26 de septiembre de 2023

Estridores, III - #23



Ya

Aún
es
tarde.



Rito

De mañana, la muerte viene a verte;
por la tarde, rito e infinito;
de noche, nexo y sexo hasta perderte.



Eso

Me gustan las aves;
los gatos matan millones al año;
ergo… ya sabes.



Caza

No como el veloz guepardo,
sino como la zorra —sigilosa—
cazarás tu nardo y tu rosa.



Libre

Salto y trepo;
logro escapar de la red,
y caigo al cepo.



Mutez

Sin razón,
batalla;
con razón, calla.



Zapa

Sueño cierto:
hoy aquí, despierto;
mañana, muerto.



Cante

Un gaznápiro atorrante
siempre has sido, aunque te creas
un cabrón muy aberrante.



No importa

«¡Vaya palo!»,
dijo al ver el tamaño
de su falo.



Fatal

Veis: no sabéis,
y de la vida emputecida
no aprenderéis.

egm. 2023

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24 de septiembre de 2023

Carneloba



Burda, banal, bobalicona,
altiva, áspera, arrogante,
ruda, rastrera, retorcida;

ceniza, cínica, cenceña,
errónea, equívoca, engreída;
lerda, locuaz, ladina, lacia,

opaca, oblicua, ofuscadora;
nefaria, necia, narcisista,
artificial, y artificiosa.




Diogenis Papadopoulos, Santa Barcelona, 2023 (sin permiso del autor)

egm. 2023

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23 de septiembre de 2023

Licor de guindas


Compilación heterogénea de poemas breves compuestos entre 2011 y 2021


Nocturnas aves

1
También insomne,
algún pájaro chilla
a la llovizna.

2
Ave en la noche;
lanza a la lluvia un canto
para espantarla.

3
Creciente y luces
nocturnas las mantienen
despiertas: trinan.



Reflexiones

Espejos parejos,
nuevos espejos,
lanzando —perplejos—
viejos reflejos.



Ardor

Infausto afán febril:
lo siento en el aliento,
lo noto en el escroto,
lo vivo en el lascivo
abril, el mes más vil.



Chillido

Gaviota remota
—violento viento—,
tu llama me llama.



Ciclo

Aunque inerte en lo interno
y hosco por fuera,
es abril primavera
zanjando invierno.



La urraca

Juega la urraca
con un rayo de sol
que olvidó el tiempo.



Abril,

ese mes tan vil,
germina lilas en tierras yertas,
revive rancias raíces muertas,
recuerdos mezcla al ansia febril;
abril, con sus lluvias mil.



Siempre

impuro es el carbón,
impuro es el diamante
e impuro el corazón
del amante.



Óleo sobre gasa

Rosas rojas,
rocas rotas.

Rocas rojas,
rosas rotas.

Rosas, rocas;
rojas, rotas.



Mientras,

con tus tetas tal vez
soñar —y aquellos días—
y en estas horas frías,
masturbarme otra vez.



Voy

como medusa en el mar,
cual un cometa de hielo y vacío,
como un guijarro en el lodo del río
se deja llevar.



La rana

Hizo más ruido
la ranita en su charca
que gruesos tomos.



Aún

Ya el amor eterno
lo hemos disfrutado
en tiempo;
vivamos pues, ahora,
un amor sin futuro
ni tiempo.



Clara noche

Gaviotas lejanas;
por entre las nubes
la luna me olvida.



Ignoro

No sé donde aprendí
lo que sé;
no sé cuando olvidé
lo que soy.



Llovizna

Whiskys y cervezas:
un corazón de tiza
en tu ventana; mañana
me arrepentiré.



Poética

Rimo
cuando quiero porque quiero
pero
a tu timo ni me arrimo.




Planeta gris

Océano
Si yo no puedo
ni tú llegas —rebrota el
crambe— no somos.

Continente
Si yo no llego
ni tú alcanzas —germina el
crambe— no hacemos.

Isla
Si yo no alcanzo
ni tú quieres —se seca el
crambe— no vamos.



Marea muerta

De la bajamar
sigue el denso olor;
cede al estupor
de la pleamar.



No aspiro al verso, tía,

ni a nada profundo ni bello;
yo me conformaría
con un solo hilo de poesía
que colgar de tu cuello.



Ceremonial

Al claroscuro
de los cañaverales
llegan luciérnagas.



