5 de abril de 2026

Emilio Villa

Sí, pero lentamente [fragmentos]

(...)
¿quién el que espera escuchar las palabras? ¿o tú
esperas escuchar las cosas entre las cosas? ¿o aquí se espera
oír las cosas y las palabras? pero quien cosas
y palabras quien dice, ¿dónde está? hablar
sí, se puede: hablar es libre: ¿y con quién habla?
diremos juntos las creaciones, las cosas descarnadas
y ardientes. y qué y cómo y bajo qué raro follaje
será el nuevo, el otro, pecado original. dominus
sit in corde, amor mío,
meu bem. o vosotros que sabéis ¿qué rosa
qué rosa pero qué rosa estáis esperando?
«cambia de voz» dijo entonces una silueta en el claro
oscuro, dijo: «¡cambia el disco! las ideas
las hemos consumido ya todas!» y me humilla.

(...)

cuando tiernamente musitando la primavera entre las estacas
y musicando esparza por el colorido hemisferio, a grandes
puñados los saltamontes y los granos y los manantiales
del grano universal y del cornejo, y venus
venus suprema y una luz inimitable de iridio
(tendrá el cabello
que tenga el color
que tiene el trigo
y como el color
que como el firmamento
que son los ojos suyos,
o juramento, sí,
la desposaré.
la desposaré ante el altar)
¿debo hablaros tiernamente, musitando para hablaros
del odio, de la prudencia, y, con tono irónico,
de ciclos y vinos varios y condimentos, y de razones?
¿de la gran sabiduría tras el inminente pecado original
o de los muertos de los vivos y de las bestias tradicionales?
¿decir cuan largo es el gusano que se afana en la pulpa
de las primeras manzanas? ¿o enseñaros a mirar con el cuello
torcido el plato en el que coméis carnación, esmalte y sal?

(...)

incluso las hojas exiguas
exiguas al soplo expuestas y del viento
mecidas parecen pobres alas sin cuerpo, ¿y quién predica
sistemas al pueblo de las hojas, quién enseña
el comunismo a los animales en los pórticos?
y hoja y trashoja
trashoja rubita
el amor se deshoja
el amor y la vida.
evocar no se puede en estos días
salvo en casos extremos: pensando
queréis bellas palabras, modeladas cuerdas, de trémulos
contornos, queréis las palabras no palabras, y todo
lo queréis: el fruto las semillas las agujas ornamentales,
pero todo no se puede, o tal vez
todo no se debe no conviene es feo:
quizá decir cosas elevadísimas y lustrosas o idear
modelos ideales y puros con la pértiga
de la cucaña: vosotros queréis, queriendo, las palabras
para cuando juntos abrimos los ojos o cuando
pesados como castañas los cerramos,
comprender queréis y no comprender
para después del próximo inminente ya cercano otro pecado original

(...)

pero ¿qué serán entonces los símiles sutiles? ¿los cálculos? ¿es tema
de comer o tema de dormir o es un salario?
¿es hoja seca de otoño que cae sobre los raíles
y hace patinar a los tranvías sin control, o algo más? pero
símiles en cambio sutiles son
las palabras que esperáis, o bien
las cosas que esperáis, como aquel
que ciertos días espera que caiga la lluvia, y al final,
después de todos los cálculos, después del viento y de la presión incierta,
cae en escasa medida, con circunspección, ¿como
a los niños la leche de la teta?
ah, no. no del todo
no totalmente aquí estas cosas,
y el pendiente laralí
y el pendiente laralá.
o que se pueda enseñar con palabras
emotivas y coloridas, ¿cuántos se cultivan en esteras
se cultivan los gusanos de seda y las formas las técnicas los modales?
cada uno habla como él mismo y todos hablamos
en el mundo como todos
¿qué queremos
qué de los gérmenes y los insectos? se filtran
de hoja en hoja
y deshoja y trashoja
trashoja rubita
el amor la vida
pues todos aquí somos los que tienen miedo, por remota
impaciencia, no solo de morir sino de perder parte
de lo que una vez fue ganado, de perder
un tiempo, con tantos pareceres y oscuras
manipulaciones, en el gran pasado, la piel, el viento,
el brillo, lo suave, lo dulce, lo oscuro que susurra
de oruga en oruga, entre partículas, entre las cosas, la brisa
y la corriente etérea en polícromas agujas bajo los astros
quizá, punzar las semillas inmaduras, un frágil imán
en cada novia, el friísimo intelecto
que empuja al mendigo a elegir, de entre los rincones, ¡ese rincón de ahí!

