4 de diciembre de 2013

Fernando Pessoa

Soy un evadido

Soy un evadido.
En cuanto nací
en mí me encerraron;
ay, pero yo hui.

Si todos se cansan
de un mismo lugar,
¿de su mismo ser
no se han de cansar?

Mi alma me busca,
mas yo ando en el monte;
ojalá que ella
jamás sepa dónde.

Ser uno es la cárcel;
ser yo es no ser.
Huyendo yo vivo,
mas vivo a placer.



☛ Fernando Pessoa. Sou um evadido (arquivopessoa.net)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Sou um evadido

Sou um evadido.
Logo que nasci
Fecharam-me em mim,
Ah, mas eu fugi.

Se a gente se cansa
Do mesmo lugar,
Do mesmo ser
Por que não se cansar?

Minha alma procura-me
Mas eu ando a monte,
Oxalá que ela
Nunca me encontre.

Ser um é cadeia,
Ser eu não é ser.
Viverei fugindo
Mas vivo a valer.


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25 de noviembre de 2013

El trozo de gris



Lobo en el antro, araña en la grieta,
y yo piso con pies de fuego,
la zorra blanca embobada perdió
su nueva tarjeta de memoria,
crece, lunita, medra,

cuando los ordenadores
ya cabían encima de las mesas,
de aquellos puntos vienen estos píxeles,
¿quién tú eres?
ah, este es el revirihondo enigma,

los cormoranes en el muelle
corroboran la fluidez del océano,
vuelve a posarse el sol en la otra orilla,
el tiempo va sumergiéndose
en el vórtice de cada galaxia,

dicen gutti, tutti frutti,
desciende el río hacia la ría,
y caminábamos los dos y el perro
por el camino viejo de la sierra,
un lóbrego resplandor

contra las evanescentes estrellas,
acechan fresnos y abedules
de silenciosas ramas deshojadas,
tutti frutti, a-wop-bom-a-loo-mop,
el tiempo se extasía

en la inexactitud de las olas,
brota, entre un recuerdo nunca olvidado
y el deseo jamás concluido,
la baba de la zorra albar,
no todo bosque es frondoso

ni estéril todo desierto,
hay vientos sin nombre
y búhos, cuervos cautelosos,
la sonrisa, tímidamente obscena,
de una foto desencuadrada

y el dedo corazón alzado,
entonces un teléfono
ya no era un chisme en la punta de un cable,
olía a aliento de dragón,
ebrios tramperos en el bosque

resbalando sobre la nieve
rastrean bajo la puesta de sol
un gris preciso en el crepúsculo
que no late en ningún otro lugar,
a-wop-bom-a-loo-mop-a-lomp-bom-bom,

se abre la flor del baobab,
oh, en mis habitaciones polares,
el tiempo flota, el tiempo
vaga en la inexactitud de las olas,
la bestia aterradora en la cellisca,

aún en el son bailando voy
del agua fría
pensando en que si gustaría
no ser quien soy,
té y coñac en el albergue

donde los urogallos disecados
atestiguan que entonces la crueldad
era tan primitiva como siempre,
el alto sendero del puerto
y la profunda umbría misteriosa,

lobo rojo en la marisma,
bestia descorazonada,
arrepiéntete de ser como eres,
araña en la argaña, lobo en el pobo,
el señor de Gingiz huyó a Harar,

la brisa del verano
lleva hasta el otoño sobre las olas
inexactas del océano
fotones del final del universo,
pertenezco a la oscuridad y solo

la oscuridad me pertenece:
v = Hₒ D,
todo universo mengua
antes de llegar a medrar,
y no me reconozco en los cristales

ni en la birrefringencia de estos plásticos,
hoy es solo otro día extraño
en otro invierno sin tiempo,
quizá algún esquivo ruido en la niebla
y en las dudas de la luz,

gira el teleidoscopio del astrónomo,
pero en la jungla aún juega el jaguar
que no podrá nunca cambiar sus manchas
ni arrepentirse de tenerlas,
a-lomp-bom-bom, hey ho, hey ho,

el chamán monta a la serpiente cuántica,
entonces los caleidoscopios
tenían tanta magia como ahora,
milanos, huidizas cornejas,
se posa el sol,

