13 de septiembre de 2023

Fray Luis de León

Oda IX - Las sirenas

No te engañe el dorado
vaso, ni esté adornado el borde entero
y en rica miel cebado;
a tu pecho ligero
—Enrique— nunca apures el artero

ajenjo. Ten calmosa
la mano apresurada: esa azucena,
esa purpúrea rosa
que el sentido enajena,
si tocas, llega al alma y la envenena.

Aparta el pie, que esconde
sierpe mortal el prado; aunque florido
los ojos ciega: donde
más nos place, fingido,
un peligroso lazo está tendido.

Pasó tu primavera;
ya la madura edad te pide el fruto
de un alma verdadera.
Saca del cieno bruto
tus pasos a un lugar firme y enjuto

antes que la engañosa
Circe, del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
te sume, nueva bestia, a su manada;

no es dado al que allí asienta,
si el caprichoso cielo no le mira,
huir de la indigna afrenta:
o arde, oso, en ira
o, vuelto jabalí, gime y suspira.

No fíes en listeza:
observa a Salomón, gran soberano;
no vale fortaleza,
pues a Sansón lozano
condujo a triste fin femenil mano.

Imita al hábil griego
que, astuto, no enfiló la nave helena
al enemigo ruego
de la grata sirena,
y así por siglos mil su fama suena.

Decía, conmoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina,
que del viento huyendo
por los mares domina,
Ulises, de los griegos luz divina;

ven cerca y da reposo
al perenne cuidado, y entretanto
conocerás, curioso,
mil historias que canto,
pues todo navegante hace otro tanto,

y todos su camino
viran a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino
el afanoso pecho,
a sus tierras se van con más provecho.

Pues todo lo sabemos;
cuanto contiene el mundo, y la reñida
guerra te cantaremos
de Troya, y su caída:
por Grecia y por los dioses fue destruida».

Así, falsa, cantaba
ardiendo de crueldad; mas él, prudente,
el camino atajaba
de la voz a su gente
con la cera aplicada sabiamente.

Si a ti se presentase,
los ojos, presto, cierra; firme, tapa
la oreja si llamase;
si agarrase tu capa,
huye, pues nunca a aquel que huye atrapa.



☛ Fray Luis de León. Las serenas (los-poetas.com)
☛ Emilio Alarcos Llorach. «Las serenas» de Luis de León (dialnet.unirioja.es, pdf)

Adaptación E. Gutiérrez Miranda 2023


                    ∼

Las serenas

No te engañe el dorado
vaso ni de la puesta al bebedero
sabrosa miel, cebado;
dentro al pecho ligero,
Querinto, no traspases el postrero

asensio. Ten dudosa
la mano liberal, que esa azucena,
esa purpúrea rosa
que el sentido enajena,
tocada, pasa al alma y la envenena.

Retira el pie, que asconde
sierpe mortal el prado, aunque florido
los ojos roba: adonde
aplace más, metido
el peligroso lazo está y tendido.

Pasó tu primavera,
ya la madura edad te pide el fruto
de gloria verdadera.
¡Ay! Pon del cieno bruto
los pasos en lugar firme y enjuto,

antes que la engañosa
Circe, del corazón apoderada,
con copa ponzoñosa
el alma trasformada,
te ajunte nueva fiera a su manada.

No es dado al que allí asienta,
si ya el cielo —dichoso— no le mira,
huïr la torpe afrenta:
o arde oso en ira,
o hecho jabalí gime y suspira.

No fíes en viveza:
atiende al sabio rey Solimitano;
no vale fortaleza,
que al vencedor Gazano
condujo a triste fin femenil mano.

Imita al alto Griego
que sabio no aplicó la noble entena
al enemigo ruego
de la blanda Serena,
por do por siglos mil su fama suena.

Decía comoviendo
el aire en dulce son: «La vela inclina
que del viento huyendo
por los mares camina,
Ulises, de los griegos luz divina.

Allega y da reposo
al inmortal cuidado, y entretanto
conocerás curioso
mil historias que canto,
que todo navegante hace otro tanto;

todos de su camino
tuercen a nuestra voz y, satisfecho
con el cantar divino
el deseoso pecho,
a sus tierras se van con más provecho.

Que todo lo sabemos,
cuanto contiene el suelo, y la reñida
guerra te cantaremos
de Troya y su caída,
por Grecia y por los dioses destruïda».

