboril!

Mozos, vamos, venid, pronto, llegad
porque ya ese río me lo lleva al mar!


V. Canción de cuna para Rosalía de Castro, muerta

¡Levántate, mi amiga,
que ya cantan los gallos del día!
¡Levántate, mi amada,
porque el viento muge, como una vaca!


Los arados van y vienen
desde Santiago a Belén.

Desde Belén a Santiago
un ángel viene en un barco.

Un barco de plata fina
que trae el dolor de Galicia.

Galicia acostada y quieta
transida de tristes hierbas.

Hierbas que cubren tu lecho
y la negra fuente de tus cabellos.

Cabellos que van al mar
donde las nubes tienen su claro palomar.

¡Levántate, mi amiga,
que ya cantan los gallos del día!
¡Levántate, mi amada,
porque el viento muge, como una vaca!



VI. Danza de la luna en Santiago

¡Observa a aquel blanco galán,
mira su transido cuerpo!

Es la luna que baila
en la Quintana de muertos.

Observa su cuerpo transido
negro de sombras y lobos.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¿Quién hiere potro de piedra
en la misma puerta del sueño?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

¿Quién observa mis grises vidrios,
llenos de nubes sus ojos?

¡Es la luna! ¡Es la luna
en la Quintana de muertos!

Déjame morir en el lecho
soñando con flores de oro.

Madre: la luna está bailando
en la Quintana de muertos.

¡Ay hija, con el aire del cielo
me vuelvo blanca de pronto!

No es el aire, es la triste luna
en la Quintana de muertos.

¿Quién brama con este gemido
de inmenso buey melancólico?

¡Madre: Es la luna, la luna
en la Quintana de muertos!

¡Sí, la luna, la luna
coronada de tojos,
que baila, y baila, y baila
en la Quintana de muertos!



Nota
La Quintana es una plaza contigua a la catedral de Santiago de Compostela a la que una amplia escalinata divide en dos partes: arriba la Quintana de vivos (Quintana dos vivos) y abajo la Quintana de muertos (Quintana dos mortos), llamada así porque en el lugar hubo antiguamente un cementerio.

☛ Federico García Lorca. Seis poemas galegos (federicogarcialorca.net)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Seis poemas galegos


Madrigal á cibdá de Santiago

Chove en Santiago
meu doce amor.
Camelia branca do ar
brila entebrecida ô sol.

Chove en Santiago
na noite escrura.
Herbas de prata e de sono
cobren a valeira lúa.

Olla a choiva pol-a rúa,
laio de pedra e cristal.
Olla o vento esvaído
soma e cinza do teu mar.

Soma e cinza do teu mar
Santiago, lonxe do sol.
Agoa da mañán anterga
trema no meu corazón.


Romaxe de Nosa Señora da Barca

¡Ay ruada, ruada, ruada
da Virxen pequena
e a súa barca!


A Virxen era pequena
e a súa coroa de prata.
Marelos os catro bois
que no seu carro a levaban.

Pombas de vidro traguían
a choiva pol-a montana.
Mortas e mortos de néboa
pol-as congostroas chegaban.

¡Virxen, deixa a túa cariña
nos doces ollos das vacas
e leva sobr'o teu manto
as froles da amortallada!

Pol-a testa de Galicia
xa ven salaiando a i-alba.
A Virxen mira pra o mar
dend'a porta da súa casa.

¡Ay ruada, ruada, ruada
da Virxen pequena
e a súa barca!



Cantiga do neno da tenda

Bos aires ten unha gaita
sobre do Río da Prata
que a toca o vento do norde
coa súa gris boca mollada.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Aló, na rúa Esmeralda,
basoira que te basoira
polvo d'estantes e caixas.

Ao longo das rúas infindas
os galegos paseiaban
soñando un val imposíbel
na verde riba da pampa.

¡Triste Ramón de Sismundi!
Sinteu a muiñeira d'ágoa
mentres sete bois de lúa
pacían na súa lembranza.

Foise pra veira do río,
veira do Río da Prata
Sauces e cabalos núos
creban o vidro das ágoas.