rebrillan en la otra orilla
el fracaso y la viscosa derrota,
aquel viento sin brújula ni nombre,
con el agrio graznido
en el claro surgió el gris,

era enfermizo y pernicioso el juego,
circundando una montaña azulada,
el gris crepuscular buscado,
cazado en la trampa de la retina,
incierto futuro en tiempos cambiantes,

el cormorán no recuerda el verano,
al repuntar la marea
te contaré mi historia en la otra orilla,
alguna de esas cuestionables
experiencias que solo sabe el río,

de la saliva de la zorra
y la garganta del dragón,
arrepiéntete de ser lo que eres,
hijo de un viento desnortado,
hey ho, lets go, blitzkrieg bop,

el cormorán ignora
quién se bañaba desnuda en las rocas,
quedan las conchas
junto a las algas fluctuando en la orilla,
en la autodestrucción del superhéroe

resulta el mundo destruido también,
el faro extraviado
cuenta romances nuevos a la espuma,
blancos, lilas, añiles, y ese gris,
el gris fundente,

bajo la arena de la playa
se escurre el semen rechazado,
el gris licuante,
único del crepúsculo de invierno,
fijado finalmente en la memoria

sin píxeles ni negativo,
bébeme, trágame entero,
nebulosa luz de otro universo,
la brisa de otoño,
nacida en los vapores del verano,

ora a la diosa prostituta,
tutti frutti, oh Guti, tú
¿quién eres, cabeza de can?
yo no te reconozco en las baldosas
de los pasillos del tiempo,

la brisa de otoño anticipa
que el invierno no se olvida
de ejecutar su rito en el tablero,
¡oh, hey!, alfil de dama a rey,
Gorlois derrotó al señor de Gingiz,

roqueo al este y al oeste,
aquel trozo de océano será
todo mi legado a la humanidad,
noche cegada,
indeleble como un beso

bajo los pinares nevados,
y también entonces,
zorra blanca en tanga azul,
entonces las cámaras fotográficas
eran tan prescindibles como ahora
…

egm. 2013

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15 de noviembre de 2013

Fernando Esquío

Las aves a mi amigo

Vayamos, hermana, vamos a dormir
a orillas del lago donde yo cazar vi
las aves a mi amigo.

Vayamos, hermana, vamos a jugar
a orillas del lago donde vi cazar
las aves a mi amigo.

A orillas del lago donde yo cazar vi,
su arco en la mano, a las aves herir,
las aves a mi amigo.

A orillas del lago donde vi cazar,
su arco en la mano, a las aves tirar,
las aves a mi amigo.

Su arco en la mano las aves herir
y a las que cantaban dejarlas huir,
las aves a mi amigo.

Su arco en la mano, a las aves tirar
y a las que cantaban no quiere matar,
las aves a mi amigo.


Nota de Projeto Littera
Una de las más justamente célebres cantigas de amigo de los Cancioneros, esta composición de Fernando Esquío es también un ejemplo logrado del modo en que el arte gallego-portugués es capaz, a veces, de crear un cuadro de gran complejidad poética, recurriendo a formas y elementos aparentemente muy sencillos.
Una joven desafía a su hermana para que ambas vayan a dormir y holgar (y la secuencia de estos verbos no es fortuita) a las orillas del lago, donde sabe que su amigo va, con su arco, a la caza de aves. En las dos estrofas finales, ella añade que él no pretende matar a las que cantan.
Pero si lo que esta voz femenina dice es relativamente simple y casi elemental, es en lo que ella sugiere (pero no dice) donde tendremos que buscar las pistas que conducen a este universo de sutil sensualidad, armónico con el cuadro natural en que la escena se desarrolla. El lector puede así intentar percibir, por ejemplo, el valor simbólico de las aves en el poema, el contraste entre lo femenino y lo masculino (en particular, el papel de la caza y del arco), o aun la mezcla de osadía y recelo con que el trovador dibuja, de forma notable, la figura intemporal de una joven enamorada.



En catalán

Anem hi, germana, anem hi dormir
a vores del llac on caçar he vist
les aus a mon amic.

Anem hi, germana, anem hi jugar
a vores del llac on he vist caçar
les aus a mon amic.

A vores del llac on caçar he vist,
son arc a la mà a les aus ferir,
les aus a mon amic.

