25 de marzo de 2015

João Cabral de Melo Neto

El número cuatro

Es el número cuatro hecho cosa
o la cosa por el cuatro cuadrada;
sea espacio, cuadrúpedo, mesa,
siempre está racional en sus patas;
cosa plantada, al margen y encima
de todo lo que intenta agitarla,
inmóvil al viento, terremotos,
del mar marea o del mar resaca.
Ni el tiempo, que ama lo impar inestable,
puede contra esa cosa, o evitarla,
pues la rueda, criatura del tiempo,
es una cosa en cuatro, gastada.



☛ João Cabral de Melo Neto. O número quatro (ditirambospoesia.wordpress.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2015


                    ∼

O número quatro

O número quatro feito coisa
ou a coisa pelo quatro quadrada,
seja espaço, quadrúpede, mesa,
está racional em suas patas;
está plantada, à margem e acima
de tudo o que tentar abalá-la,
imóvel ao vento, terremotos,
no mar maré ou no mar ressaca.
Só o tempo que ama o ímpar instável
pode contra essa coisa ao passá-lá:
mas a roda, criatura do tempo,
é uma coisa em quatro, desgastada.


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22 de marzo de 2015

Moncho Alpuente

Danza de los orangutanes

Antropoides con corbata
y otros con el pecho lleno
de [medallas] de hojalata.

Antropoides humanoides
con tendencias esquizoides,
grandes monos con cartera,
gorilas con cartuchera.

Pobre Darwin… —Pobre Darwin…—
pobre Darwin si viviera.
¡No vive! ¡No vive! ¡No vive!
¡Que no vive!

Tecnócratas platirrinos,
grandes monos asesinos,
chimpancés consumidores
y mandriles entre flores.

Ahora es un mono gibón
quien preside la reunión,
y promete —¿qué promete?—
¡aumentar los cacahuetes!
Manííí…

Veinte monos con diarrea
reunidos en asamblea,
discutiendo con desgana
el déficit de banana.
Banana, banana, bananahhh…

Monos que dirigen cine
o fabrican calcetines.
Chimpancés aficionados
al estudio de mercados.

Orangutanes cantantes
de ritmos elucubrantes
y monas de exportación
que van a la Eurovisión.
Oh ah, oh ah… ¡Ahhh!

Cuadrumanos que, a su vez,
hacen todo con los pies
mientras que el mono desnudo
sufre la ley del embudo.
Udo, udo, udohhh…

La humanidad oprimida
por mil simios homicidas
y Tarzán, que no hace nada
por evitar sus monadas.
Nada, nada, nada…



☛ Desde Santurce a Bilbao Blues Band. Danza de los orangutanes (youtube)


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21 de marzo de 2015

El viento en el faro



Ven a volar,
podrás seguir preguntándotelo
hasta el final de las algas,
pero no te quedará más remedio
que aguantarte y flotar los días

en la convexidad del mar,
en la humedad del río,
allí donde el orden regresa al caos,
el mapa no está equivocado
aunque le falten pequeños detalles,

tampoco nunca a mí,
el arroyo entre los tojos,
la hosca y helada belleza
de las yermas islas del norte,
los pájaros sobrevuelan la duna,

la orilla y los arrecifes,
cuando el conejo perdió su reflejo,
no sabes quién eres a mediodía
y ya esa misma madrugada
crees que puedes entenderlo todo,

vuelven las aves al negro oleaje
desde el principio del viento,
agua de muerte y de vida,
dibuja el pez arabescos
en la honda humedad del río,

donde se oculta el frío,
saliva sudor y semen,
polvo en la arena,
huelo el humo, avento el viento,
subiendo voy, bajando vengo,

jusqu’ à la fin, en pleine soleil,
y en los meandros yo me entretengo,
ahuyento el viento,
por las mimbreras desgasto el tiempo,
en la fría profundidad del río,