Ansí falsa cantaba
ardiendo en crüeldad; mas él —prudente—
a la voz atajaba
el camino en su gente
con la aplicada cera suavemente.

Si a ti se presentare,
los ojos sabio cierra; firme atapa
la oreja, si llamare;
si prendiere la capa,
huye, que solo aquel que huye escapa.


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8 de septiembre de 2023

Espinas de sirena



Quedémonos con las sirenas.
Á. Cunqueiro


Sirena azul
En el próspero tiempo las sirenas
plañen y lloran recelando el mal.

Marqués de Santillana, La llaga

Sirena azul,
quiebras tu cola muy cerca aquí.
Di en tu cantar
del otro lado de algún farallón.
Quise volver
desde la sima de dentro de mí.

Sirena azul,
sube contigo el olor de la sal.
Quise escapar
de tus aletas tan rubias de sol;
huir sin creer
fuera la suerte, quizá, en este mar.

Sirena azul,
clavas tu espina en lo débil de mí:
he de caer
hacia el abismo de dentro de ti.
Sirena azul:
quiebras tu rayo por dentro de mí.

Mad. 1987 / APdC. 2023



Sirena Azul
Y me duele me duele como los gritos de la sirena.
T. Tzara, Asco

Del albo alud
a la sal gris;
desde mi iglú
te navegué:
sirena azul.

Mas que en tu luz
tan me perdí;
alga al albur
de un sol que fue:
Sirena azul.

Yo espuma al sur,
tú escama aquí;
mi espina tú,
yo a ti me até:
Sirena Azul.

Bcn. 2004 / APdC. 2023



De bar en mar
Arrójase —homérida— al agua sinfónica.
L. Lugones, El pescador de sirenas

Pescando sirenas estaba
y en esas llegaron los guardias:
Dijeron:

—¿Qué hace?
Y yo:
—¿Quién hace?
—¡Usted hace!
—¿Yo hago?
—¿Qué hace?
—¡No hago! ¡Jolines!

Pescando sirenas estaba
y me ahuyentaron la pesca, zoquetes,
un par de besugos.

Mad. 1988



Plantos de sirena
Nadie ha pasado, en su negra nave,
que no oyera la dulce voz de nuestra boca.

Homero, Odisea

Las sirenas
me enredaban en sus cantos.
Yo no huía.
Las sirenas
me atrapaban en su risa.

Yo no era
más que un leño entre las olas
arrastrado
por sus voces,
por el llanto de su canto,
por la brisa candorosa de su risa.
Y no huía.
Me envolvía
la penosa melodía de su llanto.

Las sirenas
me abrazaban
con la tierna fluorescencia
de sus pieles escamosas.
Y sus brazos
eran cera, fuego, tiempo,
refulgir de agua en el viento.
Y en sus pechos
me acunaba como un náufrago borracho
extenuado por los cielos
vengativos y azarosos.

Y sus besos
eran hielo, hiel y furia,
tempestades desatadas del invierno.
Y sus ojos
eran vórtices profundos
de mis sueños abisales.
En sus ojos
me dormía... Comprendiendo...
Comprendido.

Las sirenas, en sus cantos,
no me huían.

APdC. 2003



Planto de sirenas
Oír la dulce voz de una sirena
y no poder del árbol desasirse.

L. de Vega, Ir y quedarse... (soneto)

Las sirenas con su canto
me encontraban,
con su aliento me acunaban,
me arrullaban;
las sirenas, encantadas
me cantaban.

Las sirenas en el viento
volitaban,
de salitre se adornaban,
se encantaban.
Las sirenas dulcemente
me calmaban.

Las sirenas en sus cantos
me encantaban.

Bcn. 2004



Las olas
¡Oh sola en nuestra edad, bella sirena!
F. de Herrera, El suave esplendor... (soneto)

El universo se expande,
vira el cosmos
con el piélago estelar.
Fluye el río, el ojo vibra,
rola el viento
y arde el pulso con el mar.

La sirena de la ría
se hace vieja,
ya no sabe enamorar;
en la peña el pescador
está solo
y ha olvidado cómo amar.

Recalcitrantes, las olas
dicen, frías,
lento su antiguo cantar.
Arde el pulso, vibra el ojo,
rola el viento;
fluye el río bajo el mar.

Se dispersa el universo;
huye el cosmos
hacia el caos estelar,
y las olas
frías dicen,
ronco, su arcano cantar.

En el muelle el pescador
bebe solo;
ya no piensa en cómo amar.
La sirena de la playa
se hizo vieja;
ya no ha vuelto a enamorar.