(...)

en el gran costado
melancólicamente, un conocimiento
heroico, musical, una invención culta, generada
de aspectos buenos y alboroto: y no la eléctrica
ni cualquier otra diluida luz ni ardores semejantes,
sino la escarcha sobre las cejas, y por ahí
la música mirar y remirar; y no la eléctrica
(o cualquier otra diluida luz terrena)
sino el murmullo precipitado del iridio, sino el fuego
inevitable del iridio, en el destello lanceolado de las tardes inmortales
y arriba en el celeste
polígono remoto
entre híades y pléyades
de indolente movimiento
ardiendo grandes
los grandes genitales
sobre el lago donde ulises
realizaba sus hazañas.
otras fábulas hay, fábulas
aún, y la música
de los otros, la música de esos de allá que parece
no ya música, sino el puerto de la foppa, y bienaventurado
quien te halla la luna extraviada entre la gente en los labios
tímidos del universo, en el murmullo del iridio cuando
cerca de un atardecer precario entre la gente humanísima
asciende la niebla sobre el aeropuerto
hacia la manga de viento, en el campo de la breda, en el paisano
espíritu anaranjado de los atardeceres inmortales
que acaricia las escenas y flemática los hombros y las cosas
extravagantes de las bobaliconas de venas pálidas y muslos
largos de centeno vegetal, cuando
sobre los hilos de las celestes salas ululan las sirenas de las fábricas

(...)

y el universo está aquí, aquí a un pelo,
el universo está aquí, a un pelo de pestaña,
a un pelo de pestaña de mosquito las alas
humedecidas en la lunar refulgencia del rocío
de improvisadas completas amarillo cadmio,
pan salado, salino país azafrán, serpientes rehechas
en estado de cadáver, in statu
prisco: y escaleras de madera muy oscuras donde choca
el menisco si bajas con demasiada precaución.
pero o bien traspasados con manto de frágil sufrimiento, larga historia
de tinieblas dentro de la cual nuestro episodio está tachado
y a ciegas se blanden, asoman nuestras armas:
los caparazones de los grillos
los huesos de cereza,
la piel de las castañas
ahumadas, las semillas
de girasol y de tomates:
y los trinos ahogados
en la garganta de los gorriones
sacudiendo nuestras trompetas
o bien traspasados con manto de frágil sufrimiento, floreced
de la fea crisálida de los siglos celtas o españoles
o comunistas, fuera de ese estuche, fuera
a beber los únicos jugos balsámicos de la vida
y del destino: reflejaos en la frente,
en la plaza, en la fuente, en el fondo de los cazos,
reflejaos en el espíritu espiritual: dejad
que de tal guisa centellee en la obra del verbo
y de las interjecciones y de las palabras de desecho,
como en una lejanía real la cúspide
de iridio donde el relámpago se extingue y se confunde:
el verde de vuestra admirable carnación, la gaseosa
espumeante sobre las losas, y el renacer
armónico de las moreras, tal es el renombre
caduco pero solemne en el grito excelente de las bestias.
ahora lentamente
ha llegado tarde, sí, pero tarde
sí, pero lentamente.



Nota. dominus sit in corde (meo et in labiis meis): ‘el Señor esté en mi corazón y en mis labios’, de la misa católica en latín. | meu bem, portugués: ‘mi bien’. | puerto de la foppa: passo della Foppa, paso de montaña en los Alpes Réticos meridionales, en Lombardía; hoy más conocido como puerto o paso del Mortirolo. | campo de la breda: actualmente estadio Ernesto Breda, construido en 1939 por la empresa Breda en las cercanías del aeropuerto de Milán-Bresso. | lunar refulgencia: en el original lampaneggio; «Voce contadinesca. Lume della luna, cosi chiamato figuratamente per rispetto alla debolezza di esso in comparazione a quello del sole» (de dizionario.org). | completas: última oración del día en los monasterios. | in statu prisco, latín: ‘en el estado antiguo’. | tomates: en español en el original.
L. Voce. Appunti sulla poesia di Emilio Villa (lellovoce.it)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2026