después de la noche de fin de año
el faro alumbra sobre la peña,
pájaros vuelan,
el viento revuelve, canas,
las cabelleras de las negras olas

que las sirenas cabalgan,
tampoco creo
que nunca me susurraran a mí,
quizá podrías probar
a dejarlo todo tal como está

en el envés del azogue,
espejos y espejos, nuevos espejos
lanzando a lo lejos viejos reflejos,
esta es la mentira en la que creemos,
arena lluvia sal,

venid y oíd,
cervezas enlazadas en canciones,
sabida oscura duda:
corazón de saliva en el cristal,
ven a bailar

al cíclico círculo intemporal,
dame spritz y sexo astral,
puedes seguir preguntándote
cuál es la esquiva pregunta
y recontando en la pared

los azulejos del cuarto de baño,
el viento es fugaz testigo
de la fugacidad de la roca,
de la eternidad del silencio
y de la vanidad de las promesas

que se hace el hombre a sí mismo,
ponme otro spritz
mientras los pájaros marinos
vuelan hacia el interior del océano,
mar afuera,

donde habita la irrealidad,
aceleras un poco más,
el faro sobre el peñasco
ya no vigila el mar,
acaso los ocasos

son trozos de pedazos,
la solución origina el problema
y la pregunta resuelve el enigma,
acaso los acasos
son subterfugios del caos,

se desmenuza la arena en la playa
rodando en la arena
y vuelan lejanos los pájaros
sobre la lacia luz,
hacia la densidad de la neblina

donde el conejo perdió su reflejo,
sin saber de los embustes
que el niño le cuenta al mar,
sujetas firme el volante,
el faro sobre la peña,

acero en la piedra, sangre en la roca,
las olas constantes como el silencio
son un rumor allá abajo,
entre la espuma y las algas,
tal vez aún pueda amanecer,

solo tendrás la respuesta
cuando conozcas cuál es la pregunta,
ni un chillido, ni un graznido,
la bruma en la línea del horizonte
mira pasar a los pájaros,

charranes, fumareles y pagazas,
hacia el final del mar,
fría humedad en el aire,
se ha detenido el motor
contra el gastado granito del faro,

olas, viento, voces,
y cuando sepas cuál es la pregunta
entenderás la respuesta,
suave en las algas mojadas
ahora empieza a llover
…

egm. 2015

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11 de marzo de 2015

Álvaro Cunqueiro

Postrera elegía a Manuel Antonio

Diríamos que piedra para tu frente fría
—para tu alma mar y viento duro—.
Tú sí poeta, fallecido de algas verdes
tu único cuerpo, silencioso y breve.

Ahora escucha ahí, en ese otro lado,
donde a las mareas y a Dios y a la sombra toda
como el Nordeste se repite, fondo extraño,
viajero antiguo, gaviota en tu sangre.

Nosotros no lloramos. Finalmente tristes
desconsolado oído inacabable somos.



☛ Álvaro Cunqueiro. Derradeira elexía a Manoel Antonio (books.google.es)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2015


                    ∼

Derradeira elexía a Manoel Antonio

Diríamos que pedra para a túa fronte fría
—para a túa ialma mar e vento duro—.
Ti sí poeta, fenecido de algas verdes
o teu único corpo, silencioso e breve.

Agora escoita ehí, nese outro lado,
onde ás mareas e a Deus e á sombra toda
coma o Norés se repite, fondo estrano,
viaxeiro antergo, gueivota no teu sangue.

Nós non choramos. Finamente tristes
desconsolado ouvido inacabábel somos.


