La mente condujo al cuerpo
hasta el borde del precipicio.
Se miraron con deseo
en el abismo desnudo.
Si me amas, dijo la mente,
da ese paso hacia el silencio.
Si me amas, dijo el cuerpo,
giro y existo.
☛ Anne Stevenson. Vertigo (anne-stevenson.co.uk)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2016
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Vertigo
Mind led body
to the edge of the precipice.
They stared in desire
at the naked abyss.
If you love me, said mind,
take that step into silence.
If you love me, said body,
turn and exist.
3 de enero de 2016
Anne Stevenson
2 de enero de 2016
Jacques Ancet
Él recuerda. El cenicero, la mesa baja, la ventana y su luz pálida. Ve, pero sin ver. Oye, pero sin oír. Ha levantado un brazo, ha pronunciado algunas palabras y una infinidad de brazos, de palabras se han levantado, han resonado. Y él después, busca. Esta emoción. Él está allí. Escribe palabras. Ya no sabe. Ya no comprende. El otro se ha puesto a hablar y es como si fuera la primera vez. Sí, un comienzo. La mañana o la infancia. Como una luz —y es todas las luces—. Un lugar —y son todos los lugares—. Él espera. Se dice: eso viene pero ya se ha ido. Cree que es el tiempo, pero no. Otra cosa. Como una minúscula efervescencia: hace una cama, camina por una calle cualquiera y eso está ahí. Como una claridad en medio del día, pero sin luz. Sin nada más que decir que algunas palabras, de repente, muy simples —mesa, grito o silencio o noche…— y que insisten. Entonces, las coge: forman pequeños organismos breves, semejantes a caracolas que se llevaría a la oreja para escuchar. O cristales ardiendo en el mismo resplandor multiplicado, ¿pero venido de dónde? Mira a su alrededor: subida de escalera, pared, rostro, lavabo, mañana sobre el cristal. Es como una ola única, silenciosa, invisible. Todas las cosas la reflejan y, al mismo tiempo, en ella brillan, y se apagan. Eso viene, sí, pero está inmóvil. No es nada de lo que él pueda decir algo. Pero habla, a pesar de todo. Para escuchar entre las palabras, como en la caracola. Este vacío susurrante. Él dice ¡silencio!, escuchad. Dice: es la voz del mar.
☛ Jacques Ancet. La voix de la mer (satinea.tumblr.com)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2016
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La voix de la mer
Il se souvient. Le cendrier, la table basse, la fenêtre et sa lumière pâle. Il voit, mais sans voir. Il entend, mais sans entendre. Il a levé un bras, prononcé quelques mots et une infinité de bras, de mots se sont levés, ont retenti. Et depuis, il cherche. Cette émotion. Il est là. Il écrit des mots. Il ne sait plus. Il ne comprend plus. L'autre s'est mis à parler et c'est comme si c'était la première fois. Oui, un commencement. Le matin ou l'enfance. Comme une lumière - et c'est toutes les lumières. Un lieu - et ce sont tous les lieux. Il attend. Il se dit: ça vient mais c'est déjà parti. Il croit que c'est le temps, mais non. Autre chose. Comme une effervescence minuscule: il fait un lit, il marche dans une rue quelconque et c'est là. Comme une clarté au milieu du jour, mais sans lumière. Sans rien d'autre pour le dire que quelques mots, soudain, très simples - table, cri ou silence ou nuit… - et qui insistent. Alors, il les prend: ils forment de petits organismes brefs, pareils à des coquillages qu'il porterait à l'oreille pour écouter. Ou des cristaux brûlant du même éclat multiplié, mais d'où venu? Il regarde autour de lui: montée d'escalier, mur, visage, cuvette, matin sur la vitre. C'est comme une vague unique, silencieuse, invisible. Toutes les choses la reflètent et, en même temps, elles y brillent, s'y effacent. Ça vient, oui, mais c'est immobile. Ce n'est rien de ce qu'il peut dire. Mais il parle, malgré tout. Pour écouter entre les mots, comme dans le coquillage. Ce vide bruissant. Il dit chut!, écoute. Il dit: c'est la voix de la mer.
B. T. Joy
Una orca va rodeando el barco.
Su oscuro y lustroso cráneo sacude la madera.
Pero no quiere amar
nada más que lo que quiera no amar.
Es de noche. Las estrellas están firmes
y ese gran mamífero bate el negro remo
de su aleta contra la fosforescencia marina;
aunque no amigablemente.
Rilke dijo: Dafne dijo,
mientras se transformaba en laurel,
que deberíamos imitar al viento. Pero solo
ciertos animales han aprendido el truco.
Esta noche un viento de músculo y piel húmeda
choca y golpea contra el casco. Y de vez en cuando
la ballena vuelca su grácil masa y se desliza
por la superficie, con pectorales en forma de hojas de laurel.
Bajo la garganta de máscara su piel es tan blanca
como la Dafne de Bernini. Su cabeza, una espúmea
y angosta ensenada lavada en viento y su simplicidad
me recuerda el fetiche que hice con pensamientos.
He sido cegado, bajo altas murallas de coníferas rojas,
por cuerpos de agua que aun inmóviles alcanzaban el cielo.
He escuchado a una montaña que en silencio miraba
como un ciervo retrocedía hacia los pliegues de la niebla.