                    ∼

Sì, ma lentamente

al municipio di cinisello intenerito dai fulmini
e tiritere degli aerei, a quello che di balsamo, visto nel forello
delle chiavarde e delle svolte
a vanvera: al circondario
di monza nella rinomata
temperie dei manzi dei manzetti e dei salumi
nostrani: alle tarde
piene di muggiò fatte di nuvole
di stufato, umide, colte dentro i fischi viola e nell’acetilene, e sopra
in alto al bastione intemerato dei fulmini futuri, che
verranno e non verranno,
al sindaco malato, al prevosto che ragiona crepitando
con le mandibole delle cicale: ai ciclisti,
ai grilli alitanti e il fiatone seminato
sul manubrio del manubrio, sopra i parafanghi: e,
in fondo, in fondo a tutti, nel salubre
connubio dei ragionari festivi o di bassa
risonanza delle anatomie bovine
nel criptio delle carrucole, delle serrande?
chi che aspetta di sentire le parole? o voi
aspettate di sentire le cose tra le cose? o qui si aspetta
di udire le cose e le parole? ma chi cose
e parole chi dice, dove sono? parlare
sì, si può: è libero parlare: e con chi parla?
diremo insieme le creazioni, le cose scarnite
e scottanti. e che e come e sotto che fogliame raro
sarà il nuovo, l’altro, peccato originale. dominus
sit in corde, amore mio,
meu bem. o voialtri che sapete che rosa
che rosa ma che rosa che state aspettando?
“cambia voce” disse allora una sagoma dal chiaro
fosco, disse: “cambia disco! le idee
le abbiamo consumate mate tutte!” e mi umilia.
dagli spalti dell’ambone sciogli, anima corta e sventaglia
il fazzoletto rosso dove hai sperperato pietrisco
e gli scaracchi della mezza predica, e tartagliando
e masticando stracchino e la barbera,
spalanca l’acqua del libro e leggerai:
“ora avvenne
che le cimici entrarono nelle commessure della nave,
e fecero molte e figlie e figli, generazioni assai,
come la sabbia innumere del muto, del perenne.
ora avvenne. avvenne che la grand’arca là,
senza la chiave, non fu calafatata per mancanza
di materie prime in loco, e tutto invece
tappata con lievito e bucce delle fave. ora avvenne.
che le cimici moltiplicando come le stelle a fuoco
del firmamento squartarono premendo il transatlantico,
e infine avvenne che dall’alto iddio
maledisse le cimici e noè e gli innocenti, e va bè,
pargoli e le pudende e tutti, e così sia, transeat”.
attendiamo, pazienza che verrà, mettiamoci alla cosa:
verrà quando nella sera nel paese poco
dove incrociano al largo i cirri incandescenti delle secche
pietanze e gli strilli della balera o dancing, in una prosa
di vino, quando teneramente mulinando primavera fra le stecche
e musicando spargerà per l’emisfero colorito, a grandi
manciate le cavallette e i grani e le fontane
del grano universale e del corniolo, e venere
venere somma e un lume inimitabile di iridio
(ci avrà i capelli
che ci hanno il colore
che ci ha il frumento
e come il colore
che come il firmamento
che sono gli occhi suoi,
o giuramento, sì,
la sposerò.
la sposerò davanti all’altare)
ho da parlarvi teneramente mulinando da parlarvi
di odio, della prudenza, e, con ironico fare,
di cicli e vini vari e condimenti, e di ragioni?
della grande saggezza di dopo l’imminente peccato originale
o dei morti dei vivi e delle bestie tradizionali?
dire quanto è lungo il verme che lavora nel mollo delle prime
mele? o da insegnarvi guardare con il collo
storto nel piatto dove mangi carnagione, smalto e sali?
sì, sette anni di magra, sette,
sette di siccità:
non abbiamo torrenti
se non quelli bruttati dal tannino, pozzi
non abbiamo che sciutti, che foppe
basse: quali aride piene come le coppe ime
allora, che retate e quale
lume, quali immortali affogati
potremo rimpiangere, potremo e scongiurare,
piangere e sospirar?
piazza dei cinisèi
ohi rombolì
ohi rombolà
non abbiamo ricchezze, né armi che i vegetali
né canzoni insigni, né bellezza
noi di qui: non abbiam là
e nemmeno povertà:
non abbiamo né ragione né pietà,
non abbiamo il metro che misura
le pertiche tradizionali: cosa diremo quali
e quali vangeli decimali predicare? Anche le foglie esigue
esigue al soffio esposte e dal vento
ninnate sembran le povere ali senza corpo, e chi predica
sistemi al popolo delle foglie, chi insegna
il comunismo agli animali sulle soglie?
e foglia e rifoglia
rifoglia biondina
l’amore si sfoglia
l’amore e la vita.
sovvenire non si può nei giorni
se non ai casi estremi: pensando
voi volete le parole belle, sagomate a spaghi, a trepidi
contorni, volete le parole non parole, e tutto
volete: il frutto i semi gli aghi adorni,
ma tutto non si può, o magari
tutto non si deve non conviene è brutto:
forse dire cose altissime e lustrate o ideare
sagome ideali e pure con la pertica
della cuccagna: voi volete, volendo, le parole
per quando insieme aperti gli occhi o quando
grevi come le castagne li chiudiamo,
comprendere volete e non comprendere
per dopo il prossimo imminente già vicino altro peccato originale
col ciondolo lerài
col ciondolo lerèra
e già di là lontano si sfogano i galli impegolati della sera,
nel sugo lustrante della nafta, scocca
il murmure precipite, l’iridio costeggiando,
delle pianelle da muggiò, una falange
gli scialli morbidissimi di cinisello, la luganiga
livida nella città di monza e il buon odore
che sfolla controvento crespo e tra le frange:
soli soli saliranno in cima al campanile, pange
lingua gloriosi, a percepirvi insieme in fila transitare morti e vivi corrosi
morti dei vivi nel precipite sussurro dell’iridio
e non sai se l’olio che ci danno
è imbroglio, o inganno il vaglia.
transito! ma un po’ alla volta col segreto
naturale della paglia e delle nespole spacciate,
dei papaveri caduti in mezzo ai grani,
un po’ alla volta ma un po’ piano capiremo
il dritto e il torto, i vani
nitriti sul filo trepidante, delle redini,
e l’unità e lo spirito, credi
tu che credo anch’io, credi e non credi, e sentiremo
le spalle più leggere sotto maglia, e l’unica
qui è di fare sempre un po’ per bene.
ti vien voglia – di cantare piano
e fare marameo – col palmo della mano
ai profeti in carne ed ossa
ai mercanti sull’orlo della fossa.
beato chi a bella vista la luna anche di giorno trova
vagabondare tra la gente, piova o faccia bello,
e quando si avvita la nebbia intorno all’ultimo
corno della sera, e i bambini di milano
stanno ancora in giro con il brucio sul cavallo
e sotto ascelle per racimolare dai calcestri qualche cosa,
e ridonda un grande
prèmito rosso, i tonfi sani con misura della macchina stradale,
il tamburo selvaggio, il cuore delle brughiere
che si ascolta in tutti i campi, dalla biella
e dal pistone e dal pedale, o quasi
il furtivo grattare delle pianelle nel lustrante
della nafta, che passeggiano da muggiò, o i diti
della pioggia sulla vigneta del prevosto, o sugli scialli
o sulle foglie dei moroni tonti.
ma cosa saranno allora i paragoni fini? i conti? è roba