Posición y postura

Todo el paso,
todo el peso,
todo el piso,
todo el poso;
todo, él, puso.



Guindas

Brindo —mierda— brindo
por tu jodida sonrisa de arcángel
en mi puto cielo.



Sizigia

Marea alta;
no quedan ya más playas;
el tiempo sube.



Disimetría

En el mar —brote— Kioko,
Noriko —raíz oscura— en la estepa:
fueron cerezo y loto.



Verdegal

Mantis: en los helechos
hace días que me observas, inmóvil,
sin que yo pueda verte.



Tres haikus zen

Descerebrados
jodiendo tierra y vida:
pilas de piedras.

Apilan piedras:
que el trol los deje al aire
y sin tejados.

Matan reptiles,
plantas, aves e insectos
con sus piedras zen.



Remanso

Yo sé bien donde cazas,
martín pescador; no se lo diré
siquiera a las libélulas.



Visita

Un abejorro ha entrado
por la ventana del salón; calmoso
inspecciona los cuadros.



Brjálaður maitasunak

Little niña,
dammi schnell
o teu amour,
alsjeblieft!



Línea clara y bingo

Le ha tocado otro premio
al clárido poeta endecasílabo;
tan siempre encorbatado.



Tan bien

Como suele pasar,
yo hago también
algunas cosas bien
y otras regular.



Cita

La luna
del fin del verano
se apropia
del anochecer;
«Más tarde
te veré», le digo.



Concentración

Un buen poeta
debe tener siempre la mano
en su bragueta.




Tres (que no trece) formas del mirlo

1. Avenida
Sobre los coches
cruza el mojado asfalto,
trinando, el mirlo.

2. Atardecer,
yo escucho y callo;
yo no sé nada que
no sepa el mirlo.

3. Temporal
Llueve ruidosa
y progresivamente;
no se oye al mirlo.



Ovalipes

«Me hago viejo
y se me va la pinza»,
dijo el cangrejo.



Refrán

Trece en martes;
ve por partes:
ni te hartes ni te apartes.



El minarete de Jam,

único testimonio
de un imperio derrotado, se alza
—solo— en un valle vacío.



La vara

Con la regla de tu vida
serás medido;
con la vara con que midas
serás vareado.



Tarde de otoño

Llueve a las nueve;
ella está sola: mueve
sus dedos. Llueve.



Siempre ingenuo,

supuse que sería
el principio de algo, pero fue
el puto fin de nada.



Tu dipi

es una cinta de Moebius,
con su misma forma y el mismo efecto
sobre el espacio y el tiempo.



En Chernóbil

arañas radioactívicas
tejen telas erráticas, de informe
—rota— geometría.



Solitario

¿A qué juegas
esta desubicada
noche?
Yo ya no estoy
aquí.

¿Es que aún juegas
a que estás jugando otra
noche?
Yo ya me fui
de aquí.



Minnegrotte

No de placer se trata:
has de tragar una pócima ingrata
que aunque no mata, ata.



Pluviosidad

Camelias sumidas
en lluvia:
orinan sin pausa
las brujas.



O algo

Estar aquí, no estar,
no ser, buscar, querer
ser, esperar… es
como soplarle al viento.



Flujo

A los nenúfares desvío
un torvo pensamiento
y con errátil movimiento
regreso al blando río.



Humeo

Sobre el puente entablado,
un cigarrillo;
un cuervo grazna, abajo
rezonga el río.



Aninovo

Que el año nuevo llene
de lo que el tiempo no nos da
lo que jamás será
y que, tan pronto como viene,
raudo se largue ya.



Flaquera

Siempre a ti mismo en serio —oh poeta
flaco— te tomarás
para que igual lo hagan los demás,
o no chuparás teta.




Ven, mira: las estrellas

1
Tras un mes de lluvia
somnolienta, despiertan
las estrellas.

2
Largos días de lluvia:
somnolientas, despiertan
las estrellas.

3
Tras semanas de lluvia
somnolienta: —¡despierta!—
las estrellas.



Perrito

Si lo que quieres es flete,
y no te es menoscabo,
sé generoso de rabo
y estate abierto de ojete.



Tres vidas en la cosa

Planté un árbol
que se fugó,
escribí un libro
que se secó
y tuve un hijo
que nadie nunca entendió.



Tras la lluvia

el abejorro busca
entre las hiedras del muro un refugio
para espiar al invierno.



