4 de septiembre de 2022

Weldon Kees

Aspectos de Robinson

Robinson

El perro deja de ladrar en cuanto Robinson se va.
Su actuación ha concluido. El mundo es un mundo gris,
no sin violencia, y él patalea bajo el piano de cola,
la caza de pesadillas ya en marcha.

El espejo traído de México, colgado en la pared,
no refleja nada en absoluto. Su cristal está negro;
solo Robinson provee la imagen robinsoniana.

La cual es todo el espacio: paredes, cortinas, estantes,
cama, la fotografía en color de la primera esposa de Robinson,
alfombras, jarrones, panetelas en un humidor.
Llenarían el espacio si Robinson entrara.

Las páginas de los libros están en blanco,
los libros que Robinson ha leído. Ese es su sillón favorito,
o el lugar de su sillón si Robinson estuviera aquí.

El teléfono suena todo el día. Podría ser Robinson
quien llama. Nunca suena cuando él está aquí.

Afuera edificios blancos amarillean bajo el sol.
Afuera los pájaros vuelan continuamente en círculo
donde los árboles son reales y no tienen vacaciones.



Facetas de Robinson

Robinson juega a las cartas en el Algonquin; una fina
luz azul desciende una vez más tras las persianas.
Hombres grises con abrigo son fantasmas que atraviesan la puerta.
Los taxis salpican las avenidas de amarillo, naranja y rojo.
Estamos en Grand Central, señor Robinson.

Robinson en una terraza del barrio de Heights; los barcos
gimen como extraviados. El agua es pizarrosa allá abajo.
A través del sonido de los cubitos cayendo en el vaso, un osteópata,
vestido para el golf, relata un antiguo viaje por la U.R.S.S.
—Desde aquí se tiró el amigo Gibbons, Robinson.

Robinson pasea por Central Park, admira al elefante.
Robinson compra el Tribune, Robinson compra el Times. Robinson
dice: «Aló. Sí, aquí Robinson. ¿El domingo
a las cinco? Me encantaría. Muy bien, ¿y usted?»
Robinson solo en Longchamps, la vista fija en la pared.

Robinson asustado, borracho, sollozante Robinson
en la cama con una tal señora Morse. Robinson en casa;
decisiones: ¿Toynbee o luminol? Cuando el sol
brilla, Robinson en bañador de flores, observando
el oleaje. Al acabar la noche, Robinson en los bares del East Side.

Robinson con chaqueta Glen a cuadros, zapatos Scotch Grain,
nudo francés negro y camisa de cuello con botones,
el silencioso reloj de oro que se da cuerda a sí mismo, el delgado
maletín, abrigo corto, ropa de primavera, todo ello cubriendo
su corazón siempre triste, seco como una hoja en invierno.



Robinson en casa

Cortinas corridas, la puerta entreabierta.
El invierno entero, eso parecía, un oscurecimiento que
comenzaba. Pero ahora la luz de la luna y los olores de la calle
conspiran y se combinan en una comunidad.

Estas son las habitaciones de Robinson.
Blanquecina, pálida y descolorida esta luz, como si
todos los borrosos amaneceres de la primavera
hallaran aquí un refugio, quizá tan solo para Robinson,

que duerme. Si hubiera más música tamizada por los pisos
y la luz de la luna fuese de un tipo diferente,
podría despertarse para oír las noticias de las diez,
que serían de impacto, moderadamente.

Es un sueño debido al agotamiento, pero su viejo deseo
de morir así ha conocido cierta atenuación.
Ahora hay solo esta frialdad con la que debe cargar.
Pero no en el sueño; erudito observador, viajero,

o una tosca figura barbuda agazapada en una cueva,
un francotirador de aguda vista en las barricadas,
un hereje en las catacumbas, un conocido libertino,
un mendigo en las calles, el confidente de los Papas…

Todos ellos en el sueño son Robinson, que murmura mientras
se gira: «Hay algo en este manicomio que yo simbolizo…
esta ciudad… pesadilla… en negro…»
                                                             Se despierta cubierto de sudor
a la terrible luz de la luna y lo que podría ser
el silencio. Algo zumba como los cables más allá de los tejados
y las largas cortinas revolotean en la habitación.



En relación con Robinson

En algún lugar de Chelsea, al principio del verano
y caminando hacia los muelles al atardecer,
me pareció distinguir a Robinson delante de mí.

Desde una habitación sin cortinas de un segundo piso, una radio
emitía There's a Small Hotel; una cometa se enroscaba
por encima de las oscuras azoteas y las lentas aves sin rumbo.
Estábamos allí solos, él y yo,
habitando la calle vacía.