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10 de marzo de 2015

Hadi Kurich

Alicia
(fragmento de la escena IV)

CONEJO: (Entrando) ¡Llego tarde! Por mis bigotes que llego tarde, y la Reina no me perdonará, pobre de mí. Me cortará la cabeza y la culpa de todo esto la tienes tú.
ALICIA: No entiendo. ¿De qué me está hablando?
CONEJO: ¡Ladrona! ¿Dónde está mi abanico?
ALICIA: ¿Qué abanico?
CONEJO: Mi abanico.
ALICIA: Probablemente donde lo dejó.
CONEJO: ¡Mentira! Lo dejé aquí. Aquí mismo cuando hablaba con el Árbol y ahora no está.
ALICIA: Mire, lo buscaremos por aquí y seguro que lo encontraremos.
CONEJO: ¡No!
ALICIA: ¿Por qué no?
CONEJO: Porque me parece muy sensato, y eso no es propio de un ministro.
ALICIA: Yo no lo he visto, de verdad. ¿Seguro que estaba aquí?
CONEJO: Claro que sí. ¡Ladrona!
ALICIA: Y ¿qué dice que ha perdido?
CONEJO: Mi reloj. Y no lo he perdido.
ALICIA: ¿Reloj?
CONEJO: Bueno, ¡mis gafas de sol!
ALICIA: ¿No dijo antes que fue el abanico lo que perdió?
CONEJO: Sí, abanico. Pero da lo mismo. Lo importante es que creo que lo robaste tú.
ALICIA: Que lo crea no es suficiente para acusar a alguien. Hay que tener pruebas.
CONEJO: El Árbol es mi testigo.
ALICIA: ¿Qué dice? Si el Árbol duerme como un tronco.
CONEJO: Aquí mi palabra es una prueba suficiente. ¿Sabes con quién estás hablando?
ALICIA: Con un conejo bastante extraño.
CONEJO: Loco, querrás decir.
ALICIA: Hombre, si insiste.
CONEJO: Insisto. Porque soy el ministro de la Locura de este país.
ALICIA: Encantada.
CONEJO: Yo no. Tengo muchísima prisa por llegar a la Corte y tú no me dejas.
          (El Conejo pone la mano esperando un soborno)
ALICIA: ¿Pero qué tengo que ver yo?
CONEJO: Todo. Si te esforzaras un poco.
          (Pone la mano de nuevo. Ella no reacciona.)
El abanico es un regalo de la Reina y si aparezco sin él, me cortará la cabeza. Tenías que haber robado otra cosa.
ALICIA: ¡Pero yo no he robado nada!
CONEJO: ¡Anda ya! ¿Sabes qué voy a hacer?
ALICIA: Ni idea.
CONEJO: Te acusaré del robo ante la Reina y así ella te cortará la cabeza a ti y no a mí.
          (Pide el soborno otra vez. Alicia, enfadada, le golpea la mano.)
Te arrepentirás. Voy a la Corte enseguida. Adiós.
ALICIA: Eso no es justo. Además, yo también quiero hablar con la Reina. Necesito su permiso para salir de aquí.
CONEJO: No es mi problema.
ALICIA: ¡Pero sí que es el mío y se supone que los ministros tendrían que preocuparse por los problemas de los demás.
          (El Conejo ya se ha marchado)
Demasiado tarde. Ya se ha ido. Pobre país que tiene un ministro de locura.
GATO: (Off) ¿Quieres decir que el tuyo no lo tiene?
(…)



☛ Hadi Kurich. Alicia (books.google.es)


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6 de marzo de 2015

Juan-Eduardo Cirlot

Tres símbolos

Mi conocimiento de la simbología solo secundariamente proviene de libros, y del contacto personal con el doctor Marius Schneider. Con frecuencia, mis sueños, poemas e incluso actos de mi existencia poseen un carácter «otro» que me obliga a buscarles un sentido: ese significado suele ser simbólico y me revela verdades «objetivas», que luego corroboro en obras de simbólogos, o que permanecen en estado, bien sea de problema resuelto provisionalmente por mi intuición, o de problema no resuelto, abierto a la claridad de un amanecer sin día, como cuerda que pende en el vacío.