La mía es más larga

No sé si me importa
tenerla tan corta,
quizá no me amarga
gastarla tan larga;
tan corta prudencia,
tan larga indolencia.



M-13

El día enmohece,
el mundo se emputece,
y anochece.



Lluviana

Se ha ido enero
mojado; siguen
orinando las hadas.



Perigeo

Amanece en lluvia:
ya no veré
la gran luna de nieve.



Madrugada

ya. Llueve.
Nada
se mueve;

cada
pisada
conmueve:

eco
que el alma
remueve.



Responso

Un gorrioncillo muerto
—san Valentín—
en el día más puerco
para morir.



BarQuiña, 02:49

Pétrea, la lluvia
—ayer es esto;
mañana, nunca—
refleja el tiempo.



Sed de luna

La luna breve
de invierno besa al lago
y de un gran trago
la noche entera bebe.



Frío febrero:

sobre el tejado abierto
del lavadero,
un petirrojo muerto,
como un tequiero.



Chavalita

Equívoca ecuación:
—rubia coleta, fatídicas pecas—
vete a jugar con tus muñecas
a tu mustia habitación.



Aquí, en invierno,

qué bonita era
la primavera;
qué bonita fuera
si me quisiera

esa jodida lamia del infierno.



Ötzi

Frío azul, blanco invierno:
mi alma proscrita
vive muerte infinita
en hielo eterno.



Cara lumia

Le das la incoherencia de tu pecho
y tu angustia absoluta
pero la poesía es una puta
con el culito estrecho.




Costa

1. /Primvia
Luz.
Mar.
Gris.

2. /Vernia
Sol.
Mar.
Cian.

3. /Otnia
Sal.
Mar.
Beis.

4. /Ivnia
Frior.
Mar.
Zinc.



Notillas
Abril. Según maese Eliot.
Brjálaður maitasunak. «Amores locos. Pequeña niña /dame pronto /tu amor /¡por favor!».
Cara lumia. «Querida puta cara».
Concentración. Según maesa Smith, «A good artist’s always got his hand in his zipper».
Costa. Primvia, Vernia, Otnia, Ivnia: primavera, verano, otoño, invierno.
Disimetría. Kioko y Noriko son nombres japoneses de mujer; hasta ahí se sabe.
Humeo. Según maese Samayō.
La rana. La de maese Bashō.
La vara. «Con la vara [la medida] con que midas, serás medido». Marcos 4, 24.
Minnegrotte. La follicueva.
Ötzi. El hombre helado.
Planeta gris. Crambe marítimo o col marina.
Tres haikus zen. Los montoncitos de piedrecitas crean problemitas.
Tres (que no trece)… Evidente referencia a maese Stevens.
Tu dipi. Substitúyase.


egm. 2023

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20 de septiembre de 2023

Estridores, III - #22



Lúrico

Atorado en una teta
se abrasaba la bragueta
un poeta vacileta.



No tanto

Aunque sea un espanto
y nadie me aguante, cariño:
no me suicides tanto.



Trueque

Cambiar de dioses no sirve de nada;
así pues, monada:
cambia a todos tus dioses por la Nada.



Iso

El pomblema, prima,
es que te necesito tanto
como un poeta moderni una rima.



Nocturnal

Gira, si no ruedas;
aterriza, que no es poco,
y amanece como puedas.



Magnitud

La diferencia entre un necio pedante
y un bobo ignorante
es tan magna como insignificante.



Otoñiza

Llega el frío, grado a grado;
el viento sopla de otro lado,
y yo no fui tu príncipe encantado.



Dura

Mi sol, mi corazón, mi luz, mi amada:
tardaré en olvidarte
no más de lo que dura una meada.



Probabilidad

Pudo haber sucedido;
pero ni tú fuiste tan hábil,
ni yo tan torpe he sido.



Curva

Se le fue el coche a la izquierda.
Sus últimas palabras fueron:
«¡No! ¡Mierda!».

egm. 2023

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13 de septiembre de 2023

Fray Luis de León

Oda IX - Las sirenas

No te engañe el dorado
vaso, ni esté adornado el borde entero
y en rica miel cebado;
a tu pecho ligero
—Enrique— nunca apures el artero

ajenjo. Ten calmosa
la mano apresurada: esa azucena,
esa purpúrea rosa
que el sentido enajena,
si tocas, llega al alma y la envenena.