Bcn. 2010



Son de oleaje
Entre ondinas coronadas de algas rojas y marrones.
T. S. Eliot, La canción de amor de J. Alfred Prufrock

Ya bivalvo en la arena
o estrella en el limo bentónico,
no llegas a creer
que formas parte de la oscuridad,
qué eres,

más allá de la fosa
en la que estás confinado a vivir,
sirenas tras las algas
y en los prados de posidonias
inmutables te observan,

se encrespan los cardos marinos,
chillan las aves del mar en su vuelo
a la rompiente, el oleaje
susurra preguntas de espuma,
qué eres,

la primera ola movió sus pies,
la segunda lo derribó,
tiembla el crambe en el roquedal,
la tercera lo fue entregando
a los remotos misterios del mar,

inmóviles te acechan,
atiende a la canción de las sirenas,
retejida de sal y mitos,
y evita su mirada en la penumbra,
qué eres,

cuando regresa la calma a la orilla
el viento en las rocas subraya,
arrecife sin costa,
el rito inmemorial de la marea
mecida por la voz de las sirenas,

caes al talud que desciende
—de la bajamar sigue el denso olor:
cede en tu estupor a la pleamar—
hacia el afótico abismo insondable,
qué eres,

los págalos desde la altura
ríen tu desconcierto,
refúgiate en la profunda tiniebla,
también el son del mar te ignora
mientras te sumas a las sombras,

vira trozando espejos
y se disuelve en toboganes
la luz difusa de la hondura
sin hallar en tus ojos las pupilas,
apenas los trasluces de los congrios,

declives ondulantes, prismas,
no busques la mirada de los mitos,
ofiura, fueres lo que seas,
en el limo del bentos,
el mismo fango sin memoria

donde las algas arraigan y crecen
y los peces caminan,
extiende ávidos tus brazos,
absorbe la negrura en la pendiente
hadal de los olvidos abisales,

eringios en la duna,
armerias del acantilado
te advierten que el recuerdo es nada más
carnada en el anzuelo de los días,
qué eres,

no hay tiempo en el silencio,
el cadáver de aquel niño que fuiste,
perdido en las eternidades
que solo habitan pálidas sirenas
ya no desea encontrar la paz,

tú al fin llegas a entender
que existes sin miedo a la oscuridad
entre esquivas ondinas
que trenzan rojas algas a su pelo,
qué eres,

susurran las sirenas, te preguntan
en el hielo de los sueños, sisea
el viento de las rocas,
la lluvia calla en el océano,
no indagues la sustancia de los mitos,

subacuático el mundo,
tú, hecho de la materia incorpórea
de la que, ciertamente,
en esta sima tenebrosa,
deberían estar hechos los hombres.

Bcn. 2012 / APdC. 2023



Reina de las algas
¿Quieres venir con nosotras al mar?
Manuel Antonio, Llamada

En las blancas olas
y el azul del mar
hay una sirena
que me quiere ahogar.

Si la tarde amaina
la oigo cantar
su canción salada,
reina del algar.

Con un espumoso
—leve— aletear
de rubias escamas
me viene a llamar.

He de ir con ella
y me he de ahogar
en las negras olas,
en la sal del mar.

APdC. 2016



Subacuático el mundo,
Una voz de lejana sirena llorando, llamando, viene.
F. Pessoa (Á. de Campos), Oda marítima

                                              las sirenas
lucen largas melenas rubias, muy
rara vez morenas o pelirrojas,
tienen finas cejas y lindos pechos
y carecen de ombligo, las sirenas

mordisquean la carne blanda y lívida
de los desventurados que ellas antes
han hecho ahogar, y dicen, ay caray,
que empiezan a comerlos por el pene
—y las medusas alrededor—, luego

roen todos sus huesos, sin dejar
ni fibra, y después de saciarse reptan
las olas, nadan furtivas y salen
a vomitar los jugos del ahogado
a alguna calita apartada, cantan

las sirenas sobre los arrecifes
de la costa, en las noches vaporosas
—cualquiera junto al mar puede escucharlas—
las sirenas nos llaman, ay caray
—y las medusas alrededor—, cuentan

también, subacuático el mundo, que
un pescador de la ría vio encima
de una peña a una sirena preciosa,
y además morenita, pero cuando
ella alzó la mano para atraerlo

y embobarlo, él se percató de
que no veía que tuviera ombligo
y le huyó veloz, remando hacia tierra
más ligero que un mújol, uy caray
—y las medusas alrededor—, jóvenes

mueren todas las sirenas, y no
quedan huesos, cartílago ni espinas,
ni resta de ellas una sola escama
en el frío fondo del mar, y es
subacuático el mundo, recaray.