Carcassonne

Hacia 1960 fui a la ciudad de Carcassonne, solo, en enero. Desde siempre, atraído como me siento por todo lo medieval, había anhelado contemplar sus murallas y torres; pero en aquel momento no solo era esto. Percibía que alguien o algo «me llamaba» desde allí. Llegué a Carcassonne a las once de la noche, fui al hotel, donde pasé la noche en vela y, a la mañana siguiente, me dirigí desde la ciudad baja a la «cité», en lo alto de una colina, con su doble recinto, sus agujas restauradas por Viollet-le-Duc (abusivamente, suele decir se). Era un día gris, llovía. Me paseé incansable, hice la circumrotación de la ciudad murada tres veces, por el exterior, por lo alto de los muros, por el interior, y oí misa en la iglesia gótica, maravillosa, que se halla dentro del recinto murado. Por la tarde, me acerqué de nuevo; no llovía, me senté en el campo cerca de las más altas torres. Luego, recorrí la ciudad baja, asistí a un oficio religioso en una iglesia de ella. Regresé al hotel, y tras otra noche de insomnio emprendí el regreso a Barcelona. En el tren, cerca de Narbonne me hice casualmente un corte terrible en la mano derecha, con una bombilla del lavabo. Significación: yo no era digno de penetrar en el «recinto» y me herí, castigándome inconscientemente por mi audacia. Quien me llamó tampoco había creído que tenía «aún» que acercárseme. O existía solo en mi imaginación. Pero, por qué existía (y existe)?


Blanco y azul

En un tiempo no muy lejano tuve casi una pequeña colección de obras de arte actual. Entre ellas había dos obras extraordinarias: un cuadro azul y otro blanco, abstractos. Me atraían mucho. Pero mi sentimiento era ambiguo, ambivalente. Primero sentí necesidad de desprenderme del cuadro azul, luego del blanco. Años más tarde recordé que, en el umbral de mi adolescencia, me habían regalado dos libros cuyos temas eran del mayor interés para mí: uno de ellos versaba sobre los persas y sus conquistas militares; el otro sobre las tribus de amerindios. La encuadernación de ambos era en tela; la del uno, en blanco; la del otro, en azul. No tardé en venderlos, impulsado por una fuerza superior y sintiéndolo mientras lo hacía. Solo en fechas muy recientes he empezado a entender el posible sentido de este doble desprendimiento análogo. Cuando trabajé sobre simbología intensamente (1954-1958), no averigüé nada, ni el problema me llamó la atención —pues aún no se había producido el hecho de los cuadros—; pero hará dos años vi una película cinematográfica vulgar, protagonizada por Kirk Douglas, cuyo argumento aludía a la lucha contra los nazis por la resistencia escandinava. Continuamente el paisaje era «azul» (cielo) y «blanco» (nieve, que cubría la tierra).
Entonces comprendí que el eje blanco-azul es descendente, es decir, contrario al eje blanco-rojo (ascendente, en alquimia, conducente al «aurum philosophorum») y que, de otro lado, el eje azul-blanco evocaba la muerte, pues señalaba el paso del cielo a la tierra (la nieve es tierra transfigurada, o agua solidificada, siendo la humedad lo propio del reino de los muertos). Nada peor, pues, que permanecer frente a lo azul y lo blanco, para el inconsciente de quien no quiere desprenderse aún de su existencia vital, de su vida instintiva.


El despeñado

En mi infancia veía con frecuencia un libro de grabados, e inadvertida pero invariablemente, mi mirada se detenía en uno, que representaba a un joven muerto, caído al pie de un acantilado. En letras todavía decimonónicas se leía: «El despeñado». ¿Por qué, entonces, me sugestionaba tanto esa imagen? Hace pocos años, al ver en el cine la mediocre «Cleopatra», de Manckiewicz (con escenas extraordinarias de «lo romano» como la defensa de la Puerta de la Luna de Alejandría por la «tortuga» legionaria y la cremación de los cadáveres tras Farsalia), oí a César, mejor dicho, a Rex Harrison, referirse angustiadamente a los sueños en que se veía caído, despeñado desde su «altura». ¿No es la angustia de no ser, de haber caído de lo que he llegado a ser, o creído que he llegado a ser, el motivo permanente de mi tortura moral?