A vores del llac on he vist caçar,
son arc a la mà a les aus tirar,
les aus a mon amic.

Son arc a la mà a les aus ferir,
i les que cantaven deixar-les fugir,
les aus a mon amic.

Son arc a la mà, a les aus tirar,
i les que cantaven no les vol matar,
les aus a mon amic.


En francés

Allons là, ma soeur, allons nous dormir
au bord là du lac, où chasser je ai vu
aux oiseaux mon ami.

Allons là, ma soeur, allons nous jouer
au bord là du lac, où je ai vu chasser
aux oiseaux mon ami.

Au bord là du lac, où chasser je ai vu,
son arc à la main, les oiseaux blesser,
aux oiseaux mon ami.

Au bord là du lac, où je ai vu chasser,
son arc à la main, les oiseaux tirer,
aux oiseaux mon ami.

Son arc à la main, les oiseaux blesser,
et celles qui chantaient il les laisse fuir,
aux oiseaux mon ami.

Son arc à la main, les oiseaux tirer,
et celles qui chantaient il ne les veut pas tuer,
aux oiseaux mon ami.


En italiano

Andiamo, sorella, andiamo dormire
sulle rive del lago dove io cacciare vidi
agli uccelli il mio amico.

Andiamo, sorella, andiamo giocare
sulle rive del lago dove vidi cacciare
agli uccelli il mio amico.

Sulle rive del lago dove io cacciare vidi,
il suo arco nella mano, agli uccelli ferire,
agli uccelli il mio amico.

Sulle rive del lago dove vidi cacciare,
il suo arco nella mano, agli uccelli tirare,
agli uccelli il mio amico.

Il suo arco nella mano, gli uccelli ferire,
e quelle che cantavano lasciarloro fuggire,
agli uccelli il mio amico.

Il suo arco nella mano, agli uccelli tirare,
e quelle che cantavano non vuole ammazzare,
agli uccelli, il mio amico.


En gallego

Vamos, miña irmá, vamos durmir
na beira do lago onde eu andar vin
ás aves o meu amigo.

Vamos, miña irmá, vamos folgar
na beira do lago onde eu vin andar
ás aves o meu amigo.

Na beira do lago onde eu andar vin,
o seu arco na man, ás aves ferir,
ás aves o meu amigo.

Na beira do lago onde eu vin andar,
o seu arco na man, ás aves tirar,
ás aves o meu amigo.

O seu arco na man as aves ferir
e as que cantaban deixalas gorir,
ás aves o meu amigo.

O seu arco na man, ás aves tirar
e as que cantaban non quere matar,
ás aves o meu amigo.


En inglés

Let's go, my sister , let's go to sleep
on the banks of the lake where I saw to chase
my friend at the birds.

Let's go, my sister, let's go to play
on the banks of the lake where I saw to chase
my friend at the birds.

On the banks of the lake where I saw to chase,
his arch in the hand, at the birds he was wounding,
my friend at the birds.

On the banks of the lake where I saw to chase,
his arch in the hand, at the birds he was shooting,
my friend at the birds.

His arch in the hand, at the birds he was wounding,
and those who were singing he was leaving them to flee,
my friend at the birds.

His arch in the hand, at the birds he was shooting,
and those who were singing he does not want to kill,
my friend at the birds.



☛ Fernando Esquío. Vaiamos, irmana, vaiamos dormir (cantigas.fcsh.unl.pt)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Vaiamos, irmana, vaiamos dormir

Vaiamos, irmana, vaiamos dormir
nas ribas do lago u eu andar vi
a las aves meu amigo.

Vaiamos, irmana, vaiamos folgar
nas ribas do lago u eu vi andar
a las aves meu amigo.

Nas ribas do lago u eu andar vi,
seu arco na mãao as aves ferir,
a las aves meu amigo.

Nas ribas do lago u eu vi andar,
seu arco na mãao a las aves tirar,
a las aves meu amigo.

Seu arco na mano as aves ferir
e las que cantavam leixa-las guarir,
a las aves meu amigo.

Seu arco na mano a las aves tirar
e las que cantavam non'as quer matar
a las aves meu amigo.


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7 de noviembre de 2013

Safo

Atis

[…]
Aunque vive Arígnota en la lejana Sardes,
muchas veces vuelve aquí en su pensamiento.