da mangiare o roba da dormire o è un salario?
è foglia passa d’autunno che cade sopra le rotaie
e fa slittare i tram in modo vario, o altro? ma
paragoni invece fini sono
le parole che aspettate, oppure
le cose che aspettate, come quell’uno
che aspetta in certi giorni venir giù la pioggia, e alla fin fine
dopo tutti i conti, dopo il vento e il vago prèmito,
scende con gentil misura, con circospezione, come
ai bambini il latte della tetta?
eh, no. non proprio
non propriamente queste cose qui,
col ciondolo lerài
col ciondolo lerèra.
o che si possa insegnare con parole
toccanti e colorate, quanto s’allevino per le stuoie
s’allevino i bigatti e i modi le tecniche le maniere?
ognuno parla come se stesso e tutti parliamo
nel mondo come tutti
cosa vogliamo
cosa dai germi e dagli insetti? trapelano
di foglia in foglia
e sfoglia e risfoglia
rifoglia biondina
l’amore la vita
perché noi tutti di qua siamo quei che ha paura, per remota
impazienza, non solo di morire ma di perdere una cosa
di quello che un tempo è stato guadagnato, di perdere
un tempo, con tanti pareri e oscure
manipolazioni, nel grande passato, la pelle, il vento,
il lustro, il liscio, il dolce, il buio che stormisce
di bruco in bruco, tra la particella, tra le cose, l’aura
e la corrente ariosa in policromi aghi sotto gli astri
magari, pungere i semi non maturi, un fragile magnete
in ogni sposa, il freddissimo intelletto
che spinge l’accattone a scegliersi, degli angoli, quell’angolo là!
passando e ripassando
con grande opinione
tra le due ali bislacche
del pomeriggio della colazione,
senza sapere, un giorno
si capita nel gran nebbione
nostrano dove le vacche
tutto hanno un solo, intorno,
colore beige, o viola o avano.
questi erano i mattini limpidi come un bicchiere
risciacquato in molti lavandini e bacinelle di zinco,
chiari i mattini stavano nelle robinie trasparenti, e stracche
gibigiane e rase e sventolate, e il rude e il pelo
gigante delle cotiche e la gente
che voleva coglionarvi qui, in loco,
quando il cranio roco del porcello che s’impunta mareggiava
senza quiete un’altra alba di cristalli, l’alta
bufera, la sete, un po’ per volta, e prude le nature
in petto tormentando scarne uccelle, e ragazze
lombarde coi pedùli e le solette nylon velature.
una scarpa e una ciabatta chi se la lega chi se la gratta e
dente milanese che morda
intelligenza che non ricorda
formica che scivola sulla corda e
una scarpa e una ciabatta chi se la lega chi se la gratta e
malinconici milanesi
dalle pelli ben stirate
a tamburo e tamburelli e
per male o per bene che vada
milanesi siamo sempre quelli e
milanesi generosi, che vi pare
regalare caramelle
di puro zucchero alle belle
figliole di motta industriale?
un po’ per volta col segreto ascolta
il maturare della paglia e delle nespole nel fuoco
sottilissimo, e un po’ per volta
tutti noi noi capiremo il dritto o il torto,
la striglia, l’unità, il lungo e il corto
e il naturale; ascolta nei sinistri
tocca-tocca maturare primavere e
sentiremo la bocca più leggera, quando un’italia
animale molta nelle costole passerà, nel gran costato
malinconicamente, una conoscenza
eroica, musicale, un’invenzione colta, generata
di aspetti buoni e parapiglia: e non l’elettrica
o qualche altra sfatta luce o simili bruciori,
ma la brina sopra il sopra ciglia, e giù di lì
la musica guardare e riguardare; e non l’elettrica
(o qualche altra sfatta luce terrena)
ma il murmure precipite dell’iridio, ma il lume
inevitabile dell’iridio, nello smaglio lanceolato delle sere immortali
e su nel celeste
poligono remoto
tra iadi e pleiadi
neghittose in moto
bruciare grandi
i grandi genitali
sul lago ove ulisse
faceva le imprese.
altre favole ci sono, favole
ancora, e la musica
degli altri, la musica di quelli là che sembra
non già la musica, ma il pantano della foppa, e beato
chi ti trova la luna dirottata tra la gente sulle labbra
timide dell’universo, nel murmure dell’iridio quando
vicino a sera incerta tra la gente umanissima
si rampica la nebbia sopra l’aeroporto
verso la manica a vento, nel campo della breda, nel paesano
spirito aranciato delle sere immortali
che carezza le scene e flemmatica gli omeri e le balzane
cose delle baggiane dalle smorte vene e dalle cosce
lunghe di segala vegetale, quando
sui fili dei celesti sali urlano le sirene delle aziende
e il rubicondo respiro dei fuggiaschi solleoni e il luogo
dei luoghi nottambuli allagati della lomellina,
e le irrigazioni colore di viola nei momenti delicati:
nelle congiunture: abbiamo per i nostri passi
delle città, città sopra la terra, sotto la terra, e a filo
di terra negli scantinati:
e sassi deteniamo e galline di rarissimo colore e bisce
di cristallo e le caraffe lisce ed il mastello
al sole e cieli di iridio se fa bello
e gazose appannate per i defunti nel giorno dell’uffizio
e cimase baluginanti colore cadmio nello smaglio
lanceolato delle sere immortali!
siamo seri! in sagrestia
maggiore il chierichetto
stuzzica con un cero il petto
delle colombe che non volan via
e il popolo che ascolta dai gradini
il calmo fragore dell’aeronave
e il prevosto che cerca la chiave
nel tumulto dei bambini
e il popolo che sente sul sagrato
come a quota mica male
vola, quota lieve, quota
celeste, come ridere una trota
nella grande acqua universale,
e l’elica girare e fare argentea ruota!
e l’universo è qui, qui solamente a un pelo,
l’universo è qui, a un pelo di ciglio,
a un pelo di ciglio di zanzara le ali
umettate nel rorido lampaneggio
di improvvise compiète giallo cadmio,
pane salato, salso paese zafferano, serpi rifatti
in stato di cadavere, in statu
prisco: e scale di legname tutto a scuro dove sbatti
il menisco se scendi troppo di precisa.
ma o trapassati con veste di gracile sofferenza, lunga storia
di tenebre dentro la quale il nostro episodio si cancella
e alla cieca brandisce, si spuntano le nostre armi:
le bucce dei grilli
i noccioli di ciliegia,
la sansa dei marroni
affumicati, i semi
di girasole e di tomates:
e i trilli strozzati
nella strozza dei passeri
scuotendo le nostre trombe
o trapassati con veste di gracile sofferenza, fuoruscite
dalla crisalide brutta dei secoli celtici o spagnoli
o comunisti, fuori dalla custodia, fuori
a bere i soli balsamici succhi della vita
e della sorte: rispecchiatevi in fronte,
in piazza, alla fonte, sul fondo dei ramaioli,
specchiatevi nello spirito spirituale: lasciate
in tale guisa baluginare nell’opera del verbo
e delle interiezioni e dei vocaboli di scarto,
come in una reale lontananza la cuspide
di iridio dove il fulmine si strema e si confonde:
il verde della vostra mirabile carnagione, la gazosa
spumeggiante sulle lastre, e il rifiorire
concorde dei gelsi, tale è la rinomanza
caduca ma solenne nel grido eccellente delle bestie.
adesso lentamente
è venuto tardi, sì, ma tardi
sì, ma lentamente.