Juan Eduardo Cirlot. Tres símbolos, publicado en ☛ La Vanguardia Española (p. 17) el viernes 13 de diciembre de 1968


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24 de febrero de 2015

Viciotez



Creer que los demás
son tontos es el vicio recurrente
de los mentecatos.

egm. 2015

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19 de febrero de 2015

Son



Esa luz en sus flores,
ese sol en su mar,
ese rayo en sus nubes,
ese eco en sus rocas,
van.

Ese sol en sus flores,
ese rayo en su mar,
ese eco en sus nubes,
esa luz en sus rocas,
van.

Ese rayo en sus flores,
ese eco en su mar,
esa luz en sus nubes,
ese sol en sus rocas,
van.

Ese eco en sus flores,
esa luz en su mar,
ese sol en sus nubes,
ese rayo en sus rocas,
van.

Esa luz en sus flores,
ese sol en su mar,
ese rayo en sus nubes,
ese eco en sus rocas,
son.

egm. 2015

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10 de febrero de 2015

Joe Strummer

Los Siete Magníficos (The Magnificent Seven)

¡Ring! ¡Ring! ¡Las siete de la mañana!
Muévete y sal de la cama.
El agua fría para empezar
te devuelve a ese horrible lugar.
Ruines comerciantes y vosotros banqueros,
debéis levantaros y seguir el sendero.
El hombre del tiempo y el loco del jefe,
uno dice que sol y el otro que nieve.
Onda media, efe-eme y por la tarde también
poniendo pachanga a tutiplén
te levantan y te obligan a salir,
¿pero cuánto tiempo vas a resistir?
Quiero Sony, quiero Honda,
muy barato pero se desfonda.
Dólares de Hong Kong y céntimos de Nepal,
libras inglesas y un penique esquimal.

¡Todos vosotros! ¿Qué?
¡No os paréis! ¡Dadlo todo!
¡Todos vosotros! ¿Qué?
¡No os paréis! ¡Sí!


Trabajando por un ascenso, mejoro mi situación.
Llevo a mi chica a la sofisticación.
Ella ha visto el anuncio y parece que le vale.
Mejor currar duro… Ya he visto a cuánto sale.
No importa si el autobús ya ha pasado,
hay que trabajar… y tú sigues liado.
Los relojes van despacio en el tajo,
los minutos se arrastran, las horas cuesta abajo.

¿Cuándo voy a decirles lo que hago ahí?
¡Un momento, tío… Charly, así!
Dile cha-cha-cha-chao al jefe.
Con nuestro beneficio ellos pierden.
Pero la campana del almuerzo suena sola.
¡Tienes una hora para estar a tu bola!
¡Hamburguesa-con-queso!

¿Cómo podemos pasarlo bien?
Polis sacudiendo a un gitano en el arcén.
¡Dan las noticias. Pon atención!
Los dentistas alunizan en su convención.
Un gángster en la costa dispara a una langosta,
la marisquería está fuera de control.
¿Un coche en la nevera
o una nevera en el coche?
Los cowboys en Telelandia hacen su rol.

Todos vosotros! ¿Qué?
¡No os paréis! ¿Eoh?
¡Todos vosotros! ¿Qué?
¡No os paréis! ¿Eoh?