Aparta el pie, que esconde
sierpe mortal el prado; aunque florido
los ojos ciega: donde
más nos place, fingido,
un peligroso lazo está tendido.

Pasó tu primavera;
ya la madura edad te pide el fruto
de un alma verdadera.
Saca del cieno bruto
tus pasos a un lugar firme y enjuto

antes que la engañosa
Circe, del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
te sume, nueva bestia, a su manada;

no es dado al que allí asienta,
si el caprichoso cielo no le mira,
huir de la indigna afrenta:
o arde, oso, en ira
o, vuelto jabalí, gime y suspira.

No fíes en listeza:
observa a Salomón, gran soberano;
no vale fortaleza,
pues a Sansón lozano
condujo a triste fin femenil mano.

Imita al hábil griego
que, astuto, no enfiló la nave helena
al enemigo ruego
de la grata sirena,
y así por siglos mil su fama suena.

Decía, conmoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina,
que del viento huyendo
por los mares domina,
Ulises, de los griegos luz divina;

ven cerca y da reposo
al perenne cuidado, y entretanto
conocerás, curioso,
mil historias que canto,
pues todo navegante hace otro tanto,

y todos su camino
viran a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino
el afanoso pecho,
a sus tierras se van con más provecho.

Pues todo lo sabemos;
cuanto contiene el mundo, y la reñida
guerra te cantaremos
de Troya, y su caída:
por Grecia y por los dioses fue destruida».

Así, falsa, cantaba
ardiendo de crueldad; mas él, prudente,
el camino atajaba
de la voz a su gente
con la cera aplicada sabiamente.

Si a ti se presentase,
los ojos, presto, cierra; firme, tapa
la oreja si llamase;
si agarrase tu capa,
huye, pues nunca a aquel que huye atrapa.



Fray Luis de León. Las serenas (los-poetas.com)
Emilio Alarcos Llorach. «Las serenas» de Luis de León (dialnet.unirioja.es, pdf)
Adaptación E. Gutiérrez Miranda 2023


                    ∼

Las serenas

No te engañe el dorado
vaso ni de la puesta al bebedero
sabrosa miel, cebado;
dentro al pecho ligero,
Querinto, no traspases el postrero

asensio. Ten dudosa
la mano liberal, que esa azucena,
esa purpúrea rosa
que el sentido enajena,
tocada, pasa al alma y la envenena.

Retira el pie, que asconde
sierpe mortal el prado, aunque florido
los ojos roba: adonde
aplace más, metido
el peligroso lazo está y tendido.

Pasó tu primavera,
ya la madura edad te pide el fruto
de gloria verdadera.
¡Ay! Pon del cieno bruto
los pasos en lugar firme y enjuto,

antes que la engañosa
Circe, del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
te ajunte nueva fiera a su manada.

No es dado al que allí asienta,
si ya el cielo —dichoso— no le mira,
huïr la torpe afrenta:
o arde oso en ira,
o hecho jabalí gime y suspira.

No fíes en viveza:
atiende al sabio rey Solimitano;
no vale fortaleza,
que al vencedor Gazano
condujo a triste fin femenil mano.

Imita al alto Griego
que sabio no aplicó la noble entena
al enemigo ruego
de la blanda Serena,
por do por siglos mil su fama suena.

Decía comoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina
que del viento huyendo
por los mares camina,
Ulises, de los griegos luz divina.

Allega y da reposo
al inmortal cuidado, y entretanto
conocerás curioso
mil historias que canto,
que todo navegante hace otro tanto;

todos de su camino
tuercen a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino
el deseoso pecho,
a sus tierras se van con más provecho.

Que todo lo sabemos,
cuanto contiene el suelo, y la reñida
guerra te cantaremos
de Troya y su caída,
por Grecia y por los dioses destruïda».

Ansí falsa cantaba
ardiendo en crüeldad; mas él —prudente—
a la voz atajaba
el camino en su gente
con la aplicada cera suavemente.

Si a ti se presentare,
los ojos sabio cierra; firme atapa
la oreja, si llamare;
si prendiere la capa,
huye, que solo aquel que huye escapa.


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8 de septiembre de 2023

Espinas de sirena



Quedémonos con las sirenas.
Á. Cunqueiro


Sirena azul
En el próspero tiempo las sirenas
plañen y lloran recelando el mal.