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26 de marzo de 2026

‘Tiempo dado’ en Amazon



Tiempo dado
Primera edición
Tomo Ⅰ de Tremor del tiempo
13,50

274 páginas
13,30 × 20,30 cm, tapa blanda









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9 de marzo de 2026

Triautorretrato con cola erecta



All animals are jumpers, but some
animals are more jumpers than others.

G. Orweil

Anomalizando en la galería
de los trazos perdidos, la película
de la chiquilla radiante enardece

a sus adictos con la flor trimembre,
tridimensión trilátera, meandros
de la umbría, laberintos lunares

trilobulados sobre la ensenada,
le disparo a mi amante en un estudio
de la periferia con focos, trípode

y rosas rosas, luego en la arboleda
algunos mirlos son más saltarines
que otros ante la poda en el triedro

de juncias, ahora, a precio intangible,
manganita sobre rodocrosita,
mermelada de moras por mis venas,

y la nube tricolor de compuestos
sublimados, mira, virando gira
hasta que las neuronas se trifurcan,

cual que el trilobites, quien, como allí,
deliciosa lamida luminosa,
oscilándose en el eco del tiempo,

trigonal glaucocerinita, cimbran
en los ojos cerosos rayos glaucos,
ciertos impactos de publicidad

falsa, bello perfume de sí mismas,
algunas orquídeas quizá son más
trímeras que otras, y yo soy solo

un ajeno espectador imparcial
de las convulsiones de los trinsectos
que alcanzan niveles tóxicos antes

del acoplamiento, trígono rosa,
vértice fresa, porque en esta urgencia
ellos trazan el auténtico rumbo,

boceto preliminar de un ambiguo
tcríptico autorretrato en actitud
electrizante, dudas columpiábanse

en el cosmos, germinan triglicéridos
de una umbra solar velada por
el pasmo de las horas indivisas

y el dado del tiempo rueda inseguro
sobre el frío tapete del vacío,
dudando el tiempo dado crecen horas

de raíces trífidas hacia el núcleo,
hay siglos en que soy boj en lo más
superfluo de la corteza terrestre,