Así que vuelve al curro y suda un poco más.
El sol se hundirá y por la puerta al fin saldrás.
Que el hombre trabaje en jaulas está mal.
Patea la ciudad, se bebe el jornal.
Te vas impacientando, estás sudando,
¿pero sabes que no consigues nada?
¿Nunca te has parado para volver a empezar?
Para cambiar de marcha tu coche.
¿Nunca te has parado para volver a empezar?
Para cambiar de marcha tu coche.
Carlos Marx y Fredrich Engels un día
pagaron en la caja de la cafetería.
Marx no tenía pasta pero sí que pensaba,
y Engels puso el penique que le faltaba.

¿Qué hemos logrado? Pues sí.
¿Qué hemos logrado?
¡¡Magnificencia!!
¿Qué hemos logrado?


Luther King y Mahatma Gandhi
fueron al campo a ver un partido, pero
los asesinaron los del equipo rival
cuando iban ganando por 50 a cero.
Puedes ser real o puedes ser falso,
pero obtendrás el mismo pago.
Sócrates y Milhous Nixon,
ambos hicieron el mismo camino… por la cocina.
El griego Platón o Rin Tin Tin, ahora
¿quién es más famoso para los miles de millones?
Últimas noticias: Periquito tragado por la aspiradora.

¡Oooohh… Cha-chao!
¡¡Los Siete Magníficos!!
¡¡Los Siete Magníficos!!


…


Jodiendo to’l rato, ¿a que sí?




☛ The Clash. The Magnificent Seven (youtube)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2015



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7 de febrero de 2015

Joan Perucho

Las arañas

La joven y bella condesa iba muy a la última moda y surgía ante los deslumbrados ojos masculinos vistiendo estrechos pantalones acampanados y entallado chaquetón de pana color ciclamen. Su marido, el conde de Clathz, entomólogo de profesión, era un tipo siniestro a lo Erik von Stroheim, siempre con el cráneo rapado y usando monóculo, polainas y jerseyes de cuello alto doblado. Llevaba perpetuamente enfundadas sus manos en guantes de reluciente cuero negro.
Por el contrario, la belleza de la condesa se apoyaba en el puro idealismo que le conferían su larga cabellera rubia, su tez pálida y sus ojos azules. Era una preciosidad. Leía a Novalis, hablaba con voz suave e interpretaba al piano por las noches, junto a la encendida chimenea del gran salón del castillo, la música evanescente de Claude Debussy. Su marido, entonces, hundido en una mullida butaca, entornaba los párpados y hacía rechinar sus enguantadas y escalofriantes manos.
La cosa se puso fea cuando la policía intervino en la muerte misteriosa de Matías, el mayordomo. El forense dictaminó que Matías había muerto de miedo, y los agentes practicaron un registro minucioso por todas las dependencias del castillo. En el sótano se hallaron seis monstruosas arañas, de la especie de la Mygala, grandes como mastines, silbando amenazadoramente. Cuando los horribles bichos vieron llegar a la condesa conducida por los agentes, se calmaron y fueron a acurrucarse voluptuosamente a sus pies. Tres de los policías se desmayaron ante tal abominable espectáculo.
El conde y la condesa de Clathz fueron declarados locos de atar, y se les puso en seguida la camisa de fuerza. Los monstruos fueron destruidos con lanzallamas del Ejército. En el gabinete de la condesa se encontraron libros de magia y abundante correspondencia infernal. Una de las cartas estaba redactada en los siguientes sibilinos términos:


A la condesa de Clathz.

Abominación de la detestación, terremoto, diluvio, tempestad, viento, cometa, planeta, océano, flujo, genio, silfo, sátiro, adríada y amadríada.
El mandante del gran genio del mal, aliado de Belcebú, compañero de armas de Astarot, triunfador y seductor de Eva, autor del pecado original y ministro del zodíaco, tiene derecho de poseer, atormentar, punzar, perfeccionar, excitar a la naturaleza impotente, quemar, envenenar, dar de puñaladas y acosar con las arañas a la humanidad entera por haber ultrajado la naturaleza y haber desoído y maldecido a la muy honorable sociedad mágica; cuyas armas, en fe de todo esto, hemos mandado fijar.
Hecho en el sol, frente a la luna, el gran ministro plenipotenciario, el 5.818 día y la 1.819 hora de la noche, gran cruz y tribuno de la sociedad mágica. El presente poder tendrá efecto incluso sobre Cocó
(era la ardilla del conde Clathz, muy odiada por la condesa y sus arañas).
Thesaurochrysonicochrioydes
Por su excelencia, el secretario
Pinchichi-Pinchi.