Marqués de Santillana, La llaga

Sirena azul,
quiebras tu cola muy cerca aquí.
Di en tu cantar
del otro lado de algún farallón.
Quise volver
desde la sima de dentro de mí.

Sirena azul,
sube contigo el olor de la sal.
Quise escapar
de tus aletas tan rubias de sol;
huir sin creer
fuera la suerte, quizá, en este mar.

Sirena azul,
clavas tu espina en lo débil de mí:
he de caer
hacia el abismo de dentro de ti.
Sirena azul:
quiebras tu rayo por dentro de mí.

Mad. 1987 / APdC. 2023



Sirena Azul
Y me duele me duele como los gritos de la sirena.
T. Tzara, Asco

Del albo alud
a la sal gris;
desde mi iglú
te navegué:
sirena azul.

Mas que en tu luz
tan me perdí;
alga al albur
de un sol que fue:
Sirena azul.

Yo espuma al sur,
tú escama aquí;
mi espina tú,
yo a ti me até:
Sirena Azul.

Bcn. 2004 / APdC. 2023



De bar en mar
Arrójase —homérida— al agua sinfónica.
L. Lugones, El pescador de sirenas

Pescando sirenas estaba
y en esas llegaron los guardias:
Dijeron:

—¿Qué hace?
Y yo:
—¿Quién hace?
—¡Usted hace!
—¿Yo hago?
—¿Qué hace?
—¡No hago! ¡Jolines!

Pescando sirenas estaba
y me ahuyentaron la pesca, zoquetes,
un par de besugos.

Mad. 1988



Plantos de sirena
Nadie ha pasado, en su negra nave,
que no oyera la dulce voz de nuestra boca.

Homero, Odisea

Las sirenas
me enredaban en sus cantos.
Yo no huía.
Las sirenas
me atrapaban en su risa.

Yo no era
más que un leño entre las olas
arrastrado
por sus voces,
por el llanto de su canto,
por la brisa candorosa de su risa.
Y no huía.
Me envolvía
la penosa melodía de su llanto.

Las sirenas
me abrazaban
con la tierna fluorescencia
de sus pieles escamosas.
Y sus brazos
eran cera, fuego, tiempo,
refulgir de agua en el viento.
Y en sus pechos
me acunaba como un náufrago borracho
extenuado por los cielos
vengativos y azarosos.

Y sus besos
eran hielo, hiel y furia,
tempestades desatadas del invierno.
Y sus ojos
eran vórtices profundos
de mis sueños abisales.
En sus ojos
me dormía... Comprendiendo...
Comprendido.

Las sirenas, en sus cantos,
no me huían.

APdC. 2003



Planto de sirenas
Oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse.

L. de Vega, Ir y quedarse... (soneto)

Las sirenas con su canto
me encontraban,
con su aliento me acunaban,
me arrullaban;
las sirenas, encantadas
me cantaban.

Las sirenas en el viento
volitaban,
de salitre se adornaban,
se encantaban.
Las sirenas dulcemente
me calmaban.

Las sirenas en sus cantos
me encantaban.

Bcn. 2004



Las olas
¡Oh sola en nuestra edad, bella sirena!
F. de Herrera, El suave esplendor... (soneto)

El universo se expande,
vira el cosmos
con el piélago estelar.
Fluye el río, el ojo vibra,
rola el viento
y arde el pulso con el mar.

La sirena de la ría
se hace vieja,
ya no sabe enamorar;
en la peña el pescador
está solo
y ha olvidado cómo amar.

Recalcitrantes, las olas
dicen, frías,
lento su antiguo cantar.
Arde el pulso, vibra el ojo,
rola el viento;
fluye el río bajo el mar.

Se dispersa el universo;
huye el cosmos
hacia el caos estelar,
y las olas
frías dicen,
ronco, su arcano cantar.

En el muelle el pescador
bebe solo;
ya no piensa en cómo amar.
La sirena de la playa
se hizo vieja;
ya no ha vuelto a enamorar.