Non atopou o xemido
malencónico da gaita,
non viu o inmenso gaiteiro
coa frolida d'alas:

triste Ramón de Sismundi,
veira do Río da Prata,
viu na tarde amortecida
bermello muro de lama.


Noiturnio do adoescente morto

Imos silandeiros orela do vado
pra ver ô adolescente afogado.

Imos silandeiros veiriña do ar,
antes que ise río o leve pro mar.

Súa i-alma choraba, ferida e pequena
embaixo os arumes de pinos e d'herbas.

Agoa despenada baixaba da lúa
cobrindo de lirios a montana núa.

O vento deixaba camelias de soma
na lumieira murcha da súa triste boca.

¡Vinde mozos loiros do monte e do prado
pra ver o adoescente afogado!

¡Vinde xente escura do cume e do val
antes que ise río o leve pro mar!

O leve pro mar de curtiñas brancas
onde van e vên vellos bois de ágoa.

¡Ay, cómo cantaban os albres do Sil
sobre a verde lúa, coma un tamboril!

¡Mozos, imos, vinde, aixiña, chegar
porque xa ise río m'o leva pra o mar!


Canzón de cuna pra Rosalía Castro, morta

¡Érguete, miña amiga,
que xa cantan os galos do día!
¡Érguete, miña amada,
porque o vento muxe, coma unha vaca!


Os arados van e vén
dende Santiago a Belén.

Dende Belén a Santiago
un anxo ven en un barco.
Un barco de prata fina
que trai a door de Galicia.

Galicia deitada e queda
transida de tristes herbas.
Herbas que cobren teu leito
e a negra fonte dos teus cabelos.
Cabelos que van ao mar
onde as nubens teñen seu nídio pombal.

¡Érguete, miña amiga,
que xa cantan os galos do día!
¡Érguete, miña amada,
porque o vento muxe, coma unha vaca!



Danza da lúa en Santiago

¡Fita aquel branco galán,
olla seu transido corpo!

É a lúa que baila
na Quintana dos mortos.

Fita seu corpo transido
negro de somas e lobos.

Nai: A lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¿Quén fire potro de pedra
na mesma porta do sono?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

¿Quén fita meus grises vidros
cheos de nubens seus ollos?

¡É a lúa! ¡É a lúa
na Quintana dos mortos!

Déixame morrer no leito
soñando con froles dóuro.

Nai: a lúa está bailando
na Quintana dos mortos.

¡Ai filla, co ar do céo
vólvome branca de pronto!

Non é o ar, é a triste lúa
na Quintana dos mortos.

¿Quén brúa co-este xemido
dímenso boi melancónico?

¡Nai: É a lúa, é a lúa
na Quintana dos mortos

¡Si, a lúa, a lúa
coronada de toxos,
que baila, e baila, e baila
na Quintana dos mortos!


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27 de marzo de 2013

El ataque de los cuarkos mutantes

(Otra aventura del capitán Titanio)

Duelo de psicorrayos cuánticos
en el espacio-tiempo alternitante,
el coronel Cerniceronte
ha reabierto su consulta
en las cercanías de Donga Once,

amanece,
nadie ha ido ni vendrá,
pero yo fui y me di la vuelta
cuando ya estaba a punto de llegar,
una encendida protesta social

preintegracionista de postcomplejo
lingüístico indeterminante
ha comenzado en el área exterior
del brazo derecho de la Galaxia,
de esta misma galaxia,

paso sin acaso ni esperanza,
comedido éxtasis eventual,
Soid se ha exiliado en otro universo,
si es que alguna vez en este
llegó siquiera a creacionar,

la derecha sobre el pecho,
y la izquierda encima de la barriga,
ay mi amiga,
olhos de traedor, cabeça de can,
acechando el añil del alba,

debes elegir bien de qué dudar
en esta dubitativa espiral,
abajo se torna en grajo
en bucles de evasiva reversión,
nada fue, nadie será,

casi como cuando conoces
a una persona de verdad
y tan solo un nanoinstante más tarde
ya la has olvidado para siempre,
así llueve sobre el mar

en lo más cerrado de la tormenta,
decenas de lapsos después
la situación era al revés
en la amarga comedia épica
que acaba cuando debiera empezar,