Bajo un cartel de cigarros Natural Bloom, mientras
las luces cambiaban suavemente en el crepúsculo de rojo a verde,
se detuvo y miró un escaparate
donde una venus de yeso, luciendo una faja,
miraba el tráfico que iba hacia el este. (Pero Robinson,
lo sé, no estaba en la ciudad: veranea en un lugar de Maine,
unas veces en Fire Island y otras en Cape Elizabeth,
deja la ciudad en junio y regresa comenzado ya septiembre).
Y pese a todo casi grité: «¡Robinson!»

No hubo ocasión. Justo cuando yo pasaba,
girando la cabeza para buscar su cara,
su cabeza se volvió hacia la mía
y me atravesó con hinchados y aterradores ojos
que detuvieron mi sangre. Su voz
llegó a mí como un eco en la oscuridad.

«Me pareció ver que se abría el remolino.
Pateé toda la noche una puerta atrancada.
Debes haberme seguido desde Astor Place.
Un papel hueco baja flotando al final.
Y entonces un día tan enorme como un ayer a pares
desplegó su horror ante mi cara
hasta que bloqueó
…» Corriendo sudoroso,
intentando llegar a los muelles, me volví
para darle un segundo vistazo. No tenía la certeza,
en aquella oscuridad, de que fuera Robinson
o cualquier otro.
                                  La acera estaba desierta. La venus,
bañada en una fluorescente luz azul,
miraba fijamente al río. Mientras corría hacia el oeste,
las luces de la bahía iban encendiéndose.
Los barcos se movían lentamente, sonando sus graves sirenas.



Weldon Kees. Poems (poetryfoundation.org)
Dana Gioia. Weldon Kees: On “Aspects of Robinson” (danagioia.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2022


                    ∼

Poems of Robinson

Robinson

The dog stops barking after Robinson has gone.
His act is over. The world is a gray world,
Not without violence, and he kicks under the grand piano,
The nightmare chase well under way.

The mirror from Mexico, stuck to the wall,
Reflects nothing at all. The glass is black.
Robinson alone provides the image Robinsonian.

Which is all of the room—walls, curtains,
Shelves, bed, the tinted photograph of Robinson’s first wife,
Rugs, vases, panatellas in a humidor.
They would fill the room if Robinson came in.

The pages in the books are blank,
The books that Robinson has read. That is his favorite chair,
Or where the chair would be if Robinson were here.

All day the phone rings. It could be Robinson
Calling. It never rings when he is here.

Outside, white buildings yellow in the sun.
Outside, the birds circle continuously
Where trees are actual and take no holiday.


Aspects of Robinson

Robinson at cards at the Algonquin; a thin
Blue light comes down once more outside the blinds.
Gray men in overcoats are ghosts blown past the door.
The taxis streak the avenues with yellow, orange, and red.
This is Grand Central, Mr. Robinson.

Robinson on a roof above the Heights; the boats
Mourn like the lost. Water is slate, far down.
Through sounds of ice cubes dropped in glass, an osteopath,
Dressed for the links, describes an old Intourist tour.
—Here’s where old Gibbons jumped from, Robinson.

Robinson walking in the Park, admiring the elephant.
Robinson buying the Tribune, Robinson buying the Times. Robinson
Saying, “Hello. Yes, this is Robinson. Sunday
At five? I’d love to. Pretty well. And you?”
Robinson alone at Longchamps, staring at the wall.

Robinson afraid, drunk, sobbing Robinson
In bed with a Mrs. Morse. Robinson at home;
Decisions: Toynbee or luminol? Where the sun
Shines, Robinson in flowered trunks, eyes toward
The breakers. Where the night ends, Robinson in East Side bars.

Robinson in Glen plaid jacket, Scotch-grain shoes,
Black four-in-hand and oxford button-down,
The jeweled and silent watch that winds itself, the brief-
Case, covert topcoat, clothes for spring, all covering
His sad and usual heart, dry as a winter leaf.


Robinson at Home

Curtains drawn back, the door ajar.
All winter long, it seemed, a darkening
Began. But now the moonlight and the odors of the street
Conspire and combine toward one community.

These are the rooms of Robinson.
Bleached, wan, and colorless this light, as though
All the blurred daybreaks of the spring
Found an asylum here, perhaps for Robinson alone,

Who sleeps. Were there more music sifted through the floors
And moonlight of a different kind,
He might awake to hear the news at ten,
Which will be shocking, moderately.

This sleep is from exhaustion, but his old desire
To die like this has known a lessening.
Now there is only this coldness that he has to wear.
But not in sleep.—Observant scholar, traveller,

Or uncouth bearded figure squatting in a cave,
A keen-eyed sniper on the barricades,
A heretic in catacombs, a famed roué,
A beggar on the streets, the confidant of Popes—

All these are Robinson in sleep, who mumbles as he turns,
“There is something in this madhouse that I symbolize—
This city—nightmare—black—”
                                                           He wakes in sweat
To the terrible moonlight and what might be
Silence. It drones like wires far beyond the roofs,
And the long curtains blow into the room.