Bcn. 2010



Son de oleaje
Entre ondinas coronadas de algas rojas y marrones.
T. S. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufrock

Bivalvo oculto en el fango,
estrella en el fondo bentónico,
consigues incluso creer
que también perdura la oscuridad,
qué eres,

allende la lóbrega fosa
en la que estás confinado a vivir,
vibra el agua en la ninfa,
sirenas avizores en las algas
y los prados de posidonias,

se encrespan los cardos marinos,
chillan las aves del mar en su vuelo
a la rompiente, el oleaje
susurra preguntas de arena,
qué eres,

tiembla el crambe en el roquedal,
la primera ola movió sus pies,
la segunda lo derribó,
la tercera lo fue entregando
a los remotos misterios del mar,

entiendes que es un papel,
tan solo los hombres sueñan con dioses,
evita su mirada en los abismos,
no creas la canción de las sirenas,
qué eres,

grisáceo arrecife sin costa,
cuando regresa la calma a la orilla
el viento en las rocas subraya
el rito inmemorial de la marea,
las algas y la arcana oscuridad,

de la bajamar   sigue el denso olor,
cede al estupor   de la pleamar,
cae al talud que desciende
hacia el afótico mundo insondable,
qué eres,

el págalo desde la altura
ignora tu desconcierto,
refúgiate en la tiniebla más tenue,
porque, aunque fuera el papel de dios
del mar, solo ficción sería,

vira trozada en sombras,
se disuelve en toboganes
la luz recóndita hacia el fondo
sin hallar las pupilas en tus ojos,
apenas los trasluces de los congrios,

declives ondulantes, prismas,
no busques la mirada de los dioses,
ofiura, fueres lo que seas,
yaciendo en el fango del bentos,
el mismo limo sin memoria

en que las algas derivan al rojo,
donde los peces comienzan a andar,
extiende tus escuálidos brazos,
absorbe la penumbra en la pendiente
hadal de los olvidos abisales,

eringio en la duna,
helecho en el acantilado,
recuerda que el recuerdo es nada más
carnada en el anzuelo de los días,
qué eres,

no hay tiempo en el silencio,
el cadáver de aquel niño errabundo,
perdido en las eternidades
donde habitan las plácidas sirenas,
jamás encontrará la paz,

tú al fin llegas a entender
que existes sin temer la oscuridad
y desarrollas tu papel
aun después de saber que es una farsa,
qué eres,

susurra la sirena, pregunta
en el hielo de los sueños, sisea
el viento bajo las rocas
y la lluvia sobre el océano,
no escrutes la mirada de los mitos,

solo los niños seducen sirenas,
tú, hecho de la materia incorpórea
de la que, probablemente,
en esta antigua oscuridad,
deberían estar hechos los hombres.

Bcn. 2012



Reina de las algas
¿Quieres venir con nosotras al mar?
Manuel Antonio, Llamada

En las blancas olas
y el azul del mar
hay una sirena
que me quiere ahogar.

Si la tarde amaina
la oigo cantar
su canción salada,
reina del algar.

Con un espumoso
—leve— aletear
de rubias escamas
me viene a llamar.

He de ir con ella
y me he de ahogar
en las negras olas,
en la sal del mar.

APdC. 2016



Subacuático el mundo,
Una voz de lejana sirena llorando, llamando, viene.
F. Pessoa (Á. de Campos), Oda marítima

                                              las sirenas
lucen largas melenas rubias, muy
rara vez morenas o pelirrojas,
tienen finas cejas y lindos pechos
y carecen de ombligo, las sirenas

mordisquean la carne blanda y lívida
de los desventurados que ellas antes
han hecho ahogar, y dicen, ay caray,
que empiezan a comerlos por el pene
—y las medusas alrededor—, luego

roen todos sus huesos, sin dejar
ni fibra, y después de saciarse reptan
las olas, nadan furtivas y salen
a vomitar los jugos del ahogado
a alguna calita apartada, cantan

las sirenas sobre los arrecifes
de la costa, en las noches vaporosas
—cualquiera junto al mar puede escucharlas—
las sirenas nos llaman, ay caray
—y las medusas alrededor—, cuentan

también, subacuático el mundo, que
un pescador de la ría vio encima
de una peña a una sirena preciosa,
y además morenita, pero cuando
ella alzó la mano para atraerlo

y embobarlo, él se percató de
que no veía que tuviera ombligo
y le huyó veloz, remando hacia tierra
más ligero que un mújol, uy caray
—y las medusas alrededor—, jóvenes

mueren todas las sirenas, y no
quedan huesos, cartílago ni espinas,
ni resta de ellas una sola escama
en el frío fondo del mar, y es
subacuático el mundo, recaray.

