Yo me vi rodeando el mundo.
M. D. Ostiz Espila
Cast a cold eye
on life, on death.
Horseman, pass by!
W. B. Yeats
En el principio era el vacío
que fue llenándose de tiempo
que después creaba el espacio
mientras el cuark daba sus dimensiones
al cósmico potaje primordial,
el universo rodeaba el mundo,
no sabes cómo sufrí,
prosperó la tierra sobre la roca,
escampa en la tundra
tras el tumbo de la sizigia astral,
caía desde la fronda inestable
la gota que aviva el vaso
en la pútrida charca de los evos,
cabalga, jinete, galopa
hasta el exacto centro del erial,
en donde no existen tiempo ni espacio
y la fuerza electromagnética
sigue guardada en el cofre,
polvo en el yermo,
de la sabiduría insustancial,
y abajo se fue al carajo
y arriba también se iba,
pero ¿quién tú erraste que eras?
déjate de roneo,
mi persistente amor circunstancial,
que el queso tiene ya bastante oreo,
y encanto hizo otro tanto
y extraño, también ya antaño,
polvo en el páramo,
dadme una sola premisa cabal
y desquiciaré el cosmos,
y cima rizó la rima
y fondo se fue muy mondo,
en éxtasis, la singularidad
excretó un puro caos genital,
el huracán arranca el brezo
pero olvida algunas raíces
en donde nadie ha ido, nadie va,
ante un túmulo de granito
renunciaré a mi esencia incidental,
ningún nudo es imposible
para la culebra en el prado,
grita en la selva, salta en la sabana,
para el reptil en su cubil
ni la elíptica boa en el marjal,
las coordenadas del tiempo
se ocultan detrás de la realidad,
invoca a la bestia que amas
en esta tierra que temes,
perpleja, hermosa, ingente y eventual,
danza la danza primera,
cuando en estas noches sin luna
las estrellas no vacilen ahí,
ni para ti ni por mí,
en la ciega ciénaga celestial,
galopa, Peredur, cabalga,
durante ya mucho han ardido
y seguirán burlándose después
de nuestra última disolución
en la apática nada inmaterial,
cabalga, ebrio jinete,
a la más profunda irrealidad,
tal vez en el bentos arcano
anémonas, algas y arena
quieran ser el ensueño del coral,
explora el valor de los mitos,
silencio oscuro en los suburbios,
amazonas en la taiga,
dame un poco de tu fango de estrellas,
toma mis genes de neandertal,
oh dueña de la gran caverna,
jamás has jugado en la playa en otoño,
oh tu quiebra de dionea,
puño y brazo arriba y abajo
con furibunda furia funeral,
versus los versos subvertidos,
azorado, azuzado y azotado
por cualquiera de las tantas incógnitas
que te ayudan a subsistir,
cabalga el ralo polvo del erial,
en resumen sucede que
de la fábula, la miga
es que lo cierto es que la hormiga
jamás aprendió a remar
ni a cantar salmo alguno del misal,
preferiría que no pero sí,
por lo tanto investiga el miedo
y el oscuro silencio del suburbio,
eh, Perlesvaus,
¿dónde habrás extraviado tu graal?