aunque acaso en estos subsisto bajo
el humus desde el que los triceratops
braman, bichejo primigenio con

prolongación caudal y anteojeras
en un otro eclipse de impenetrable
amnesia y sueños de neón ardiente,

confitura de fresa en mis arterias
o collage sobre papel de liar,
fisión cerebral sin ensambladuras,

triglifos emergidos en la noche,
creo que erais de color nostalgia,
saturada de calma y penetrante,

desfibrada fiebre efusiva que
llama anhelo a la boca: investigando
el pornoarte con finalidades

profundas y tríplices pensamientos,
trisecciono, transfiguro a la niña
en flor triploide, moras, fresas, rosas

rosas, me digo, no pierdas el trazo
mientras duda el tiempo dado, y me arrojo
de un brinco al triedro con la cola erecta.


Corrupción del tiempo, la frase original parece ser que dice All animals are equal, but some animals are more equal than others, y pertenece no a ningún G. Orweil sino al tal George Orwell, de su tan celebrada como censurada novela “distópica alegórica satírica” Animal Farm, Rebelión en la granja. Qué tendrá que ver. A saber.

Algunas palabritas. En cursiva, las de creación propia.
anomalizar. Normalizar anómalamente.
glaucocerinita (de glaukos, azul verdoso, y kirinos, ceroso). Mineral raro, sulfato de zinc, cobre y aluminio, de color azul verdoso y consistencia cerosa que cristaliza en el sistema trigonal.
juncia. Nombre común de varias plantas de tallos triangulares y hojas largas y ásperas, medicinales, aromáticas y utilizadas en cestería.
manganita. Mineral compuesto de óxido de manganeso hidroxilado, de cristales prismáticos profundamente estriados, color gris acero oscuro a negro hierro y lustre brillante y submetálico.
rodocrosita. Mineral compuesto, de carbonato de manganeso, de color rojo rosado con vetas blancas, que cristaliza en el sistema trigonal.
tcríptico. Tríptico críptico.
triedro. El ángulo formado por tres planos que concurren en un punto. | (O pico triédrico) Utensilio tallado en piedra propio del Paleolítico Inferior.
trífido. Separado o dividido en tres partes.
trifulcarse. Dividirse algo en tres partes a causa de alguna trifulca.
trigonal. Sistema cristalográfico con un solo eje principal ternario.
trígono. Triángulo, polígono de tres lados y tres ángulos.
trímero. Que se compone de tres partes; en botánica se aplica a las flores constituidas por tres piezas o segmentos.
trinsecto. Insecto trisecado con trisector en trisección tresdoble.
tríplice. Tresdoble, triple.
triploide. Organismo o célula que posee tres juegos completos de cromosomas en lugar de los dos habituales.
triseccionar. Trisecar: dividir, seccionar algo en tres partes iguales.



egm. 2026

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7 de marzo de 2026

Leonard Cohen

Recuerdos

Sonaba “La distancia” de Roberto Carlos.
Me ajusté el cinturón de hebilla doble
y me acerqué a la chica más sola y más sexi,
le dije: «Hola, no me conoces pero vas a conocerme.
Y entonces ¿no me dejarás ver?»,
le dije «¿no me dejarás ver?»,
le dije «¿no me dejarás ver…
tu cuerpo desnudo?».

«Bailemos hasta lo más oscuro de la verbena.
Seguro que te dejo hacer casi cualquier cosa;
sé que estás ansioso, lo noto en tu voz,
y hay muchas partes de mí que tocar, tú eliges,
ah, pero no, no puedes ver»,
ella dijo «no, no puedes ver»,
ella dijo «no, no puedes ver…
mi cuerpo desnudo».

Así que estamos bailando muy juntos
mientras la orquesta ajusticia “Killing me softly”.
Banderitas de colores cuelgan sobre nosotros.
Ella dice: «Te queda un minuto para estallar».
En aquel momento crucial puse mi imaginación
y toda mi fe en ver,
me dije, toda mi fe en ver,
me dije, toda mi fe en ver…
su cuerpo desnudo.

Oh oh cuerpo desnudo,
oh oh toda mi fe en ver…
toda mi fe…
oh oh toda mi fe…
oh oh toda mi fe en ver…
su cuerpo desnudo,
oh cuerpo…
oh de-de-de-desnudo,
oh oh toda mi fe en ver…
oh oh toda mi fe en ver…
oh oh, oh oh…



Leonard Cohen. Memories (leonardcohenfiles.com)
Leonard Cohen. Memories, Official Audio (youtube)
leonardcohen.com

¿Debo aclarar que esta no es una traducción sino una adaptación, a mi espacio y mi tiempo, a mis recuerdos? Probablemente sí. Sin embargo sigo bastante fielmente el original. Donde por cierto, en la segunda línea, Cohen habla de ponerse una “cruz de hierro” en la solapa, algo muy extraño para un judío. Pero podría aludir a Oxalis tetraphylla, una planta cuya flor, de cuatro pétalos, recuerda a la infausta cruz; o hablaría en todo caso de algo parecido. También cambio fall in love, enamorarte, por estallar... Quien iba a las verbenas y los bailes en los setenta sabe a qué me refiero, y creo que es lo mismo a lo que el autor se refería, especialmente en la parte final de la canción.
Versión E. Gutiérrez Miranda 2026


                    ∼

Memories

Frankie Lane, he was singing Jezebel
I pinned an iron cross to my lapel
I walked up to the tallest and the blondest girl
I said, “Look, you don’t know me now but very soon you will
So won’t you let me see”
I said “won’t you let me see”
I said “won’t you let me see
Your naked body?”