APdC. 2020



El amor abstruso
¡Qué pócima he bebido de llanto de sirenas!
W. Shakespeare, Soneto 119

Avanza el mar crespado la dudosa
nereida en sus escamas verdeantes
trenzando laberintos a la niebla,
oblicua una mirada en los algares
nevó los arrecifes de la noche;
incógnita temible por sabida:
abstruso es el amor, horrenda arpía.

Anémonas mis ojos en la bruma
negando las espinas que me azoran;
terrífica sirena en sus aletas
orzaba sobre el bentos hacia el éter
nublado de artimañas y extravíos:
inmerso en los meandros del océano
abstruso es el amor y su agonía.

Allá en el agua oscura del sargazo,
nadando en turbias olas inseguras,
trafica con neblinas la voluble
ondina sin piedades ni consuelos;
no dudes de los astros ni los antros:
incluso en los placeres abisales
abstruso es el amor, amada mía.

APdC. 2021



Oh Zeuxo,
Y veía la plata
de los flancos de la última sirena.

R. López Velarde, En el piélago veleidoso

bajo las aguas pervives
ignorada de los mortales
que de ti conocen solo tu nombre,
oh, Zeuxo,

junto a las algas
caballitos de mar cabalgas,
sobre el fondo marino
bronces antiguos custodian tu sueño
—yermo laberinto abisal—

y en los navíos
de cordaje y madera
los navegantes expertos
saben qué nube traerá su naufragio
porque tus cerúleos cabellos

—difusos sargazos—
han visto ensortijarse tras las olas
calando de anhelo y nostalgia
sus ojos profundos,
oh Zeuxo, adiamantada,

del océano brote
—alba magnolia del mar—,
los marineros
de turbios ojos rehuidos
oyen tu voz seductora en el viento

cantando la arcaica
canción de la muerte acechante
—tus glauquecinas pupilas
guiñando destellos
de tiempo anegado y olvido—

oh, Zeuxo,
entre impenetrables algares
hipocampos cabalgas
y los marineros ahogados
saben oír tu balada sombría

y arrían las velas
de sus pecios corroídos
mientras recuerdan las casas de piedra
y los frutales y viñas
—hoy ruinas y maleza—

de una tierra ya ajena,
ay, Zeuxo,
el gaviero mira en tu abismo
—que nunca es el mismo—
y cree volar en mansas mareas

de aerosoles salados
y vaporosas espumas
que envuelven y empapan su sexo,
oh, Zeuxo,
tú lo llamas a ti,

pero él ya no está allí
—el mar se le ha vuelto de mármol—,
oh Zeuxo, nácar opaco,
lo llamas a ti,
pero en algún lugar de tus susurros

el gaviero ya se perdió,
se desnortó, se extravió,
sí, Zeuxo,
como los torpes científicos que
tras confundirte

con un raro crustáceo
—confusión insensata—
te han buscado un abrupto asteroide
para enviarte lo más lejos posible
de tu vergel oceánico,

y allí perderte,
—el gaviero ya se extravió—
pero tú,
oh Zeuxo, subyugadora,
desde una remota cosmogonía

y para todos los siempres,
por sobre las algas
caballitos negros de mar cabalgas
y los marinos ahogados
—en sus líquidas tumbas—

van aprendiendo a cantar tu canción
de espuma y salitre,
oh Zeuxo —diamante y nácar—,
de espuma salina,
de espuma y salitre.

APdC. 2021



Escamas
Lo que se sabe de las sirenas es que no tienen ombligo.
Á. Cunqueiro, Linajes sirénidos en el Occidente europeo

La sirenita
entre las algas
no tiene nalgas
—y es tan bonita—

ni tiene ombligo
aunque sus pechos
muy bien derechos
danzan conmigo

cuando en su cola
monto empinado
como un venado
con cada ola

y sal en llamas
son sus escamas.

APdC. 2023



Repasando, di en que tenía unos cuantos poemas sobre sirenas. Voy a reunirlos, me dije. Así que los agrupé en orden cronológico, los retoqué, alguno lo redeconstruí, y escribí uno más, muy simple, como colofón y para completar la docenita. Y eso.
Y como dijo don Álvaro (Á. Cunqueiro, Fábulas y leyendas de la mar, Tusquets, 1998), «ustedes dirán que andamos perdiendo el tiempo en tonterías tratando de sirenas; quizá», pero en un mundo de pufólogos, alienologistas, truecahistorias y tergiversantes diversos... «quedémonos con las sirenas».

egm. 2023

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6 de septiembre de 2023

Escamas



La sirenita
entre las algas
no tiene nalgas
—y es tan bonita—

ni tiene ombligo
aunque sus pechos
muy bien derechos
danzan conmigo

cuando en su cola
monto empinado
como un venado
con cada ola

y sal en llamas
son sus escamas.

egm. 2023

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5 de septiembre de 2023

Oh Zeuxo,



Son estas las mayores de las hijas nacidas
del Océano y Tetis; pero hay muchas más.