Relating to Robinson

Somewhere in Chelsea, early summer;
And, walking in the twilight toward the docks,
I thought I made out Robinson ahead of me.

From an uncurtained second-story room, a radio
Was playing There’s a Small Hotel; a kite
Twisted above dark rooftops and slow drifting birds.
We were alone there, he and I,
Inhabiting the empty street.

Under a sign for Natural Bloom Cigars,
While lights clicked softly in the dusk from red to green,
He stopped and gazed into a window
Where a plaster Venus, modeling a truss,
Looked out at Eastbound traffic. (But Robinson,
I knew, was out of town: he summers at a place in Maine,
Sometimes on Fire Island, sometimes the Cape,
Leaves town in June and comes back after Labor Day.)
And yet, I almost called out, “Robinson!”

There was no chance. Just as I passed,
Turning my head to search his face,
His own head turned with mine
And fixed me with dilated, terrifying eyes
That stopped my blood. His voice
Came at me like an echo in the dark.

“I thought I saw the whirlpool opening.
Kicked all night at a bolted door.
You must have followed me from Astor Place.
An empty paper floats down at the last.
And then a day as huge as yesterday in pairs
Unrolled its horror on my face
Until it blocked
—” Running in sweat
To reach the docks, I turned back
For a second glance. I had no certainty,
There in the dark, that it was Robinson
Or someone else.
                                  The block was bare. The Venus,
Bathed in blue fluorescent light,
Stared toward the river. As I hurried West,
The lights across the bay were coming on.
The boats moved silently and the low whistles blew.



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3 de septiembre de 2022

Estridores, II - #18



Presente

A lo peor
resulta que lo peor
es que esto no es aún lo peor.



Aquellos polvos

El bisabuelo, carlista;
su padre, falangista
y ella, ultraindependista.



Inamor

Ese pavo es tan birria
que ni vale la pena, nena,
que le tengas tirria.



(W. Kees) Golden Gate

Las musas le prodigaron sus dones
a cambio —aunque quizá no importa—
de una vida un tanto corta.



CEO

Muy grandes logros
suelen alcanzar
todos esos grandes ogros.



Velo

Ni tu fervor ni tu ejemplo
desvelarán
la falsedad que subyace en el templo.



Salida

Si una anomalía absolutamente
excepcional te sale al paso,
sálle tú al encuentro sin retraso.



Postulado de Gütterz

Siempre hay una razón
por la que las cosas son cómo son
y también cómo no son.



Madrugada

Tres tristes zorras
almuerzan con desgana
churros y porras.



Crimen de Estado

Y declaró el inspector más duro:
—Parece estar muy claro [de] que
se trata de un asunto muy oscuro.

egm. 2022

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1 de septiembre de 2022

Estridores, II - #17



Lección de historia

Asgard cayó;
la Tierra Media murió;
el Garaje Hermético colapsó.



Rivales

Déjame a mí este cáliz;
dijo la abeja laboriosa
a la volátil mariposa.



Reconversión

El último gladiador
decidió al fin que sería mejor
convertirse en recaudador.



Pesadotas

Harta a los cielos
el ríspido chillido
de las gaviotas.



(S. Weil) Sustancia

Las gentes necesitarán
tanto comer poesía
como leer el pan.



Dizque

Parece que aún cabe
que acaso pueda ser, quizá,
o tal vez quién sabe.



Lapidario

«Menos da una piedra»;
se dijo un marmolista con criterio
ante las lápidas del cementerio.



(O. Paz) Ju-ego

Ni ahora o luego
—es vano— niego
mi vano ego.



Sal

Pobre pájaro empapado
sin rama o palo en que posar:
se te ha hecho muy largo el mar.



Tuntería

—¿Tu
nombre?
—Tú.

egm. 2022

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31 de agosto de 2022

Estridores, II - #16



El sermón del topo

Atended y escuchad:
¿para qué queréis luz
habiendo oscuridad?



Big Chof

Cuando la Tierra se extinga,
qué solo se quedará el Universo
sin mi minga.



Charca

En el marasmo
de mí mismo
me enmarismo.



Fugit

La temporada ha pasado:
deseamos un producto
que ya no está en el mercado.



Cultivo

No rosas: calabacines
deberían plantar los jardineros
en los jardines.



(M. Gandhi) Talión

Ojo por ojo
hasta que el mundo entero
se quede cojo.



(S. de Mello) Sin mar

Os di mi juventud,
calles de ciudad
sin tiempo ni piedad.



Aún

Pretender ser original
continúa siendo aún
una actitud muy común.



Mitaymitá

Una mitad de la filosofía
son terrores ancestrales
y la otra, apenas pajas mentales.