dicen que estás muerta,
en un frío apartamento sin luz
solo el espejo refleja el espejo,
el negrillo escuece
cuando la ola de novas recrece,

dices que estás cierta
de que la sospecha es veraz,
gime el pájaro del cosmos
en el vórtice espacio-temporal,
es más sospechoso el ser suspicaz,

en los bajíos de la playa,
aire descendente enfrente,
pero tu lengua te delata, chata,
yo recuerdo ese sabor,
qué hecatombe, war in Donga,

y t’húmedo viraje helicoidal,
encanto se vuelve acanto
en casos de escabrosa quemazón,
dices que estás segura
de que la lluvia penetra la sal,

nadie sabe, nadie entiende,
nadie va a ninguna parte
en la nave de quark-gluones fluctuantes,
todo cuanto sucede ahora
no va a dejar pronto de suceder,

no es el momento de dudar
del universo en circunvolución
sino del mito de un Soid
creando, ordenando y juzgando,
en este mismo universo

con la mano derecha sobre el pecho
y la izquierda sobre el estómago,
junto a mis armas y mis amuletos,
en una oculta cueva fui enterrado
por mis hombres y mis mujeres

mientras afuera aguardaban
los niños que no sabían llorar,
entonces la crueldad
era tan primitiva como ahora,
entonces las tarjetas de memoria

velaban el mismo misterio
elemental, parece
que crece
una inflorescencia en el núcleo
de esta galaxia espiralada,

arriba muda en oliva
en ratos de arrogante aberración,
solo unos lapsos después
el coronel Cerniceronte
importa ulmáceas al por mayor

del violeta tercer planeta,
te buscaba y te escondías,
¿dónde estás, dónde duermes?
¿cuándo vas?
ha pasado el momento de dudar

del reflujo de la resaca,
viento nordeste en Donga,
hazte un truja, mi bruja,
si quieres disfrutar
ven al arcén de las vías del tren,

donde el tiempo aún no ha pasado,
o a retozar a la orilla del mar
mientras sisea la marea,
solo el espejo conoce al espejo
y el conejo

con el pájaro del cosmos bucea
en los posos del vino áspero,
sí, siente la boca ungida
mientras jadea la marea
y las olas mojan tus pies morenos,

dile a las algas profundas
que te gusta la lienta actividad
del giro de tu lengua helicoidal,
extraño muta a musgaño
en tráficos de trópica atracción,

y salta en la peña, grita en la arena,
dibuja con el lápiz positrónico
los mapas de la irrealidad
antes de que las sub-ondas plasmáticas
fijen el tiempoespacio

en la línea de la pleamar,
las algas fluctúan, vienen y van
en el sueño de la rompiente,
¿dónde vas, dónde duermes?
¿dónde estás,

mi esquilada guarrindonga
de la cuesta del pinar?
vela azul en blanco azar,
clemátide oscilando neviscada,
fleo o trébol, onecen sensualmente,

digitaria enanzada,
trémula urticularia,
camelia obriza, ñipe opalescente,
milenrama, estelaria,
me arpan si tu úlmea raíz brota oblicuada

pela encosta do pinhal,
un gris preciso en el crepúsculo,
la gota de semen seco en el brazo,
entonces las tarjetas de memoria
velaban los vuelcos furtivos

de la timorata estrella del porno,
eléctrico qué eléctrico el amor
vibrando en púrpura esencial,
si cima deviene enzima
en ciclos de concisa comezón,

establece
la trecena ley de la sintropía
que trece
es el número de veces que acrece
pardo el olmo cuando amanece,

sangre en los cuerpos cavernosos,
por las áridas calles del destiempo
nadie ha ido ni vendrá,
nadie supo ni sabrá
quién sigue el rastro de tu ardor,

despertó el coronel Cerniceronte
con una abádica erección
que adrece,
y en el cerebro, un saco de serrín,
todo lo que ya sucedió

sigue aún sin dejar de suceder,
no es el momento de dudar
en los arrecifes de la marea
de las tibias intenciones del clima,
pese a la rotación galáctica

continúa la guerra en Donga,
el capitán Titanio dirige
el perpulsor de psicorrayos cuánticos
hacia el vórtice lapso-estacional,
emerge una gota de savia