Hesíodo, Teogonía

bajo las aguas pervives
ignorada de los mortales
que de ti conocen solo tu nombre,
oh, Zeuxo,

entre las algas
caballitos de mar cabalgas,
sobre la arena
bronces antiguos custodian tu sueño
—frío laberinto abisal—

y en los navíos
de cordaje y madera
los marineros expertos
saben qué nube traerá su naufragio
porque tus cerúleos cabellos

—difusos sargazos—
han visto ensortijarse entre las olas
calando de anhelo y nostalgia
sus ojos profundos,
oh Zeuxo, adiamantada,

del océano brote
—alba magnolia del mar—,
los marineros
de turbios ojos rehuidos
saben que el viento es tu voz seductora

cantando la arcana
canción de la muerte acechante
—tus glauquecinas pupilas
guiñando destellos
de tiempo anegado y olvido—

oh, Zeuxo,
entre impenetrables algares
hipocampos cabalgas
y los marineros ahogados
saben oír tu canción apagada

y arrían las velas
de sus pecios corroídos
mientras recuerdan las casas de piedra
y los frutales y viñas
—ruinas hoy, y matojos—

de una tierra ya ajena,
ay, Zeuxo,
el gaviero mira en tu abismo
—que nunca es el mismo—
y cree volar en mansas mareas

de aerosoles salados
y vaporosas espumas
que envuelven y empapan su sexo,
oh, Zeuxo,
tú lo llamas a ti,

pero él ya no está allí
—el mar se le ha vuelto de mármol—,
oh Zeuxo, nácar opaco,
lo llamas a ti,
pero en algún lugar de tus susurros

el gaviero ya se perdió,
se desnortó, se extravió,
sí, Zeuxo,
como los torpes científicos que
tras confundirte

con un raro crustáceo
—confusión insensata—
te han buscado un abrupto asteroide
para enviarte lo más lejos posible
de tu vergel oceánico,

y allí perderte,
—el gaviero ya se extravió—
pero tú,
oh Zeuxo, subyugadora,
desde una remota cosmogonía

y para todos los siempres,
por entre las algas
caballitos negros de mar cabalgas
y los marinos ahogados
—en sus líquidas tumbas—

van aprendiendo a cantar tu canción
de espuma y salitre,
oh Zeuxo —diamante y nácar—,
de espuma salina,
de espuma y salitre.



Zeuxo (griego antiguo Ζευξώ, que significa yugo o carro) es una de las oceánidas, hijas de los titanes Océano y su hermana y esposa Tetis, enumeradas por Hesíodo en la Teogonía, único lugar de la literatura griega antigua en que aparece mencionada. Modernamente se le ha dado su nombre al asteroide 438 Zeuxo y al género de crustáceos Zeuxo.

egm.2021/23

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3 de septiembre de 2023

Estridores, III - #21



Mérito

Cuanto yo padezco,
por simple y por tontaina,
bien me lo merezco.



Solución

La fiel fotografía
no captura el instante
sino que lo disuelve en agua fría.



Forma

Lo que al fin claro veo
es que el amor es una más
de las múltiples formas del deseo.



Oportunidades

No hay siempre un cómo
ni hay nunca un cuándo,
y así es como el lomo nos van doblando.



Técnica

Pasmosos virtuosos:
les sobra pericia
y les falta un poquito de malicia.



Mínimos

Que nadie la tiene, muy pocos son
los que lo saben, contra
tantos que creen tener la razón.



Hablar

Sabes, muchacho:
debieras hablar más en casa, sobrio,
y menos en el bar, borracho.



Culpaje

Si las cosas van mal
la culpa es del que dio el consejo,
nunca del que se lo montó fatal.



Geómetras

Son una torpe secta
los que afirman que entre dos puntos
la línea más corta es la recta.



Setiempre

Ya no es tarde o temprano:
puede suceder cualquier cosa
al final del verano.

egm. 2023

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