Dǝmente

Vacío mi mente
de ideas vacías
compulsivamente.

egm. 2022

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29 de agosto de 2022

Wallace Stevens

Lebensweisheitspielerei

Más y más débil, la luz del sol decae
por la tarde. Los orgullosos y los fuertes
se han ido.

Los que quedan son los inacabados,
los finalmente humanos,
nativos de una esfera disminuida.

La suya es una indigencia
que es indigencia de luz,
una palidez estelar que pende de hilos.

Poco a poco, la pobreza
del espacio otoñal se convierte
en mirada, algunas palabras dichas.

Cada persona nos toca por completo
con lo que es y como es
en la rancia grandiosidad de la aniquilación.



Nota
El título es un compuesto de tres palabras alemanas: lebens (vida o vital), weisheit (sabiduría) y spielerei (truco, juego, divertimento), que podría traducirse por El juego (o el truco) de la sabiduría de la vida.
Wallace Stevens. Lebensweisheitspielerei (allenginsberg.org)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2022


                    ∼

Lebensweisheitspielerei

Weaker and weaker, the sunlight falls
In the afternoon. The proud and the strong
Have departed.

Those that are left are the unaccomplished,
The finally human,
Natives of a dwindled sphere.

Their indigence is an indigence
That is an indigence of the light,
A stellar pallor that hangs on the threads.

Little by little, the poverty
Of autumnal space becomes
A look, a few words spoken.

Each person completely touches us
With what he is and as he is,
In the stale grandeur of annihilation.



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27 de agosto de 2022

Los musgos



Aléjate de mí, escoria,
aleja de mí tu expuesto escote,
si te encuentras con este vagabundo,
dile que dile que dile que
la cruda realidad es la chiringuitización
y el mamoneo y tertulieo de la tele socialbolchevique
impuesta por la neodictadura del watusismo

y la morralla de chalaneros progres y tusoflautas
e insignes ínclitos preclaros voceros
del pozo sin fondo y sinsentido de las autonomías,
la sanidad y la educación —pa qué—
que han chiringuitizado

al soberano estadio nacional,
prosas veredes,
y el deschiringuitizador que lo deschiringuitice,
omnímodamente,
el más chévere deschiringuitizador será,
mas otra cosa sería otra cosa más seria,
además de lo del tipo ese del arco y el carcaj

con las flechas que se clavan una vez y otra vez más
y absolutamente en bolas,
como la espuria espúmea lo evacuó al mundo,
perdónanos nuestras infelicidades, oh odiosa,
así que dile que dile que dile que

no son los cuchillos cucharas
ni las cuchillas son cuclillos,
dile,
una alimaña, querida mía, una bestia inmunda,
si te topas al vagabundo
gira en rotundo
y huye de la barahúnda

hacia las zonas de bioluminiscencia,
luz
trasluz
contraluz,
deberías prestar más atención a la bestia,

dulce de altramuz,
tiene grandes ganas de llevarte allá abajo
para un intenso pasteleo de almejas,
bizcocho
de chocho,

con más tentáculos y menos brazos, pero,
espero,
con algo de avergonzada desvergonzonería,
hay ahí una densa hilera de hortensias,
querida,
donde los cínifes pueden picarte el trasero,
y dile,

aleja de mí esos pezones reventones,
alpinas cimas escarpadas,
si quieres aventurarte conmigo, alteza,
a través de este continuo espaciotemporal,
no olvides tu lencería conceptual, y piensa

que si lo tientas se tensa, porque
los pensamientos son pimientos,
rojos verdes amarillos, pequeños grandes,
romos agudos, rectos torcidos, dulces picantes,
centolleantes,
ahogados en la apofonía del lavaplatos
justo en el momento en que se avería para siempre,

errabundeaba,
su vida es un vagabundeo de las horas,
de los vacuos vórtices del día,
si te lo encuentras mientras
vas de camino caminito al club,

influorescencias y neones,
la ucraniana dice que siempre llegas tarde
y que tú que nunca es tarde si algún cirio arde,
dile que dile
que prefiero ser el último de los primeros
a reverter mi agobio en un foso anegado,
y cuando estás tan fatigosa, querida,

no apetece un higo cabalgar contigo,
ya que en aquel tugurio de allí,
y con algunos gritos de más, eso sí,
voceros del pozo sinfondo y sin sentido,
hay donde y con quien chalanear,

todavía
parecía, vida mía,
que en la vía
sucedía
que seguimos sin medicina para la agonía,

almejas y percebes desenvueltos y revueltos,
oh flores fluorescentes,
mostradnos cómo el amor
es más una ciencia que un sentimiento
virulento, entre arrebato y remordimiento,
su apariencia accidental indica la hora y el clima
al otro lado del equinoccio,

errabundea
por entre los resquicios del instante,
así que dile que dile que
no son las cucarachas cucharillos
ni