sobre el brazo izquierdo de la galaxia
alzando un trazo helicoidal
y fondo ya es lirio hediondo
en flujos de fatídica efusión,
toma mis sámaras, amor,

en la cúspide de la pleamar,
desde el farallón, parece
que crece
la masa del universo real
en esta pantomima épica

que comienza cuando finge acabar,
el neocomplejo lingüístico
se hundió, allá, en el piélago cósmico,
la guerra en Donga, guarrindonga,
ha vuelto de nuevo a recomenzar,

nadie escucha ni siente, nadie oirá
al viejo perro traidor,
no olvidéis mis amuletos
antes de echarlo todo a la basura,
nadie ha visto ni verá

mi apocalipsis espiral,
oye, bruja, hazte un truja
y pásame el urente vino
del pájaro del vértigo y bebamos
hasta alcanzar la lucidez.

¿Quién mató al coronel Cerniceronte?
Aún sigue siendo un misterio
—esputa otro puto poema—
el modo de reproducción sexual
del gusarapo albinoide de mar.

egm. 2013

☛ PyoZ ☚

21 de marzo de 2013

Manuel Antonio

El Urco

En los arenales de allá afuera
el Mar desciende y la Luna crece.
Los arenales a esta hora
se han vuelto los arenales del Urco.
Y su mirada super  ⎰viviente
                                     ⎱vidente
enmudeció ya la neurastenia
de Leal, de Pistón y de Turco.

Caballeros del Urco:
Yo salvé una noche un aullido
de los que lanzáis a que naufraguen
todas las noches,
suicidas continuos.

El Mar de dos mancos brazos
acaricia el Plenilunio del arenal
y allá, en los arrecifes, se rasca
la llaga infecta de los argazos.

Los ojos del Urco tienen el color
que han comido, los dientes hincados
en la carne azul de los ahogados.

Urco, misógino hipnotizador,
para que enviuden las estrellas,
novias de perros,
y queden desiertos
los prostíbulos de las perras.

Caballeros del Urco:
El esqueleto de vuestras pisadas,
peregrinando por la arena,
encontrará mañana la desmemoria
en la emoción de las almas ajenas.

Yo voy a reunir a los pinos
—el Mar se pone espasmódico
mientras la impúdica Luna se baña—,
ellos entonarán en los arenales
el epitalamio y el responso
de vuestras bodas con la Santa Compaña.



Manuel Antonio. Urco

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Urco

Nos areais dalá fóra
o Mar devala e a Lúa enche
Os areais arestora
trocáronse nos areais do Urco
E o seu ollar super
⎰viviente
⎱vidente
xa enmudeceu a neurastenia
de Leal de Pistón e de Turco.

Cabaleiros do Urco:
eu salvei unha noite un ouveo
dos que botades a naufragar
tódalas noites
suicidas arreo.

O Mar de dous tocos brazos
agarima o Plenilunio do areal
e alá nos cons rabuña
a lastra podre dos argazos.

Os ollos do Urco teñen a cor
que comeron os dentes chantados
na carne azul dos afogados,
Urco misóxino hipnotizador
pra que enviuven as estrelas
noivas de cans
e fiquen desertos
os prostíbulos das cadelas.

Cabaleiros do Urco:
O esqueleto das vosas pisadas
peregrinando polas areas
atopará mañá o trasacordo
na emoción das almas alleas.

Eu vou arrecadar os pinos
–O Mar ponse espasmódico
mentres a impúdica Lúa se baña–
Eles entonarán nos areais
o epitalamio e o responso
das vosas vodas coa Santa Compaña.


☛ PyoZ ☚

15 de marzo de 2013

Emily Dickinson

De Bronce… y Brillos…

De Bronce… y Brillos…
el Norte… de Noche…
tan suficiente… forma…
tan complacido en sí mismo…
tan distante… a las señales…
una Indiferencia tan soberana
al Universo, o a mí…
infecta mi espíritu sencillo
con Máculas de Majestad…
hasta llevarme a más altas actitudes
y a pavonearme en mi palo…
despreciando Hombres y Oxígeno,
por la Arrogancia suya…

Mis Esplendores, son Diversos…
mas su Completo Espectáculo
deleitará a los Siglos
cuando yo sea, tras mucho tiempo,
una Isla en la profanada Hierba…
que solo el Escarabajo… conozca.