APdC. 2020



El amor abstruso
¡Qué pócima he bebido de llanto de sirenas!
W. Shakespeare, Soneto 119

Avanza el mar crespado la dudosa
nereida en sus escamas verdeantes
trenzando laberintos a la niebla,
oblicua una mirada en los algares
nevó los arrecifes de la noche;
incógnita temible por sabida:
abstruso es el amor, horrenda arpía.

Anémonas mis ojos en la bruma
negando las espinas que me azoran;
terrífica sirena en sus aletas
orzaba sobre el bentos hacia el éter
nublado de artimañas y extravíos:
inmerso en los meandros del océano
abstruso es el amor y su agonía.

Allá en el agua oscura del sargazo,
nadando en turbias olas inseguras,
trafica con neblinas la voluble
ondina sin piedades ni consuelos;
no dudes de los astros ni los antros:
incluso en los placeres abisales
abstruso es el amor, amada mía.

APdC. 2021



Oh Zeuxo,
Y veía la plata
de los flancos de la última sirena.

R. López Velarde, En el piélago veleidoso

bajo las aguas pervives
ignorada de los mortales
que de ti conocen solo tu nombre,
oh, Zeuxo,

junto a las algas
caballitos de mar cabalgas,
sobre el fondo marino
bronces antiguos custodian tu sueño
—yermo laberinto abisal—

y en los navíos
de cordaje y madera
los navegantes expertos
saben qué nube traerá su naufragio
porque tus cerúleos cabellos

—difusos sargazos—
han visto ensortijarse tras las olas
calando de anhelo y nostalgia
sus ojos profundos,
oh Zeuxo, adiamantada,

del océano brote
—alba magnolia del mar—,
los marineros
de turbios ojos rehuidos
oyen tu voz seductora en el viento

cantando la arcaica
canción de la muerte acechante
—tus glauquecinas pupilas
guiñando destellos
de tiempo anegado y olvido—

oh, Zeuxo,
entre impenetrables algares
hipocampos cabalgas
y los marineros ahogados
saben oír tu balada sombría

y arrían las velas
de sus pecios corroídos
mientras recuerdan las casas de piedra
y los frutales y viñas
—hoy ruinas y maleza—

de una tierra ya ajena,
ay, Zeuxo,
el gaviero mira en tu abismo
—que nunca es el mismo—
y cree volar en mansas mareas

de aerosoles salados
y vaporosas espumas
que envuelven y empapan su sexo,
oh, Zeuxo,
tú lo llamas a ti,

pero él ya no está allí
—el mar se le ha vuelto de mármol—,
oh Zeuxo, nácar opaco,
lo llamas a ti,
pero en algún lugar de tus susurros

el gaviero ya se perdió,
se desnortó, se extravió,
sí, Zeuxo,
como los torpes científicos que
tras confundirte

con un raro crustáceo
—confusión insensata—
te han buscado un abrupto asteroide
para enviarte lo más lejos posible
de tu vergel oceánico,

y allí perderte,
—el gaviero ya se extravió—
pero tú,
oh Zeuxo, subyugadora,
desde una remota cosmogonía

y para todos los siempres,
por sobre las algas
caballitos negros de mar cabalgas
y los marinos ahogados
—en sus líquidas tumbas—

van aprendiendo a cantar tu canción
de espuma y salitre,
oh Zeuxo —diamante y nácar—,
de espuma salina,
de espuma y salitre.

APdC. 2021



Escamas
Lo que se sabe de las sirenas es que no tienen ombligo.
Á. Cunqueiro, Linajes sirénidos en el Occidente europeo

La sirenita
entre las algas
no tiene nalgas
—y es tan bonita—

ni tiene ombligo
aunque sus pechos
muy bien derechos
danzan conmigo

cuando en su cola
monto empinado
como un venado
con cada ola

y sal en llamas
son sus escamas.