son los versos tan pardillos,
los he visto
amasar los vidrios rotos de las ventanas
que el viento ha violado, los he visto
someter huestes de espectros incendiados,
los he visto
despeinar las blancas cabelleras de las olas blancas,

harina, agua y levadura, el dios
de los pastores camina erecto por el bosque, las ninfas
se vuelven hadas y se disuelven en el polvo suspendido
en los delgados rayos que los altos árboles
consienten al sol llevar hasta los musgos,

disidente de sí mismo
se denunció a la dirección del partido cenital,
caterva pinchevique del watusismo tumultuoso
sin reposo, aléjate
—hasta los musgos—,
aleja de mí ese pubis vertiginoso,

abismo y espejismo, corretea
erecto entre la fronda,
errabundo señor de los cabreros,
dile que
los pensamientos son percebes

aferrados al roquedo
que las mareas baten baten baten
sin reposo,
sin prejuicios,
dile, dile un precio
que no le cause peores perjuicios
y obtendrás tus buenos beneficios,

y regresa amable y amorosa
a los morenos brazos musculados de tu pnene,
oh poeta,
que acaba de engarzar, alborozado,
catorce endecasílabos rampantes,

oh, qué vate,
coca, crack y chocolate
para el que tiene pasta y se la gasta,
ojos verdes, pelo rizo, tez cobriza,
y vuelves a entregar tus caderas a la noche

cada noche,
aleja aleja aleja
aleja de mí esas nalgas inexactas,
dunas marcianas,
albos barjanes que la niebla matutina
envuelve sigilosa
y consigo arrastra a su recóndito retiro,

querida mía,
golondrina de las charcas,
solitario lirio del bosque penumbroso,
si te encuentras con este vagabundo
dile que dile que,

dime que
sabes jugar a cualquier juego —bucal, anal,
bestial— al que cualquiera quiera jugar,
libélula de las barras,
no dejes de prestar atención a la bestia
que erecta errabundea
la ruda realidad chiringuitizada

por el sojuzgoso watusismo cheverista,
y hasta luego hasta la vista,
pero espera,
oh de nuevo,
aleja de mí ese pubis escabroso,

esa vulva despejada de inhóspitas rompientes,
esa vagina sin fronteras,
aleja de mí la vida,
que la muerte, con no tanta suerte,
ya se aleja por sí sola
con cada ola
que la marea envía a los cirrípedos,

pensamientos,
orgánicos orgasmos y eyaculaciones asimétricas,
impensamientos,
cada ola,
y pimientos

rojos dulces picantillos,
aunque el indeseable del arco engaña y miente
como habitualmente suele hacer la gente,
porque las palabras en el lavaplatos,
hada querida,

se apofonizan con tanto detergente,
rotundo vagabundo disidente,
así que dile, dime,
si me reencuentras mientras vas caminito
de la factoría de la serenidad —no hay remedio
para la agonía de la vida— dime,
dile, dime

—tu arrubiada melena levitando en la brisa
como las amplias alas de un ángel corrompido
y corruptor— que el juego
es el instante y el instante es el Tiempo,
querida mía, tal vez mi amor,

trasluz
contraluz,
penumbra,
y que la odiosa diosa —jamás
pronuncies su funesto nombre— maldiga
nuestras muchas infelicidades: ahora,
en los musgos,

donde los rayos del sol apenas
entre los arduos árboles se filtran,
libélula de las ciénagas whiskosas,
yo, umbrío y húmedo, me descentro y
—en los musgos— te encuentro.

egm. 2022

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19 de agosto de 2022

Johannes Göransson

Queridos turistas,

podéis buscar a tientas recuerdos húmedos en el sótano,
pero necesitaréis paciencia
porque allí abajo nadie os advertirá de lo del suelo.

En la calle encontraréis ardillas; en mi cuero cabelludo, chichones.
Si queréis una prueba para los de casa de que os habéis sacudido
como gaviotas, dejad vuestro nombre y número en el baño.

Si queréis una gaviota como mascota, hablad con mi terapeuta.
Si la encontráis, decidme dónde vive y a qué escuela
va su hija. Si queréis una parte de mí, chupadme la polla.

Si queréis vender viajes al público en general, tomadme el pulso
o mis libros ilustrados de mesa de café sobre Italia.
Si hay una casa en los árboles, lanzadle un martillo

y mirad qué es lo que cae. El niño ensangrentado no es
el mejor premio y no podéis devolverlo, así que tened cuidado
de por dónde camináis cuando os habéis tomado unas cuantas.

Si tenéis una ortiga entre los omóplatos
y os cuesta respirar, decídselo al profesor,
pero no le digáis que he sido yo, porque yo no he sido.

Solo estaba observando, y tal vez riéndome de vuestros gorgoteos.
Ese incidente pertenece al parque de atracciones de otra persona.
No quiero volver a veros a este lado de las sendas del porro.