☛ Emily Dickinson. Of Bronze— and Blaze— (poemhunter.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Of Bronze— and Blaze

Of Bronze—and Blaze—
The North—Tonight—
So adequate—it forms—
So preconcerted with itself—
So distant—to alarms—
And Unconcern so sovereign
To Universe, or me—
Infects my simple spirit
With Taints of Majesty—
Till I take vaster attitudes—
And strut upon my stem—
Disdaining Men, and Oxygen,
For Arrogance of them—

My Splendors, are Menagerie—
But their Completeless Show
Will entertain the Centuries
When I, am long ago,
An Island in dishonored Grass—
Whom none but Beetles—know.


☛ PyoZ ☚

12 de marzo de 2013

Los arrecifes



En el principio fue el vacío que
iba llenándose de tiempo,
que después creaba el espacio mientras
el cuark daba sus dimensiones
al cósmico potaje primordial,

el universo rodeaba el mundo,
no sabes cómo sufrí,
y creció la tierra sobre la roca,
escampa en la tundra
tras el tumbo de la sizigia astral,

caía desde la hoja inestable
la gota que calma el caso
en la charca indispensable,
cabalga, jinete, galopa
hasta el difuso centro del erial,

en donde no existen tiempo ni espacio
y la fuerza electromagnética
sigue guardada en el cofre,
polvo en el yermo,
de la sabiduría insustancial,

abajo se fue al carajo
y arriba también se iba,
pero ¿quién erraste que eras?
no esperes de mí odio ni desprecio,
mi insulso amor circunstancial,

pero siempre tendrás mi olvido,
encanto hizo otro tanto
y extraño, también ya antaño,
la eternidad es todo el tiempo,
desde el principio hasta el final,

y cima, rizando rima,
con fondo se fue tan mondo
adonde nadie ha ido, nadie va,
y, en éxtasis, la singularidad
excretó un cosmos genital,

el polvo en el páramo,
el huracán arranca el árbol
pero olvida tierra bajo las rocas,
ante un túmulo de granito
renunciaré a mi alma incidental,

ningún nudo es imposible
para la culebra en el páramo,
grita en la roca, salta en la sabana,
para el raro reptil en su cubil
ni la boa en el marjal,

las dimensiones del tiempo
se ocultan detrás de la realidad,
invoca a la bestia terrífica
en esta tierra perpleja,
hermosa, ingente y eventual,

danza la danza primera,
cuando en las noches sin luna
las estrellas no estén brillando ahí,
ni para ti ni por mí,
en la ciénaga celestial,

galopa, jinete, cabalga,
han brillado ya mucho tiempo antes
y seguirán burlándose después
de nuestra última disolución
en la nada inmaterial,

cabalga, ebrio jinete,
en la más profunda irrealidad,
quizá en los arrecifes de la ría
agua, algas y arena
son el ensueño del coral,

descubre el valor de los mitos,
silencio oscuro en los suburbios,
jinetes en la tundra,
dame un poco de tu fango de estrellas,
ten mis genes de neandertal,

sé que tú, esbirro armado,
nunca jugaste en la playa en invierno,
yo cierro el puño y muevo el brazo
arriba y abajo, arriba y abajo
con fiera furia funeral,

buscando versos perdidos,
aplastado, azotado y elevado,
por alguno de los muchos enigmas
que me ayudan a subsistir,
cabalga el polvo del erial,

tan solo tienes que escuchar,
de la fábula, la miga
es que lo cierto es que la hormiga
nunca aprendió a cantar
salmo alguno del misal,

preferiría que no pero sí,
y ahora recolecta el miedo
y el oscuro silencio del suburbio,
eh, Perceval,
¿dónde has olvidado el grial?