APdC. 2023



Repasando, di en que tenía unos cuantos poemas sobre sirenas. Voy a reunirlos, me dije. Así que los agrupé en orden cronológico, los retoqué, alguno lo redeconstruí, y escribí uno más, muy simple, como colofón y para completar la docenita. Y eso.
Y como dijo don Álvaro (Á. Cunqueiro, Fábulas y leyendas de la mar, Tusquets, 1998), «ustedes dirán que andamos perdiendo el tiempo en tonterías tratando de sirenas; quizá», pero en un mundo de pufólogos, alienologistas, truecahistorias y tergiversantes diversos... «quedémonos con las sirenas».

egm. 2023

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6 de septiembre de 2023

Escamas



La sirenita
entre las algas
no tiene nalgas
—y es tan bonita—

ni tiene ombligo
aunque sus pechos
muy bien derechos
danzan conmigo

cuando en su cola
monto empinado
como un venado
con cada ola

y sal en llamas
son sus escamas.

egm. 2023

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5 de septiembre de 2023

Oh Zeuxo,



Son estas las mayores de las hijas nacidas
del Océano y Tetis; pero hay muchas más.

Hesíodo, Teogonía

bajo las aguas pervives
ignorada de los mortales
que de ti conocen solo tu nombre,
oh, Zeuxo,

entre las algas
caballitos de mar cabalgas,
sobre la arena
bronces antiguos custodian tu sueño
—frío laberinto abisal—

y en los navíos
de cordaje y madera
los marineros expertos
saben qué nube traerá su naufragio
porque tus cerúleos cabellos

—difusos sargazos—
han visto ensortijarse entre las olas
calando de anhelo y nostalgia
sus ojos profundos,
oh Zeuxo, adiamantada,

del océano brote
—alba magnolia del mar—,
los marineros
de turbios ojos rehuidos
saben que el viento es tu voz seductora

cantando la arcana
canción de la muerte acechante
—tus glauquecinas pupilas
guiñando destellos
de tiempo anegado y olvido—

oh, Zeuxo,
entre impenetrables algares
hipocampos cabalgas
y los marineros ahogados
saben oír tu canción apagada

y arrían las velas
de sus pecios corroídos
mientras recuerdan las casas de piedra
y los frutales y viñas
—ruinas hoy, y matojos—

de una tierra ya ajena,
ay, Zeuxo,
el gaviero mira en tu abismo
—que nunca es el mismo—
y cree volar en mansas mareas

de aerosoles salados
y vaporosas espumas
que envuelven y empapan su sexo,
oh, Zeuxo,
tú lo llamas a ti,

pero él ya no está allí
—el mar se le ha vuelto de mármol—,
oh Zeuxo, nácar opaco,
lo llamas a ti,
pero en algún lugar de tus susurros

el gaviero ya se perdió,
se desnortó, se extravió,
sí, Zeuxo,
como los torpes científicos que
tras confundirte

con un raro crustáceo
—confusión insensata—
te han buscado un abrupto asteroide
para enviarte lo más lejos posible
de tu vergel oceánico,

y allí perderte,
—el gaviero ya se extravió—
pero tú,
oh Zeuxo, subyugadora,
desde una remota cosmogonía

y para todos los siempres,
por entre las algas
caballitos negros de mar cabalgas
y los marinos ahogados
—en sus líquidas tumbas—

van aprendiendo a cantar tu canción
de espuma y salitre,
oh Zeuxo —diamante y nácar—,
de espuma salina,
de espuma y salitre.



Zeuxo (griego antiguo Ζευξώ, que significa yugo o carro) es una de las oceánidas, hijas de los titanes Océano y su hermana y esposa Tetis, enumeradas por Hesíodo en la Teogonía, único lugar de la literatura griega antigua en que aparece mencionada. Modernamente se le ha dado su nombre al asteroide 438 Zeuxo y al género de crustáceos Zeuxo.

egm.2021/23

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3 de septiembre de 2023

Estridores, III - #21



Mérito

Cuanto yo padezco,
por simple y por tontaina,
bien me lo merezco.



Solución

La fiel fotografía
no captura el instante
sino que lo disuelve en agua fría.



Forma

Lo que al fin claro veo
es que el amor es una más
de las múltiples formas del deseo.



Oportunidades

No hay siempre un cómo
ni hay nunca un cuándo,
y así es como el lomo nos van doblando.



Técnica

Pasmosos virtuosos:
les sobra pericia
y les falta un poquito de malicia.



Mínimos

Que nadie la tiene, muy pocos son
los que lo saben, contra
tantos que creen tener la razón.



Hablar

Sabes, muchacho:
debieras hablar más en casa, sobrio,
y menos en el bar, borracho.