Nota
· sendas del porro, 'blunt tracks': blunt significa romo, desafilado, pero también es un término para referirse a un tipo de "cigarro de cannabis o hachís montado con hojas de tabaco en vez de papel de liar" (Wikipedia).
Johannes Göransson. Dear Tourists (poetryfoundation.org)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2022


                    ∼

Dear Tourists,

You can grope for moist souvenirs in the basement,
but you'll need patience
because nobody down there will warn you about the floor.

In the street you'll find squirrels; on my scalp, bumps.
If you want proof for the folks back home that you've surged
like a seagull, print your name and number in the bathroom.

If you want a seagull for a pet, talk to my therapist.
If you find her, tell me where she lives, and where her daughter
goes to school. If you want a piece of me, suck my dick.

If you want to sell trips to the general public, take my pulse
or my coffee-table picture-books about Italy.
If there's a house in the trees, throw up a hammer

and see what falls down. The bleeding kid isn't
the best prize and you can't return it, so be careful where
you walk when you've had a few.

If there's a nettle between your shoulder blades
and you're having trouble breathing, tell the teacher,
but don't tell her it was me cause it wasn't.

I was just watching, maybe even laughing at your gurgling sounds.
That incident belongs to somebody else's amusement park.
I don't ever want to see it again on this side of the blunt tracks.



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14 de agosto de 2022

Jorge de Sena

En Creta, con el Minotauro

I

Nacido en Portugal de padres portugueses
y padre de brasileños en Brasil,
seré tal vez norteamericano cuando esté allí.
Coleccionaré nacionalidades como camisas se quitan,
se usan y se tiran, con el todo el respeto
debido a la ropa que se viste y prestó servicio.
Yo mismo soy mi patria. La patria
de la que escribo es la lengua en la que, por azar de generaciones
nací. Y de lo que hago y de lo que vivo es esta
rabia que tengo por la poca humanidad de este mundo
cuando no creo en otro, y solo otro querría que
este mismo fuese. Pero si un día me olvidara de todo,
espero envejecer
tomando café en Creta
con el Minotauro,
bajo la mirada de dioses sin vergüenza.


II

El Minotauro me comprenderá.
Tiene cuernos, como los sabios y los enemigos de la vida.
Es mitad buey y mitad hombre, como todos los hombres.
Violaba y devoraba vírgenes, como todas las bestias.
Hijo de Pasífae, era hermano de un verso de Racine,
que Valery, el cretino, consideraba uno de los más bellos de la “langue”.
Hermano también de Ariadna,
lo embrollaron con un ovillo en el que se lió.
Teseo, el héroe y, como todos los griegos heroicos, un hijo de puta,
se le rio en su respetable hocico.
El Minotauro me comprenderá, tomará café conmigo, mientras
el sol serenamente desciende sobre el mar, y las sombras,
llenas de ninfas y efebos desempleados,
se apretarán dulcísimas en las tazas
como el azúcar que removemos con el dedo sucio
de investigar los orígenes de la vida.


III

Y allí es donde quiero rencontrarme de haber dejado
la vida por el mundo en pedazos repartida, como decía
aquel pobre diablo al que el Minotauro no leyó, porque
como toda la gente, no sabe portugués.
Tampoco yo sé griego, según las más fiables informaciones.
Hablaremos en volapük, ya
que ninguno de nosotros lo entiende. El Minotauro
no hablaba griego, no era griego, vivió antes de Grecia
y de toda esa mierda docta que nos cubre desde hace siglos,
cagada por nuestros esclavos, o por nosotros cuando somos
los esclavos de otros. Con el café
nos contaremos uno a otro nuestras penas.


IV

Con patrias nos compran y nos venden, si faltan
patrias que se vendan lo bastante caras como para avergonzarse
de no pertenecer a ellas. Ni yo ni el Minotauro
tendremos patria alguna. Solo el café,
aromático y bien fuerte, no de Arabia o de Brasil,
de la Fedacam, o de Angola, o cualquier otro lugar.
Pero aun así café, que yo, con filial ternura
veré gotear de su quijada de buey
hasta las rodillas humanas que él ignora
de quien heredó, si del abuelo o de la madre,
los cuernos retorcidos que adornan
su noble frente anterior a Atenas, y, quién sabe,
a Palestina y otros lugares turísticos
inmensamente patrióticos.


V

En Creta, con el Minotauro,
sin versos y sin vida,
sin patrias y sin espíritu,
sin nada ni nadie
más que el dedo sucio,
me tomaré mi café en paz.