Cuando vivimos juntas siempre te consideró
cual una diosa,
y en tu canto se gozaba entre todos.
Ahora destaca entre las mujeres lidias
como en ocasiones, tras ponerse el sol,
la luna de sonrosados dedos supera a todas las estrellas,
cubre con su luz las saladas aguas del mar
y también los campos florecidos
por donde el bello rocío se derrama,
donde brotan las rosas y el tierno hinojo
y los tréboles se abren.

Pero a menudo, errabunda por la añoranza
de la dulce Atis, el anhelo en su alma delicada
y la ansiedad en el corazón la devoran.
Y con fuerza nos grita que vayamos con ella,
y su grito, no inadvertido a nosotras,
la populosa noche hace resonar
a través de los mares.

[…]
Y su grito, no inadvertido a nosotras,
en el inmenso espacio hace resonar Himeneo
a través de los mares.



Versión de E. Gutiérrez Miranda, basada en las traducciones de C. García Gual (Antología de la poesía lírica griega, ed. Alianza, 1980), C. Montemayor (Safo. Poemas, ed. Trillas, 1988), J.M. Rodríguez Tobal (Safo. Poemas y fragmentos, ed. Hiperión, 1990) y J. Ferraté (Líricos griegos arcaicos, ed. Sirmio, 1991)



☛ PyoZ ☚

6 de noviembre de 2013

Ezra Pound

Oh Atis (Ίμέρω)

Tu alma
delicada y cultivada en hastíos,
Atis.

Oh Atis,
anhelo tus labios.

Anhelo tus breves pechos,
tú inquieta, inalcanzable.



☛ Ezra Pound. O Atthis (bartleby.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

O Atthis

Thy soul
Grown delicate with satieties,
Atthis.

O Atthis,
I long for thy lips.

I long for thy narrow breasts,
Thou restless, ungathered.


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1 de noviembre de 2013

Gensho / Kaiga

Luciérnagas

Gensho

Un cementerio:
luciérnagas de otoño,
dos o tres.




Kaiga

Extrañas, como mensajeras
vuelan, a un lado y otro,
las luciérnagas.



De Poemas japoneses a la muerte, antología de Yoel Hoffmann (DVD Ediciones, 2000)


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25 de octubre de 2013

T. S. Eliot

Animula

«Sale de la mano de Dios, el alma sencilla»
a un llano mundo de cambiantes luces y ruido,
a la luz, lo oscuro, seco, húmedo, helado o cálido;
moviéndose entre las patas de mesas y sillas,
subiendo o cayendo,
agarrándose a besos y juguetes,
avanzando audazmente, súbitamente alarmándose,
retirándose al rincón de brazo y rodilla,
ansiosa de ser calmada, complaciéndose
en el fragante brillo del árbol de Navidad,
complacida en el viento, la luz del sol y el mar,
estudia el soleado dibujo del suelo
y corriendo permanece en torno a una borla plateada:
confunde lo real y lo imaginario,
satisfecha con los naipes y los reyes y reinas,
con lo que hacen las hadas y lo que dicen los criados.
La pesada carga del alma floreciente
desconcierta y molesta más, día a día,
semana a semana, molesta y desconcierta más.
Con los imperativos del “así parece”
y del se puede y no se puede, deseo y control.
El dolor de vivir y la droga de los sueños
acurrucan a la pequeña alma en el asiento de la ventana
detrás de la Enciclopedia Británica.
Sale de la mano del tiempo, el alma sencilla,
irresoluta y egoísta, deforme, lisiada,
incapaz de ir hacia adelante o retroceder,
temerosa de la cálida realidad, del bien ofrecido,
negando la inoportunidad de la mancha,
sombra de su propia sombra, espectro de su propia penumbra,
dejando papeles desordenados en una polvorienta habitación;
viviendo primero en silencio después del viático.

Ruega por Gutiérrez, ávido de velocidad y fuerza,
por Boudin, reventado en pedazos,
por este, que hizo una gran fortuna
y por aquel que siguió su propio camino.
Ruega por Floret, al que el perro de un patán mató entre los tejos,
ruega por nosotros ahora y en la hora de nuestro nacimiento.