“Just dance me to the dark side of the gym
Chances are I’ll let you do most anything
I know you’re hungry, I can hear it in your voice
And there are many parts of me to touch, you have your choice
Ah but no you cannot see”
She said “no you cannot see”
She said “no you cannot see
My naked body”

So we’re dancing close, the band is playing Stardust
Balloons and paper streamers floating down on us
She says, “You’ve got a minute left to fall in love”
In solemn moments such as this I have put my trust
And all my faith to see
I said all my faith to see
I said all my faith to see
Her naked body


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10 de enero de 2026

Philip Larkin

Los días

¿Para qué sirven los días?
En los días es donde vivimos.
Llegan y nos despiertan
una y otra vez.
Sirven para ser felices en ellos:
¿dónde vivir sino en los días?

Ay, resolver esta cuestión
tiene al sacerdote y al médico,
con sus largos abrigos,
corriendo por los campos.



Philip Larkin. Days (poetryfoundation.org)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2026


                    ∼

Days

What are days for?
Days are where we live.
They come, they wake us
Time and time over.
They are to be happy in:
Where can we live but days?

Ah, solving that question
Brings the priest and the doctor
In their long coats
Running over the fields.


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2 de enero de 2026

Eco y silencio



1, ay

Todo final es un principio
—¿qué tú eres?—
para un nuevo final,

los perros vagabundos olisquean
el frío de la noche
buscando sinapsis que ya no existen

sino en algún silencio del pasado,
ay, del efímero tremor del tiempo.


2, bah

Camino hasta el extremo de la playa,
paso sin mirarla —ni al cementerio—
junto a la iglesia;

me siento en el tosco banco de piedra,
dejo a un lado la cámara,
me lío un cigarrillo;

fumo mirando al tembloso horizonte
—fugado atardecer—
y pienso en lo de siempre,

pensando en que no pasa nunca nada
con lo de siempre;
y pienso que, bah, nada.


3, ya

Quizá
en la tarde volátil
lo que echas de menos es no un lugar,
ni tampoco una época;

acaso
lo que persigues es
un sentimiento o una sensación,
apenas un temblor…

tal vez
ya un tono de la luz,
ya el paso de un aroma que se esquiva
en el trivial instante.


4, etc.

En la noche de ventisca salgo
al balcón a fumar el último
cigarrillo que me queda;

el viento me lo arranca de la boca
y un canalón suelto tañe
una metálica y cruel carcajada,

—¿qué tú eres?—
el silencio, tras las cacofonías
y ecos de…

etc. etc.

egm. 2026

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1 de enero de 2026

Máscara


[Apropiación indebida]


La misma máscara.
Bashō

El año entero
la máscara de mono
oculta al mono.



A partir de ☛ Matsuo Bashō, Año tras año

egm. 2026

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24 de diciembre de 2025

Elegía 2038


[Apropiación indebida]


Heróis enchem os parques da cidade em que te arrastas
e preconizam a virtude, a renúncia, o sangue-frio, a concepção.

C. Drummond de Andrade

Trabajas sin expectativas para un mundo en decadencia
del que ni actos ni discursos te aportan estímulo alguno;
repites inconscientemente los tics y coletillas universales,
padeces angustia, insomnio y ansiedad sociosexual.

Cubren las calles de la ciudad por la que vagas pantallas
que recomiendan sosiego, obediencia, conformismo, aceptación,
y a menudo, entre la publicidad, parpadean ofreciendo
las más recientes siniestras imágenes de crímenes de guerra.

Temes a la noche por el poder de manipulación que oculta
y sabes que, de dormir, los sueños te aproximan a la muerte;
luego el mero despertar te confirma el control de la Gran Inteligencia
y te sitúa de nuevo, diminuto, ante rascacielos indescifrables.

Bebes junto a los demás espectros y con ellos conversas
sobre deportes sanguíferos y pornografía algorítmica;
la tecnología desvirtuó tus escasos momentos de amor,
en el teléfono desperdiciaste todo tu tiempo sin ganar nada.

Alma apocada, no te das prisa en admitir tu impotencia
y no esperas de siglos futuros el triunfo del bien común;
aceptas la deportación, el genocidio, el abuso y la desigualdad
porque intuyes que no puedes, tú solo, dinamitar Silicon Valley.



A partir de ☛ Carlos Drummond de Andrade, Elegia 1938
egm. 2024

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23 de diciembre de 2025

Carlos Drummond de Andrade

Los hombros sostienen el mundo

Llega un tiempo en que ya no decimos: «Dios mío».
Un tiempo de absoluta depuración.
Un tiempo en que ya no decimos: «mi amor».
Porque el amor ha resultado inútil.
Y los ojos no lloran.
Y las manos rozan tan solo el duro trabajo.
Y el corazón está seco.