donde el gato ni vive ni la palma,
rodeando el mundo, no sabes
de qué manera sufrí,
y los cuantos reverberan la luz
en los muros de la inercia espacial,

sí, los tiempos son confusos,
ah, inconveniente desdicha
haber nacido yo para entenderlos,
aunque a veces la belleza
es un don del hada del mal,

hielo en la tundra musgosa,
nadie quiere, nadie da,
solo el espejo vigila al espejo,
solo el tiempo en el espacio comprende
la incorporeidad del nagual,

preciosismos y boniteces,
la bota que colma el paso,
santo Tomás Eliota
escribió los cuatro evangelios
y el apocalipsis más teatral

sin que nadie le desterrara
a los blancos tormentos de la tundra,
la araña acomodó su tela
en las vigas del salón,
junto a la gran lámpara de cristal,

oh, repuñetera desgracia,
me daba sus montes de cromo
y me negaba sus valles de iridio,
pronto descubrí que no comprendía
mi revirado proceso mental,

rodeando el mundo y no sabes
de qué manera sufrí,
líquenes en la tundra helada,
nadie estuvo, nadie está,
rompe la rama el vendaval

pero indulta al árbol sobre el collado,
donde solo la subrazón subsiste
y es eléctrico el amor,
tan eléctrico, eléctrico el amor,
dadme una premisa cabal

y desquiciaré el cosmos,
salta en la roca, grita en la sabana,
y por fin descubrí que nadie,
sí, Perceval,
percibía mi vuelco intelectual,

oh, Casandra, tú
aún a Apolo recuerdas, erecto
so los capiteles de Ilión,
mientras que yo sí podía alcanzar-
los a todos en la danza ritual,

multiplica tu saber por el radio
de un cuark, oh, el extraño encanto
de ir de arriba hasta el fondo
y desde abajo a la cima
cual partícula elemental,

mira al firmamento, aúlla en la roca
a los longiexpectantes
decenas de centenas de millares
de millones de universos
en tu somnolienta mente esencial,

mas santa Ana Aimatoviana
por escribir de los héroes sin versos
fue condenada al silencio
de los que morían expatriados
en la tundra transcendental,

la araña entretejió sus hilos
entre las caries del león
y expertos en razones infundadas
tacharon líneas y arrancaron páginas
del claro poema invernal,

oh, inusitado infortunio
el haber nacido yo
en estos tiempos complacidos
en el tamaño del radio del cuark,
muerde el tiempo desigual,

el viento se lleva las hojas
pero indulta a la rama aislada
como una inútil ofrenda a las nubes,
el presente es un reflejo
del futuro tangencial

y el futuro es tan velado
como el pasado es oscuro,
pero ahora estoy buscando un espejo
que ya no pueda atravesar,
danza la danza ritual,

nadie ha ido, nadie va,
nadie ha visto y nadie ve
que no hay nadie y nunca habrá,
tan solo el dolor te enseña a sufrir
en el precario pedregal,

desde las murallas de Ur
veía los cadáveres flotando
por entre los junquerales del río,
oh, Perceval,
¿en dónde habrás perdido el grial?

silencio y tiniebla en suburbia,
preferiría que sí pero no,
donde no ha muerto el gato ni vivió
y los cuantos hipnotizan la luz
sobre los muros del tiempo inercial,

nadie sabe que yo sé,
nadie ha sido ni será,
oh, no torturéis, desalmados,
mi alma caducifolia
con las sirenas de cada arenal

desde el Báltico al mar de Arousa,
dejad que me vaya a los arrecifes
a terminar aturdido y a solas
mi botella de aguardiente de guindas,
el viento arrastra las hojas del nogal

hacia las profundidades del mar,
Casandra, escuché tu voz
y aun pienso que entendí tus palabras,
si la eternidad no es tan larga
que no pueda tener un buen final,

bajo el aullido de la tempestad
pero estaba tan borracho
que no creo que pueda recordarlas,
oh, no atormentéis, ingenuos,
mi alma infinitesimal,

el chamán se orinó en las manos
y el profeta eructó la antientropía
entre el oleaje de la resaca,
espumas y aerosoles,
gritos en el grito del temporal,

cae la gota en la charca primigenia,
la gravedad se incrementa
hasta que no permite ni pensar
y es ele-eléctrico-trico el amor
en el fondo del cenagal,

polvo en el agua,
cadáveres flotando entre juncos
ante las nuevas murallas de Ur,
ay, Perceval,
rebaila tu baile ritual,