Nota. El primer verso, entrecomillado, procede de Dante, Purgatorio, XVI 85-91: «De la mano de aquel que la acaricia / aún antes de existir, cual la muchacha / que llorando y riendo juguetea, / sale sencilla el alma y nada sabe / salvo que, obra de un gozoso artista, / gustosa vuelve a aquello que la alegra». Y donde aquí Gutiérrez, el original dice Guiterriez.
☛ T. S. Eliot. Animula (blueridgejournal.com)
☛ B. Redford. Soul’s Progress: First and Last Things in Animula (sites.lsa.umich.edu)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013


                    ∼

Animula

'Issues from the hand of God, the simple soul'
To a flat world of changing lights and noise,
To light, dark, dry or damp, chilly or warm;
Moving between the legs of tables and of chairs,
Rising or falling, grasping at kisses and toys,
Advancing boldly, sudden to take alarm,
Retreating to the corner of arm and knee,
Eager to be reassured, taking pleasure
In the fragrant brilliance of the Christmas tree,
Pleasure in the wind, the sunlight and the sea;
Studies the sunlit pattern on the floor
And running stags around a silver tray;
Confounds the actual and the fanciful,
Content with playing-cards and kings and queens,
What the fairies do and what the servants say.
The heavy burden of the growing soul
Perplexes and offends more, day by day;
Week by week, offends and perplexes more
With the imperatives of 'is and seems'
And may and may not, desire and control.
The pain of living and the drug of dreams
Curl up the small soul in the window seat
Behind the Encyclopædia Britannica.
Issues from the hand of time the simple soul
Irresolute and selfish, misshapen, lame,
Unable to fare forward or retreat,
Fearing the warm reality, the offered good,
Denying the importunity of the blood,
Shadow of its own shadows, spectre in its own gloom,
Leaving disordered papers in a dusty room;
Living first in the silence after the viaticum.

Pray for Guiterriez, avid of speed and power,
For Boudin, blown to pieces,
For this one who made a great fortune,
And that one who went his own way.
Pray for Floret, by the boarhound slain between the yew trees,
Pray for us now and at the hour of our birth.


☛ PyoZ ☚

24 de octubre de 2013

e. e. cummings

Mujer, he de tocarte

Mujer, he de tocarte con mi mente.
Tocarte y tocarte y tocarte
hasta que tú me des
de repente una sonrisa, tímidamente obscena

(mujer, he de
tocarte con mi mente). Tocarte
a ti, eso es todo,

suavemente y toda tú has de convertirte
con infinito cuidado

en el poema que yo no he escrito.



☛ e.e. cummings. Lady, i will touch you with my mind (books.google.es)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013 (To The Returning Brunette)

                    ∼

Lady, i will touch you with my mind

Lady, i will touch you with my mind.
Touch you and touch and touch
until you give
me suddenly a smile,shyly obscene

(lady i will
touch you with my mind.)Touch
you,that is all,

lightly and you utterly will become
with infinite care

the poem which i do not write.


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17 de octubre de 2013

Hank Wothreed

Cuadrando el cuadro


Hank Wothreed. The Fusion of Color will Be an Automatic Proposition
(La fusión del color será una proposición automática), 1976

«En el subconsciente no hay absolutamente nada y todo arte supuestamente surgido de él es una absoluta superchería».
Roy Oilonkanvas


☛ PyoZ ☚

8 de octubre de 2013

Lord Dunsany

Betmoria

Hay una sutil frescura en la noche de Londres, como si un viento juerguista después de haber perdido a sus camaradas en las tierras altas de Kent hubiera entrado sigilosamente en la ciudad. El pavimento está un poco húmedo y brillante. En los oídos de alguien que a esta última hora se han agudizado mucho resuena el eco de pasos lejanos. Los pasos se van acercando paulatinamente hasta llenar la noche entera. Y una figura vestida de negro pasa y se pierde en la oscuridad: uno que viene de bailar regresa a casa. En algún lugar un baile ha terminado y cerrado sus puertas. Sus luces amarillas se han apagado, los músicos callan, todos los que bailaban han entrado en el aire de la noche, y el Tiempo ha dicho sobre ello: «Dejad que esto sea pasado y concluido y quede entre las cosas que he apartado a un lado».