allá el mizo ni vive ni la diña,
rodeando el mundo, no sabes
de qué manera morí,
los cuantos difractan la luz
en las rendijas del pulso espectral,
sí, los días están muy flojos,
ay, descomedida desdicha
haber nacido para atornillarlos,
si bien a veces la belleza
es el falso don de un hada fatal,
hielo en la taiga musgosa,
nadie quiere, nadie da,
solo el espacio vigila al espejo,
solo el zorro del desierto distingue
la entera incorporeidad del nagual,
la urdidora del tiempo,
oh, araña de los milenios,
la tegenaria acomodó su tela
entre las vigas del salón,
lejos de la lámpara de cristal,
qué repuñetera desgracia,
me abría sus montes de cromo
y me vedaba sus valles de iridio,
pronto averigüé que no discernía
tal revirado proceso mental,
porque solo en la subrazón subsisto,
redondeando el mundo y no sabes
cuántos cuantos padecí,
obvia al ciprés sobre el collado,
aunque rompe la rama, el vendaval,
nadie estuvo, nadie está,
y es eléctrico el amor,
y es ele-eléctrico-trico el ardor,
la eternidad es todo el tiempo,
desde, allá, el principio hasta, allí, el final,
líquenes en la taiga helada,
salta en el bosque, grita en la turbera,
y por fin deduje que nadie,
sí, Percevaus,
percibía este vuelco intelectual,
oh, sibila, tú
aún al kuros recuerdas, erecto
so los capiteles del templo,
mas yo sí podía alcanzarlos
según seguía la danza ritual,
multiplica tu saber por el radio
de un gluon, oh, el extraño encanto
de ir de arriba hasta el fondo
y desde abajo a la cima
como y cual partícula elemental,
mira al firmamento, aúlla en la hoya
a los longiexpectantes
decenas de centenas de millares
de millones de universos
en tu somnolienta mente esencial,
entretejía la araña sus hilos
justo en las caries del león,
expertos en razones infundadas
tacharon líneas, suprimieron páginas
del sosegado poema invernal,
oh, inusitado infortunio
el haber nacido yo
en estos días complacidos
en la medida del eco de un cuark
mediante el zum del tiempo desigual,
el viento ejecuta a las hojas
pero indulta al aislado tallo
como una fútil ofrenda a las nubes,
el presente es un reflejo
del paso del futuro ocasional
y el futuro es tan viciado
cuanto el pasado es impuro,
pero ahora estoy buscando un espejo
que ya no pueda atravesar,
danza y avanza en la danza ritual,
nadie ha visto, nadie va,
nadie ha ido y nadie ve
que no hay nadie y nunca habrá,
tan solo el dolor te enseña a sufrir,
aquí o en cualquier precario pedregal,
desde las murallas de Ur
veía los cadáveres flotando
por entre los junquerales del río,
hey, Parzival,
¿en dónde hostias olvidaste el grial?
silencio y tiniebla en suburbia,
preferiría que sí pero qué,
allí no ha muerto el mico ni vivió
y los cuantos hipnotizan la luz
sobre la urdimbre del tiempo inercial,
yamnayas en las playas,
lo que ignoras es todo lo que sabes,
oh, no torturéis, desalmados,
mi alma caducifolia
con las sirenas de cada arenal,
desde el Báltico a la ría de Aldán,
ya me voy a los arrecifes
a terminar aturdido y a solas
mi urente aguardiente de guindas,
el viento envía hojas de nogal
hacia los hondores del mar,
sibila, oí tu voz
y aun pienso que descifré tus enigmas,
sí, la eternidad no es tan larga
que no pueda tener un buen final,
contra el gemido de la tempestad,
pero iba entonces algo sobrio
y no creo que llegue a recordarlos,
oh, no atormentéis, desmedidos,
mi pobre alma infinitesimal,
el chamán se orinó en las manos
y el profeta eructó su antientropía
sobre el oleaje de la resaca,
espumas y aerosoles,
gritos entre el grito del temporal,
cae la gota en la poza primigenia,
la gravedad se incrementa
hasta que no permite ni pensar,
eléctrico el ardor
que fluye a la humedad del cenagal,
crambe en la duna,
cadáveres entre los juncos
cabe las nuevas murallas de Ur,
guay, Perceval,
baila y rebaila tu baile ritual,
a hierro mueren las estrellas,
como los humanos, y sus cadáveres
devienen frías supernovas
y púlsares y estrellas de neutrones
yaciendo en el abismo sideral,
reducidas a polvo y gas
que realimentan al universo,
del modo en que en el cieno tus despojos
realimentarán al cieno,
y regeneran el ciclo vital,
y al final será el vacío del tiempo,
líquenes sobre la peña,
luego de esferas y evos
la sirena en los arrecifes
susurra su cantilena a la sal,
deja que la música ahuyente al miedo,
no silbes en la penumbra,
páginas manuscritas extirpadas
de algún cuaderno escolar,
musgos debajo del hielo aluvial,
guiado futuro, inseguro pasado,
nunca ha sido y no será,
humanos, en verdad no os merecéis
ni la lluvia de que estáis hechos,
y el oscuro silencio suburbial,
el kuros permanece empalmado
so los frisos de la ciudad sagrada,
clama fiera en el soto,
brinca feroz en el páramo,
libera tu furia de neandertal,
nunca ha habido y nada habrá
en los vértices del espejo,
mais, sire Perzeval,
la eternidad no es tan larga
si sabes resistir hasta el final.
egm. 2026
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