a hierro mueren las estrellas,
como los humanos, y sus cadáveres
devienen frías supernovas
y sombrías estrellas de neutrones
yaciendo en el abismo sideral

reducidas solo a polvo estelar,
polvo que realimenta al universo
como el polvo de los cadáveres
humanos realimenta a la tierra,
regenerando el ciclo vital,

la cota que palma el vaso,
líquenes en la peña,
después de esferas y evos
la sirena en los arrecifes
musita su melodía a la sal,

deja que la música ahuyente al miedo,
no silbes en la oscuridad,
páginas manuscritas arrancadas
de algún cuaderno escolar,
musgo en el hielo aluvial,

velado futuro, oscuro pasado,
nunca ha sido y no será,
humanos, en verdad no os merecéis
la lluvia de la que estáis hechos,
y el oscuro silencio suburbial,

Apolo continúa empalmado
so los frisos de la sagrada Ilión,
grita en la roca,
salta salvaje en el páramo,
libera tu furia de neandertal,

nunca ha habido y nada habrá,
en los ángulos del espejo,
eh, Perceval,
la eternidad no es tan larga
si sabes resistir hasta el final.

egm. 2013

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3 de marzo de 2013

Álvaro Cunqueiro

Los cuatro jefes de la casa de Gingiz

Adonde el viento va, va el primero,
hijo escogido y raudo en el caballo.
—Reposa, príncipe, en el suelo tu cabeza
y corónate con la arena del desierto.

Y tú, segundo jefe, alza la tienda
de telas tejidas con hilos de miedo.
—La noche se queja en tu frágil sueño
como el halcón del rey en guante oscuro.

Bebía vino caliente en copa de oro el tercero
cuando una espada le hendió la garganta.
Rojo vino y roja sangre en las manos y las rosas,
y en las estrellas, a las que llamaba por su nombre.

Y el cuarto, mi amado señor, ahora fugitivo,
al que celebran con gacelas y tórtolas,
ese para el que guirnaldas de camelias
se trenzan silenciosas en las cañadas del atardecer:

Una sombra que, semejante a Orestes,
vendrá un día a la plaza, donde los que venden
espadas y coplas, potros y vasos
descubren, si él sonríe, que es amargo el dátil.

La casa de Gingiz se extinguió hace mil años.
Yacen sus cuatro reyes en un oasis
y la dulcísima agua de diez fuentes
se vierte por los caños de sus huesos.



☛ Álvaro Cunqueiro. Os catro chefes da casa de Gingiz (books.google.es)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Os catro chefes da casa de Gingiz

Onde o vento vai, vai o primeiro,
fillo escolleito e raudo no cabalo.
―Apousa, principe, no chan a testa
e coróate coas areas do deserto.

E ti, o segundo chefe, ergue a tenda
con telas tecidas con fíos de medo.
―A noite quéixase no teu fráxil sono
coma o falcón de El-Rei na luva moura.

Bebía viño quente en copa de ouro, o terceiro,
cando unha espada lle furou a gorxa.
Rubio viño e rubio sangue nas mans e nas rosas,
e nas estrelas, ás que chamaba polo seu nome.

E o cuarto, meu amado señor, agora fuxitivo,
a quen se gaba coa pomba e a gacela,
ese pra quen guirlandas de camelias
se trenzan silandeiras nos quenlles do serán:

Unha sombra que somellando a Orestes
virá un día á praza, onde os que venden
espadas e cancións, poldros e vasos,
descobren, si el sorrí, que é amargue o dátil.

A casa de Gingiz finouse hai mil anos.
Seus catro reis xacen nun oasis,
e a docísima auga das dez fontes
escurre polos canos dos seus ósos.



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28 de febrero de 2013

Don Dinís

El alba es; ve ligero

—¿De qué morís, hija, la del cuerpo bonito?
—Madre, muero de amores que me dio mi amigo.
                El alba es; ve ligero.

—¿De qué morís, hija, la del cuerpo lozano?
—Madre, muero de amores que me dio mi amado.
                El alba es; ve ligero.

—Madre, muero de amores que me dio mi amigo
cuando miro esta cinta que por su amor ciño.
                El alba es; ve ligero.