Nota
· hermano de un verso de Racine: Racine publicó en 1687 la tragedia Fedra , cuyo verso más citado y conocido es "la fille de Minos et de Pasiphaé", la hija de Minos y de Pasífae. Fedra es hermana de Ariadna y hermanastra, como ella, de Minotauro.
· aquel pobre diablo: Camoens, nada menos, que en su Canção 5 (Junto de um sêco, fero e estéril monte) escribe: por que ficasse a vida / pelo mundo em pedaços repartida.
· volapuk: lengua artificial, hoy en desuso, con la misma idea del esperanto, que fue utilizada entre 1880 y 1930 por un máximo de unos cien mil hablantes.
· Fedacam: parece referirse a alguna Federação das Câmaras (de Comércio), probablemente de Brasil.
· si del abuelo o de la madre: en el original se do pai, se da mãe, pero si Minotauro (cabeza de toro y cuerpo humano) es hijo del Toro de Creta mal podría haber heredado del padre sus “joelhos de homem”, rodillas de hombre.
Jorge de Sena. Em Creta, com o Minotauro (blogspot.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2022


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Em Creta, com o Minotauro

I
Nascido em Portugal, de pais portugueses,
e pai de brasileiros no Brasil,
serei talvez norte-americano quando lá estiver.
Coleccionarei nacionalidades como camisas se despem,
se usam e se deitam fora, com todo o respeito
necessário à roupa que se veste e que prestou serviço.
Eu sou eu mesmo a minha pátria. A pátria
de que escrevo é a língua em que por acaso de gerações
nasci. E a do que faço e de que vivo é esta
raiva que tenho de pouca humanidade neste mundo
quando não acredito em outro, e só outro quereria que
este mesmo fosse. Mas, se um dia me esquecer de tudo,
espero envelhecer
tomando café em Creta
com o Minotauro,
sob o olhar de deuses sem vergonha.

II
O Minotauro compreender-me-á.
Tem cornos, como os sábios e os inimigos da vida.
É metade boi e metade homem, como todos os homens.
Violava e devorava virgens, como todas as bestas.
Filho de Pasifaë, foi irmão de um verso de Racine,
que Valery, o cretino, achava um dos mais belos da “langue”.
Irmão também de Ariadne, embrulharam-no num novelo de que se lixou.
Teseu, o herói, e, como todos os gregos heroicos, um filho da puta,
riu-lhe no focinho respeitável.
O Minotauro compreender-me-á, tomará café comigo, enquanto
o sol serenamente desce sobre o mar, e as sombras,
cheias de ninfas e de efebos desempregados,
se cerrarão dulcíssimas nas chávenas,
como o açúcar que mexemos com o dedo sujo
de investigar as origens da vida.

III
É aí que quero reencontrar-me de ter deixado
a vida pelo mundo em pedaços repartida, como dizia
aquele pobre diabo que o Minotauro não leu, porque,
como toda a gente, não sabe português.
Também eu não sei grego, segundo as mais seguras informações.
Conversaremos em volapuque, já
que nenhum de nós o sabe. O Minotauro
não falava grego, não era grego, viveu antes da Grécia,
de toda esta merda douta que nos cobre há séculos,
cagada pelos nossos escravos, ou por nós quando somos
os escravos de outros. Ao café,
diremos um ao outro as nossas mágoas.

IV
Com pátrias nos compram e nos vendem, à falta
de pátrias que se vendam suficientemente caras para haver vergonha
de não pertencer a elas. Nem eu, nem o Minotauro,
teremos nenhuma pátria. Apenas o café,
aromático e bem forte, não da Arábia ou do Brasil,
da Fedacam, ou de Angola, ou parte alguma. Mas café
contudo e que eu, com filial ternura,
verei escorrer-lhe do queixo de boi
até os joelhos de homem que não sabe
de quem herdou, se do pai, se da mãe,
os cornos retorcidos que lhe ornam a
nobre fronte anterior a Atenas, e, quem sabe,
à Palestina, e outros lugares turísticos,
imensamente patrióticos.

V
Em Creta, com o Minotauro,
sem versos e sem vida,
sem pátrias e sem espírito,
sem nada, nem ninguém,
que não o dedo sujo,
hei-de tomar em paz o meu café.



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13 de agosto de 2022

Estridores, II - #15



Fodones

El futuro tenía
un aspecto estupendo
y estos cabrones nos lo están jodiendo.



Teoría del orden

El Universo es caos y desorden;
solo porque se engaña el Hombre
encuentra en él algo de orden.



Canto XII

Homero nunca contó
cómo las sirenas a Ulises
se le comieron los manises.



Añorita

La vida es solo ausencia:
de lo que no tenemos ni tuvimos
y de lo que no es, ni fue, ni fuimos.



Reerección

Mira aquí:
parece que parezca
que sí.



Lo juro

Piernas suaves,
falda corta:
¿te digo que de ti nada me importa?



(J. de Sena) Solo

Pues sí, parece ser que en Creta
es regularcillo el café,
según el Minotauro y el poeta.



Optimismo

Tal vez no sea lo mejor
pensar que lo mejor
sea no pensar en lo peor.