Las sombras comienzan a destacarse de sus amplios refugios. No menos silencioso que las alargadas y muertas sombras es el movimiento de los cautelosos gatos hacia sus casas. Así tenemos, aun en Londres, nuestro débil presagio de la proximidad del alba, que los pájaros, las bestias y las estrellas gritan en voz alta a los inmensos campos.

No sé en qué momento percibo que la noche misma ha sido irrevocablemente destronada. De súbito la fatigada palidez de las farolas me revela que las calles permanecen silenciosas y nocturnas todavía, no porque haya fuerza alguna en la noche, sino porque los hombres no han salido aún de su sueño para desafiarla. Entonces veo a guardias abatidos y descuidados llevando mosquetes antiguos en las puertas de los palacios, aunque los reinos del monarca que ellos guardan se hayan reducido a una única provincia que ningún enemigo se preocupa de invadir.

Y se manifiesta en el aspecto de las farolas, esas avergonzadas servidoras de la noche, que ya las cimas de las montañas inglesas han divisado el alba, que los acantilados de Dover se alzan blancos ante la mañana, que la niebla del mar se ha levantado y se extiende tierra adentro.

Y ahora llegan hombres con mangueras y van regando las calles.

He aquí que la noche ha muerto.

¡Qué recuerdos, qué multitud de fantasías en la mente! Sin embargo en este momento una noche le ha sido arrebatada a Londres por la terrible mano del Tiempo. Un millón de cosas artificiales cubiertas momentáneamente por el misterio, como mendigos vestidos de púrpura y sentados sobre temibles tronos. Cuatro millones de personas duermen, soñando quizá. ¿A qué mundos habrán entrado? ¿A quién se habrán encontrado en ellos?

Pero mis pensamientos están muy lejos; con Betmoria en su soledad, cuyas puertas se balancean de un lado a otro. De un lado a otro se balancean, y chirrían y chirrían en el viento, pero nadie las oye. Son de cobre verde, muy bellas, pero nadie las ve ahora. El viento del desierto vierte arena en sus goznes, pero ningún centinela acude para limpiarlos. Ningún centinela ronda las almenas de Betmoria; ningún enemigo las asalta. No hay luces en sus casas, ni pisadas sobre sus calles. Permanece allí en pie, muerta y sola, más allá de los Montes de Hap. Y yo quisiera ver Betmoria otra vez, pero no me atrevo.

Hace muchos años, según me han contado, que Betmoria fue abandonada.

Su abandono se comenta en las tabernas de marineros y algunos viajeros me han hablado de ello.

Yo tenía la esperanza de ver Betmoria otra vez. Hace muchos años, dicen, de la última vendimia en los viñedos que yo conocí, donde todo es desierto ahora. Era un día radiante y las gentes de la ciudad bailaban entre las viñas, mientras aquí y allá alguien tocaba el kalipac. Los frondosos arbustos púrpuras estaban en flor y la nieve brillaba sobre los Montes de Hap.

En el exterior de las puertas de cobre las uvas eran aplastadas en tinajas para hacer el sirabub. Había sido una buena vendimia.

En los pequeños jardines al borde del desierto los hombres golpeaban el tambang y el titibuk y tañían melodiosamente el zotibar.

Todo era alegría y canciones y bailes, porque las viñas habían sido vendimiadas y habría abundante sirabub para los meses de invierno, y aún más para canjear por turquesas y esmeraldas a los comerciantes que descendían de Oxuhan. Así se regocijaron todo el día con su vendimia en la estrecha franja de tierra cultivada que se extiende entre Betmoria y el desierto, el cual va a encontrarse con el cielo hacia el Sur.

Y cuando el calor del día comenzó a menguar y se aproximó el sol a las nieves de los Montes de Hap, las notas del zotibar todavía se elevaban claras de los jardines y los brillantes ropajes de los danzarines revoloteaban aún entre las flores.

A lo largo de aquel día tres hombres habían sido vistos a lomos de mulas atravesando las laderas de los Montes de Hap. Tres pequeñas motas negras contra la nieve se movían atrás y adelante siguiendo las revueltas del camino y descendiendo cada vez más. Se les divisó por primera vez al amanecer sobre las crestas de Peol Jaganoth y parecían provenir de Utnar Vehi. Avanzaron durante todo el día y, al atardecer, justo antes de que la luz se fuera y cambiaran los colores, se presentaron ante las puertas de cobre de Betmoria.