Culpaje

Si las cosas van mal
la culpa es del que dio el consejo,
nunca del que se lo montó fatal.



Geómetras

Son una torpe secta
los que afirman que entre dos puntos
la línea más corta es la recta.



Setiempre

Ya no es tarde o temprano:
puede suceder cualquier cosa
al final del verano.

egm. 2023

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30 de agosto de 2023

Estridores, III - #20



Oda al odo

Adiós piños, adiós dientes,
adiós muelas de mi boca:
adiós, dentadura, adiós.



Banca

Como el escarabajo pelotero,
engorda y rueda su bola de mierda
todo eficaz banquero.



Trayecto

En efecto:
no soy tan recto
ni directo.



Ciertísimo

Es la realidad
que no desmiento
que todo lo que miento / sea verdad.



Cólmico

Fue muy notorio asunto
—y muy extraño— el caso
del colmo que gotea el vaso.



Ceguera absoluta

Lo que hay que ver:
es peor que un ciego
el que solo ve lo que quiere ver.



Epitofia

No te molestes en rezar:
tus oraciones darán paz y calma
a tu conciencia, pero no a mi alma.



Existencial

¿No soy yo
cuando no soy yo,
o es entonces cuando yo soy yo?



Diego

Si dije «gato», digo «dogo»,
pero todo lo que antes dije, amigo,
es exactamente lo que ahora digo.



Transit

Todo perece
y nada permanece,
según parece.

egm. 2023

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19 de agosto de 2023

Estridores, III - #19



Amam Arlas

Acabada la charla,
te puedes ir —con calma—
a mamarla a San Sebastoparla.



Tal veces

Acaso —quizá— el presente
hubiera sido distinto
de haber sido el futuro diferente.



Picores

Déjame que te diga, amiga,
que yo, cuando me pica un codo,
no me rasco la barriga.



Vistas

Detente, sereno, a contemplar
como todo se va a la mierda
por la derecha, el centro y por la izquierda.



Erato

Clamó la Musa —siempre ambigua—:
«Puede que la poesía moderna
me suene un tanto antigua».



Tapas

Haz favor: pon
una cañita con
un poco más de yuxtaposición.



Visios

Nicole, Martina:
sé que no me hacéis ningún bien
pero no sois la causa de mi ruina.



Naturas

¿Qué es primero, la supervivencia
o la reproducción?
Da igual: solo instinto y depredación.



Valores

Tanto pagas, tanto obtienes;
tanto tienes, tanto vales;
tanto vales, menos tienes.



Gustos

Toda clase de comida
—incluso alguna vez algún nabo—
ha probado el buen gourmet en su vida.

egm. 2023

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14 de agosto de 2023

Consunción



Constatamos
que hay del día
a su umbría
solo gramos,

comprendemos
que son todos
nuestros nodos
solo extremos

y concluimos
que es la vida
—resumida—
solo limos;

confundidos:
consumidos.

egm. 2023

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7 de agosto de 2023

Pausa



Algunos días de verano
antes del atardecer
el mar se calma,

aquí en la ensenada,
no hay olas y el agua
permanece inmóvil

como la cerveza en la mesa
de la terraza,
se demoran las nubes

en el cielo tranquilo,
incluso
las profusas gaviotas

desaparecen
y por unos instantes,
aquí,

el tiempo se detiene
a descansar del día
sobre la ría.

egm. 2023

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6 de agosto de 2023

Estridores, III - #18



Quête

Ay, Perceval:
has hallado al final —para tu mal—
el Grial.



Todo

Es la verdad
que aunque todo sea mentira,
todo es verdad.



Serán

la nada, mi sudario;
el vacío, mi sepulcro;
el olvido, mi epitafio.



Estiaje

Muda la fuente;
al son del grillo danza
la brisa ardiente.



Ría

Pasan gaviotas;
sobre los barcos quietos,
las nubes rotas.



Myrddin

Quien ha mirado
al ojo del dragón ha visto
el Tiempo sin futuro ni pasado.



Fragm. 31 (Safo)

(…) mas, cual que ya en la fría
huesa me veo,
urge ahora osadía…



Servo

Tergiverso
lo que niego y lo que miento en
cada verso.



Cia. (1)

Van siempre juntas
arrogancia e intransigencia,
como excremento y pestilencia.



RIP

Ya que solo espera una mala lápida,
quizá lo mejor sea
una muerte estúpida y rápida.

egm. 2023

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