Madre, muero de amores que me dio mi amado
cuando miro esta cinta que por su amor traigo.
                El alba es; ve ligero.

Cuando miro esta cinta que por su amor ciño
y me recuerda, hermosa, cómo habló conmigo.
                El alba es; ve ligero.

Cuando miro esta cinta que por su amor traigo
y me recuerda, hermosa, cómo ambos hablamos.
                El alba es; ve ligero.



Nota.
El profesor Rip Cohen en su 500 Cantigas d’Amigo: Edição Crítica / Critical Edition (jscholarship.library) al comentar esta cantiga afirma: «liero is explained by Diez (1863: 99; cf. Lang, p. 134) as a variant of ligeiro with the loss of (secundary) intervocalic g. The meaning of the verse is much disputed. It is not certain how this should be punctuated or understood, nor to whom it should be assigned (to the girl or to some other voice). Lapa (1982: 156) may be right to understand Alva é, vai liero! The 2nd person singular imperative, if correct, would mean that we are dealing with a citation. v. 3: Apparently means: “It’s dawn, go quickly!”». Esto es, el verso 3 aparentemente significa: "Está a amanhecer, vai depressa!" (‘Está amaneciendo, ve deprisa’). En la web de la Universidade de Lisboa Cantigas Medievais Galego-Portuguesas se comenta esta cantiga en el mismo sentido.
Así pues, podemos entender que la hija ha pasado la noche con su amado, hasta el alba. La madre le ve mala cara y le pregunta qué es lo que le sucede. Ella le responde que muere de amores al ver el regalo que su amigo le ha hecho, ocultando, claro está, que ha pasado la noche con él. Sin embargo en su cabeza resuenan las últimas palabras que ella le dijo al despedirse: «El alba es; ve ligero».
☛ Don Dinis de Portugal. De que morredes, filha, a do corpo velido? (cantigas.fcsh.unl.pt)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

De que morredes, filha, a do corpo velido?

―De que morredes, filha, a do corpo velido?
―Madre, moiro d'amores que mi deu meu amigo.
Alva é, vai liero.

―De que morredes, filha, a do corpo louçano?
―Madre, moiro d'amores que mi deu meu amado.
Alva é, vai liero.

Madre, moiro d'amores que mi deu meu amigo,
quando vej'esta cinta que por seu amor cingo.
Alva é, vai liero.

Madre, moiro d'amores que mi deu meu amado,
quando vej'esta cinta que por seu amor trago.
Alva é, vai liero.

Quando vej'esta cinta que por seu amor cingo
e me nembra, fremosa, como falou conmigo.
Alva é, vai liero.

Quando vej'esta cinta que por seu amor trago
e me nembra, fremosa, como falámos ambos.
Alva é, vai liero.


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22 de febrero de 2013

Ezra Pound

La isla del lago

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones:
dadme a su tiempo, os suplico, un pequeño estanco,
con las relucientes cajitas
                  pulcramente alineadas en los estantes,
y el fragante tabaco de picadura
                  y el de hebra,
y el rubio de Virginia
                  guardado en brillantes estuches de cristal,
y unas balanzas no muy sucias,
y las pájaras entrando al pasar a decir una o dos palabras,
o hacer un chiste, y arreglarse un poco el pelo.

Oh Dios, oh Venus, oh Mercurio, patrón de los ladrones,
concededme un pequeño estanco,
                  o colocadme en cualquier oficio
que no sea este puto oficio de escritor
                  en que uno necesita de su cerebro todo el tiempo.



☛ Ezra Pound. The Lake Isle (bartleby.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

The Lake Isle

O God, O Venus, O Mercury, patron of thieves,
Give me in due time, I beseech you, a little tobacco-shop,
With the little bright boxes
piled up neatly upon the shelves
And the loose fragrant cavendish
and the shag,
And the bright Virginia
loose under the bright glass cases,
And a pair of scales
not too greasy,
And the volailles dropping in for a word or two in passing,
For a flip word, and to tidy their hair a bit.

O God, O Venus, O Mercury, patron of thieves,
Lend me a little tobacco-shop,
or install me in any profession
Save this damn’d profession of writing,
where one needs one’s brains all the time.


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