Portaban báculos, como suelen portar los mensajeros en aquellas tierras, y parecían sombríamente vestidos cuando todos los danzarines los rodearon con sus atuendos verdes y lilas. Los europeos presentes que oyeron el mensaje no conocían aquella lengua y solo entendieron el nombre de Utnar Vehi. Pero era breve y corrió velozmente de boca en boca y, casi a continuación, las gentes incendiaron los viñedos y comenzaron a huir lejos de Betmoria, marchando la mayoría hacia el Norte aunque algunos se dirigieron al Este.

Se precipitaron de sus hermosas casas blancas y salieron en tropel por las puertas de cobre. Cesaron repentinamente los latidos del tambang y el titibuk y las notas del zotibar, y el tañido del kalipac se detuvo un instante después.

Tras dar su mensaje, inmediatamente los tres extraños viajeros se volvieron tal como habían llegado. Era la hora en que alguna luz habría aparecido sobre las altas torres y de ventana en ventana habrían fluido en el crepúsculo las luces que espantan al león y se les habría echado el cerrojo a las puertas de cobre. Pero ninguna luz salió de las ventanas aquella noche, ni volvió a hacerlo desde entonces, y las puertas de cobre se quedaron abiertas para no volver a ser cerradas nunca más. Y se alzó el rumor del rojo fuego que crujía en los viñedos y el repiqueteo de pies que escapaban con presteza.

No hubo ningún grito ni ningún otro sonido en absoluto; solo una huida resuelta y apresurada. Todos huyeron tan rápida y silenciosamente como una manada de animales salvajes huye cuando de pronto ve a un hombre. Tal como si hubiera acontecido algo a lo que habían temido durante generaciones, algo que únicamente podría ser evitado con la huida inmediata, sin que pudiera haber tiempo para la indecisión.

Entonces el miedo hizo presa de igual modo en los europeos y ellos también huyeron. Mas nunca he llegado a saber qué decía aquel mensaje.

Muchos creen que era un mensaje de Thuba Mleen, el misterioso emperador de aquellas tierras, nunca visto por hombre alguno, ordenando que Betmoria fuera abandonada en soledad. Otros dicen que era una advertencia de los dioses, pero no saben si de dioses contrarios o amistosos.

Y afirman otros que una plaga devastaba una hilera de ciudades en Utnar Vehi, siguiendo el viento sudoeste que durante muchas semanas había estado soplando a través de ellas hacia Betmoria.

Hay quien dice que los tres viajeros sufrían la terrible enfermedad del gnousar y que las mismas mulas estaban infectadas de ella, y suponen que el hambre los condujo a la ciudad, aunque no sugieren ninguna razón para tan horrible crimen.

Pero creen los más que era un mensaje del mismo desierto, que posee toda la Tierra del Sur, hablando con su peculiar grito a aquellos tres que entendían su voz, hombres que habían permanecido sobre la inhóspita arena, sin tiendas durante la noche, que habían pasado el día sin agua, hombres que habían estado allí donde murmura el desierto y habían llegado a conocer sus necesidades y su malevolencia.

Dicen que el desierto tenía necesidad de Betmoria, que deseó entrar en sus encantadoras calles y enviar sobre sus templos y sus casas su tempestuoso viento cubierto de arena. Ya que él odia el ruido y la vista del hombre en su viejo y perverso corazón, y deseaba tener a Betmoria silenciosa y tranquila, a salvo para él y el amor fatal que le susurra a sus puertas.

Si yo supiera qué decía aquel mensaje que los tres hombres trajeron con sus mulas y comunicaron en las puertas de cobre, creo que hubiera vuelto para ver Betmoria otra vez. Pues me invade aquí en Londres una gran ansia de ver de nuevo la blanca y hermosa ciudad. Y sin embargo no me atrevo, ya que no conozco el peligro al que debería enfrentarme, o si tendría que arriesgarme a la furia de terribles dioses desconocidos, o a alguna enfermedad indecible y lenta, o a la maldición del desierto o la tortura en alguna pequeña cámara secreta del emperador Thuba Mleen, o a algo que los viajeros no han contado… algo quizá más espantoso aún.


☛ Lord Dunsany. Bethmoora (sacred-texts.com)

Trad. E. Gutiérrez Miranda 2013



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