Camelo T

Vendrá Arturo —compañones—
a liberar a la vieja Isla
de esos bárbaros anglosajones.



No

Ya
no
yo.

egm. 2022

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12 de agosto de 2022

Sophia de Mello Breyner Andresen

Marinero sin mar

Lejos tiene el marinero
una serena playa de manos puras
mas perdido recorre las oscuras
calles de la ciudad sin piedad.

Todas las ciudades son navíos
cargados de perros aullando a la luna
cargados de enanos y muertos fríos

y él se balancea como un mástil
en sus hombros se apoyan las esquinas
va sin aves ni olas repentinas
tan solo sombras nadan en su estela.

En las confusas redes de su pensamiento
se enganchan oscuras medusas
muerta cae la noche con el viento

y sube por escaleras escondidas
y gira por calles sin nombre
por la misma oscuridad conducido
con pupilas transparentes y de vidrio

va por los continuos corredores
los pulpos de la sombra lo estrangulan
y luces como peces voladores
lo alucinan.

Porque tiene un navío aunque sin mástiles
porque el mar se ha secado
porque el destino ha borrado
su nombre de los astros
porque su camino se ha perdido
su triunfo fue vendido
y las manos tiene pesadas de desastres

y en vano se yergue entre las visiones
buscando la luz de la alborada pura
llamando al viento de los malecones

ningún mar lavará el asco de su rostro
las imágenes son eternas y precisas
en vano seguirá llamando al viento
que recto corre por las playas lisas

él morirá sin mar y sin navíos
sin rumbo lejano o mástiles altivos
morirá entre paredes cenicientas
pedazos de brazos y restos de cabezas
flotando en la penumbra de las auroras lentas.


Y al Norte y al Sur
y al Este y al Oeste
los cuatro caballos del viento
agitan ya sus crines

y el espíritu del mar pregunta:

«¿Qué fue de aquel
para el que yo guardaba un reino puro
de espacio y de vacío
de olas blancas y profundas
y de verde frío?»
Ya no dormirá en la arena lisa
entre medusas, conchas y corales

él dormirá en la podredumbre
y al Norte y al Sur
y al Este y al Oeste
los cuatro jinetes del viento
exactos y transparentes
lo olvidarán

porque se desvió de lo que era eterno
y separó su cuerpo de la unidad
y se entregó al tiempo dividido
de las calles sin piedad.



Sophia de Mello Breyner Andresen. Marinheiro sem mar (escritas.org/pt)
Sophia de Mello Breyner Andresen. Marinheiro sem mar (youtube)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2022


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Marinheiro sem mar

Longe o marinheiro tem
Uma serena praia de mãos puras
Mas perdido caminha nas obscuras
Ruas da cidade sem piedade.

Todas as cidades são navios
Carregados de cães uivando à lua
Carregados de anões e mortos frios

E ele vai baloiçando como um mastro
Aos seus ombros apoiam-se as esquinas
Vai sem aves nem ondas repentinas
Somente sombras nadam no seu rastro.

Nas confusas redes do seu pensamento
Prendem-se obscuras medusas
Morta cai a noite com o vento

E sobe por escadas escondidas
E vira por ruas sem nome
Pela própria escuridão conduzido
Com pupilas transparentes e de vidro

Vai nos contínuos corredores
Onde os polvos da sombra o estrangulam
E as luzes como peixes voadores
O alucinam.

Porque ele tem um navio mas sem mastros
Porque o mar secou
Porque o destino apagou
O seu nome dos astros
Porque o seu caminho foi perdido
O seu triunfo vendido
E ele tem as mãos pesadas de desastres

E é em vão que ele se ergue entre os sinais
Buscando a luz da madrugada pura
Chamando pelo vento que há no cais

Nenhum mar lavará o nojo do seu rosto
As imagens são eternas e precisas
Em vão chamará pelo vento
Que a direito corre pelas praias lisas

Ele morrerá sem mar e sem navios
Sem rumo distante e sem mastros esguios
Morrerá entre paredes cinzentas
Pedaços de braços e restos de cabeças
Boiarão na penumbra das madrugadas lentas.

E ao Norte e ao Sul
E ao Leste e ao Poente
Os quatro cavalos do vento
Sacodem as suas crinas

E o espírito do mar pergunta:

“Que é feito daquele
Para quem eu guardava um reino puro
De espaço e de vazio
De ondas brancas e fundas
E de verde frio?”
Ele não dormirá na areia lisa
Entre medusas, conchas e corais

Ele dormirá na podridão
E ao Norte e ao Sul
E ao Leste e ao Poente
Os quatro cavaleiros do vento
Exactos e transparentes
O esquecerão

Porque ele se perdeu do que era eterno
E separou o seu corpo da unidade
E se entregou ao tempo dividido
Das ruas sem piedade.



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