También se encontraron entre los papeles de la condesa (que según se vio después combinaba la brujería con la ciencia entomológica de su marido), detalladas acotaciones sobre las propiedades mágicas de distintas arañas: la “tejenaria”, la “epeira diadema”, la “licosa de Narbona”, la “salticus”, e incluso la “tarántula” y la “viuda negra”, tan temidas por su picadura. Había asimismo antiguos y polvorientos tratados sobre tales artrópodos, los cuales no siempre fueron funestos, como lo atestigua la noticia de que Pablo V gratificó a una hermandad con las llamadas “indulgencias de las arañas”.
Lo que más llamó la atención fue, escrita de puño y letra de la condesa, la relación de lo que le aconteció, cuando iba de viaje, a un antepasado suyo, el mariscal de Sajonia. De tal noticia he hallado confirmación en Collin de Plancy, el célebre demonólogo, el cual afirma que el mariscal de Sajonia, al traspasar una aldea, acostóse en una cabaña infestada de aparecidos que ahogaban a los viajeros; se citan de ello numerosos ejemplos. Mandó, pues, a su criado que velase una mitad de la noche, diciendo que le cedería su cama para dormir la otra mitad y velaría él a su vez. A las dos de la mañana nada había aún aparecido cuando el criado, sintiéndose los ojos pesados, fue a despertar a su dueño, que no respondió, y creyéndole aletargado por el sueño le sacudió, una y otra vez, inútilmente. Asustado, toma la luz, levanta las sábanas y ve al mariscal bañado en sangre. Una araña monstruosa le chupaba el pecho izquierdo. Cae el criado de rodillas, reza un padrenuestro y ve que la araña disminuye de tamaño progresivamente hasta quedar normal, aunque hinchada y furiosa. Corre entonces, toma unas tenazas para combatir con este enemigo de nueva clase, coge la araña y la arroja al fuego, produciéndose un humo pestilente y grandes y cavernosos gritos. Hasta después de un largo adormecimiento no pudo recobrar sus sentidos el mariscal, y desde entonces no se oyó hablar más de aparecidos en aquel lugar.
Quizás esta historia determinase la extraordinaria locura de la condesa de Clathz, y le viniera de herencia lo de las arañas. Todo era muy raro, y fue prolijamente comentado por la prensa mundial. Lo cierto es que, no habiéndose encontrado explicación plausible al crecimiento inaudito de los repugnantes animales, todo quedó sumido en el más profundo misterio. Recientemente se rodó una película con este argumento.
La bella condesa sanó muy pronto de su enfermedad, y los médicos le dieron el alta. En cambio, el conde se hundió rápidamente en la decrepitud, y babeaba por los rincones. Al salir del manicomio, Karin —que este era el nombre de pila de la condesa— dejó de usar su título y montó una tienda de modas en “Carnaby Street”.
Ahora, un amigo mío me ha escrito desde Londres contándome que la atractiva y elegante Karin Clathz, habiendo enviudado del conde, se ha casado con un fotógrafo de moda y se ha convertido en una potencia en la edición y lanzamiento de “posters”. En uno de ellos, puede verse a Jane Fonda interpretando el papel de Barbarella, una Barbarella aterrorizada y retenida por algo así como vivientes lianas o finas y largas patas de arácnidos. Es, desde luego, un “poster” muy bonito, pero que muy bonito y audaz.



Joan Perucho, en Nicéforas y el grifo (Editorial Taber, 1968)


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