Pero aún no sé nada, excepto lo que sigue:
Cuando salgo a lo abierto, como ahora, mi cabeza y mi pecho
se convierten en partes de un barco; y la naturaleza,
en algo que ni me ama ni tampoco me odia.
Algo, que es solo curioso, golpeando su cuerpo
suavemente con mi cuerpo.
B. T. Joy. Orca
☛ B. T. Joy
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2016
1 de enero de 2016
31 de diciembre de 2015
Espectro visible
Ah, también el gris
es un color; no solo hay blanco y negro.
Eh, también hay gris.
Carlos Drummond de Andrade
¿Y ahora, José?
La fiesta acabó,
la luz se apagó,
el pueblo no está,
la noche se enfrió,
¿y ahora, José?
¿y ahora, tú qué?
tú, que eres sin nombre,
que de otros te mofas,
tú, que escribes versos,
que amas, ¿protestas?
¿y ahora, José?
Estás sin mujer,
estás sin discurso,
estás sin cariño,
ya no puedes beber,
ya no puedes fumar,
ni escupir ya puedes,
la noche se enfrió,
el día no vino,
el tren nunca vino,
la risa no vino,
ni la utopía
y todo ha acabado
y todo se ha ido
y todo se ha ajado
¿y ahora, José?
¿Y ahora, José?
tu dulce palabra,
tu instante de fiebre,
tu gula y tu ayuno,
y tu bilbioteca,
tu mina de oro,
tu traje elegante,
tu incoherencia,
tu odio, ¿y ahora?
La llave en la mano
vas a abrir la puerta,
no existe la puerta;
¿morir en el mar?
el mar se secó;
¿volver a tu tierra?
no hay tierra ya más.
José, ¿y ahora?
Aun si gritaras,
aun si gimieses,
aun si tocaras
el vals vienés ese,
si aun te durmieras,
o si te cansaras,
o si te murieses…
Mas tú no te mueres,
¡eres duro, José!
Y solo y a oscuras
cual bestia salvaje,
sin teogonía,
sin pared desnuda
en la que apoyarte
sin caballo negro
que huya al galope,
¡te marchas, José!
José, ¿hacia dónde?
☛ Carlos
Drummond de Andrade. José (algumapoesia.com.br)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2015
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José
E agora, José?
A festa acabou,
a luz apagou,
o povo sumiu,
a noite esfriou,
e agora, José?
e agora, você?
você que é sem nome,
que zomba dos outros,
você que faz versos,
que ama, protesta?
e agora, José?
Está sem mulher,
está sem discurso,
está sem carinho,
já não pode beber,
já não pode fumar,
cuspir já não pode,
a noite esfriou,
o dia não veio,
o bonde não veio,
o riso não veio,
não veio a utopia
e tudo acabou
e tudo fugiu
e tudo mofou,
e agora, José?
E agora, José?
Sua doce palavra,
seu instante de febre,
sua gula e jejum,
sua biblioteca,
sua lavra de ouro,
seu terno de vidro,
sua incoerência,
seu ódio — e agora?
Com a chave na mão
quer abrir a porta,
não existe porta;
quer morrer no mar,
mas o mar secou;
quer ir para Minas,
Minas não há mais.
José, e agora?
Se você gritasse,
se você gemesse,
se você tocasse
a valsa vienense,
se você dormisse,
se você cansasse,
se você morresse...
Mas você não morre,
você é duro, José!
Sozinho no escuro
qual bicho-do-mato,
sem teogonia,
sem parede nua
para se encostar,
sem cavalo preto
que fuja a galope,
você marcha, José!
José, para onde?
30 de diciembre de 2015
Manoel de Barros
Las mariposas me invitaron a ellas.
El privilegio insectal de ser una mariposa me atrajo.
Seguro que yo tendría una visión diferente de los hombres y de las cosas.
Imaginaba que el mundo visto por una mariposa sería,
por supuesto, un mundo abierto a los poemas.
Desde aquel punto de vista:
Vi que los árboles son más competentes en auroras que los hombres.
Vi que las tardes están más aprovechadas por las garzas que por los hombres.
Vi que las aguas tienen más calidad para la paz que los hombres.
Vi que las golondrinas saben más de lluvias que los científicos.
Podría contar aún muchas cosas que pude ver desde el punto de vista de una mariposa.
Allí incluso mi fascinación era azul.
☛ Manoel de Barros. Borboletas (antologiasborboletas.blogspot.com)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2015
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Borboletas
Borboletas me convidaram a elas.
O privilégio insetal de ser uma borboleta me atraiu.
Por certo eu iria ter uma visão diferente dos homens e das coisas.
Eu imaginava que o mundo visto de uma borboleta
Seria, com certeza, um mundo livre aos poemas.
Daquele ponto de vista:
Vi que as árvores são mais competentes em auroras do que os homens.
Vi que as tardes são mais aproveitadas pelas garças do que pelos homens.
Vi que as águas têm mais qualidades para a paz do que os homens.
Vi que as andorinhas sabem mais das chuvas do que os cientistas.
Poderia narrar muitas coisas ainda que pude ver do ponto de vista de uma borboleta.
Ali até o meu fascínio era azul.
29 de diciembre de 2015
Intangibles,
he trazado endebles, tenues
líneas a mi alrededor que no debo
cruzar ni dejar que cruces.