Mujeres llaman en vano a tu puerta, no abrirás.
Te has quedado solo, la luz apagada,
pero en la sombra tus ojos resplandecen enormes.
Eres todo certeza y ya no sabes sufrir.
Y no esperas nada de tus amigos.
Poco importa que venga la vejez, ¿qué es la vejez?
Tus hombros sostienen el mundo
y no pesa más que la mano de un niño.

Las guerras, las hambres, las discusiones en las casas
apenas demuestran que la vida continúa
y que aún no todos se han liberado.
Algunos, al considerar bárbaro el espectáculo,
preferirían (tan delicados) morir.
Pero ha llegado un tiempo en que de nada sirve morir.
Ha llegado un tiempo en que la vida es una orden.
Solo la vida, sin mistificación.



Carlos Drummond de Andrade. Os ombros suportam o mundo (wp.ufpel.edu.br)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2025


                    ∼

Os ombros suportam o mundo

Chega um tempo em que não se diz mais: meu Deus.
Tempo de absoluta depuração.
Tempo em que não se diz mais: meu amor.
Porque o amor resultou inútil.
E os olhos não choram.
E as mãos tecem apenas o rude trabalho.
E o coração está seco.

Em vão mulheres batem à porta, não abrirás.
Ficaste sozinho, a luz apagou-se,
mas na sombra teus olhos resplandecem enormes.
És todo certeza, já não sabes sofrer.
E nada esperas de teus amigos.

Pouco importa venha a velhice, que é a velhice?
Teus ombros suportam o mundo
e ele não pesa mais que a mão de uma criança.
As guerras, as fomes, as discussões dentro dos edificios
provam apenas que a vida prossegue
e nem todos se libertaram ainda.
Alguns, achando bárbaro o espetáculo,
prefeririam (os delicados) morrer.
Chegou um tempo em que não adianta morrer.
Chegou um tempo em que a vida é uma ordem.
A vida apenas, sem mistificação.


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22 de diciembre de 2025

Carlos Drummond de Andrade

Elegía 1938

Trabajas sin alegría para un mundo caduco
en el que las formas y las acciones no encierran ningún ejemplo.
Ensayas laboriosamente los gestos universales,
sientes calor y frío, falta de dinero, hambre y deseo sexual.

Héroes llenan los parques de la ciudad por la que te arrastras
y preconizan la virtud, la renuncia, la sangre fría, la concepción.
Por la noche, si llovizna, abren paraguas de bronce
o se recogen a los volúmenes de siniestras bibliotecas.

Amas la noche por el poder de aniquilación que envuelve
y sabes que, durmiendo, los problemas te dispensan de morir.
Pero el terrible despertar prueba la existencia de la Gran Máquina
y te devuelve, muy pequeño, frente a palmeras indescifrables.

Caminas entre muertos y con ellos conversas
sobre cosas del futuro y asuntos del espíritu.
La literatura arruinó tus mejores horas de amor.
Al teléfono perdiste mucho, muchísimo tiempo de sembrar.

Corazón orgulloso, tienes prisa por confesar tu derrota
y posponer para otro siglo la felicidad colectiva.
Aceptas la lluvia, la guerra, el desempleo y la distribución injusta
porque no puedes, tú solo, dinamitar la isla de Manhattan.



Nótese que en el verso séptimo, donde el original dice “se neblina” muchos traductores rutinarios, incluidos los automáticos, leen “si hay neblina”, pero aquí ‘neblina’ pertenece al verbo ‘neblinar’, esto es, ‘lloviznar’. Basta reparar en que los paraguas, de nylon o de bronce, son inútiles frente a la neblina, para ver que esa traducción falla.
Carlos Drummond de Andrade. Elegia 1938 (w3.ufsm.br)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2025


                    ∼

Elegia 1938

Trabalhas sem alegria para um mundo caduco,
onde as formas e as ações não encerram nenhum exemplo.
Praticas laboriosamente os gestos universais,
sentes calor e frio, falta de dinheiro, fome e desejo sexual.

Heróis enchem os parques da cidade em que te arrastas,
e preconizam a virtude, a renúncia, o sangue-frio, a concepção.
À noite, se neblina, abrem guarda-chuvas de bronze
ou se recolhem aos volumes de sinistras bibliotecas.

Amas a noite pelo poder de aniquilamento que encerra
e sabes que, dormindo, os problemas te dispensam de morrer.
Mas o terrível despertar prova a existência da Grande Máquina
e te repõe, pequenino, em face de indecifráveis palmeiras.

Caminhas entre mortos e com eles conversas
sobre coisas do tempo futuro e negócios do espírito.
A literatura estragou tuas melhores horas de amor.
Ao telefone perdeste muito, muitíssimo tempo de semear.

Coração orgulhoso, tens pressa de confessar tua derrota
e adiar para outro século a felicidade coletiva.
Aceitas a chuva, a guerra, o desemprego e a injusta distribuição
porque não podes, sozinho, dinamitar a ilha de Manhattan.


☛ PyoZ ☚