Quizá podrías hacer algo más,
el neón azul, la luna,
la niebla junto al puente, un perro
en la oscuridad, el mar gris,
hay cambios a tu alrededor,
sobre el horizonte y la roca
en erección, el faro, da la vuelta,
la larga recta hasta el final,
cuando crees que has vencido
resulta no ser tan dulce el sabor,
las niñas no saben jugar,
todo está interconectado
en la substancia de los sueños,
el faro completa la peña
en los hombros del mar mayor,
da la vuelta, el jardín de esculturas
cambia con cada temporal,
fascinante extraña fascinación,
ellas escogen un juguete
por su apariencia exterior,
ya no vas a hacer nada más,
cambia en las olas la luz de la playa,
vuelve la lluvia al asfalto mojado,
o simplemente lo eligen
por el diseño o el color,
las montañas se elevan y se hunden,
quieren jugar a juegos,
los glaciares muelen el tiempo,
para los que el juguetito no sirve,
cambios, cambios en derredor,
los pájaros chillan hacia las brumas
del océano adimensional,
donde se diluyen los sueños
y transfiguran la realidad
pervirtiendo su esplendor,
las nenas no pueden jugar,
arrojan al suelo el cacharro
porque no actúa como ellas quisieran,
lo patalean y lo rompen
con indolencia e impudor,
ruido, voces, da la vuelta,
alguien lee las Elegías
en la terraza del único bar
de la carretera del faro,
ignorando el estupor
del mar que avanza y cae, cambios,
remodelando la línea costera,
silva, tojo y bidaqueiras
inextricablemente entrelazados,
cambios dispersos a tu alrededor,
nubes, mariposa, la higuera
a la que el viento no deja crecer
y se inclina retorciéndose
ante el azote del sol y la sal,
cambios al ritmo del dolor,
el rótulo en neón, la luna oscura,
frío en el puente, el perro,
y los pinos recortan el alba
sobre un dibujo aerografiado
del malva a un cárdeno rubor,
nunca ojean las instrucciones,
no entienden cómo funciona,
sal en la arena volátil,
no comprenden los sistemas mecánicos,
sientes bramar el motor
más fuerte que el mar allá abajo,
ni los mecanismos eléctricos,
agua en el viento salado,
amanecer de irreales neblinas,
tu pie tiembla en el acelerador,
no interpretan los astros
y no llegan a aprender a jugar,
da la vuelta y enfrenta la presión,
las mareas verticales se alzan
solo en invierno y su fragor
retumba en los granitos de la sierra,
lobos cruzados aúllan
su desdeñada soledad,
pero encuentran otro juguete
que despedazar con su amor,
aceleras un poco aún, cambias,
recta, larga, hasta el final,
algo más, inteligencia, tal vez,
dale a la moira su oportunidad,
cambios en tu interior,
cambias, las estrellas se alejan
redibujando las constelaciones,
zarza, aulaga y madreselvas
entrelazadamente inextricables
crean el límite ulterior,
creíste que el tiempo iba a cambiarlo
pero no hay rastro del tiempo,
y no harás nada más, la impermanencia
tampoco lo cambiará,
solo cambia el espectador,
hacia el faro van los suicidas
a recibir el adiós de las olas
en las manos del mar mayor,
un grito breve en la rampa de piedra,
ahora llueve más y peor.
8 de agosto de 2012
Cambios en el faro
28 de julio de 2012
Ibn Zamrak
Bendito sea Aquel que otorgó al imán Mohamed
bellas ideas para engalanar sus mansiones.
Pues, ¿acaso no hay en este jardín maravillas
que Dios ha hecho incomparables en su hermosura,
y una escultura de perlas de transparente claridad
cuyos bordes se decoran con orla de aljófar?
Plata fundida corre entre las perlas
a las que semeja belleza alba y pura.
En apariencia, agua y mármol parecen confundirse
sin que sepamos cuál de ambos se desliza.
¿No ves como el agua se derrama en la fuente,
pero sus caños la esconden enseguida?
Es un amante cuyos párpados rebosan de lágrimas,
lágrimas que esconde por miedo a un delator.
¿No es, en realidad, cual blanca nube
que vierte en los leones sus acequias
y parece la mano del califa, que, de mañana,
prodiga a los leones de la guerra sus favores?
Quien contempla los leones en actitud amenazante
sabe que solo el respeto al Emir contiene su enojo.
¡Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume
renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!
Poema de Ibn Zamrak (1333-1393) escrito en los muros de la Alhambra
☛ alhambra.org
25 de julio de 2012
Leandro Carré Alvarellos
En aquellos lejanos tiempos del feudalismo, allá por el siglo XIII o el XIV, vivía un conde llamado don Froyaz o Froilán, que habitaba un imponente castillo. Relativamente joven, se mantenía soltero. Era muy aficionado a la caza y solía recorrer a caballo sus extensas posesiones, dedicado a su distracción favorita, acompañado a veces por sus amigos vecinos, o bien por algunos de sus escuderos.
Una mañana que caminaba por el declive de un monte cercano al mar, atisbó junto a unas peñas de la playa el cuerpo de una mujer que parecía dormida; estaba desnuda pero no se veían bien sus piernas a causa de unas piedras que las ocultaban.
Lleno de curiosidad, fue acercándose silenciosamente; pero, al pisar las arenas, su caballo piafó y al ruido que produjo se despertó la dama, que, al parecer, era una hermosa sirena, y se dispuso a zambullirse en el agua. Pero fue tarde: tres escuderos que acompañaban a don Froilán rápidamente la habían rodeado, impidiéndole la huida.
Uno de los escuderos se despojó de su tabardo, con el cual cubrió a la sirena; esta fue colocada sobre un caballo y conducida al castillo de don Froilán, que, prendado por la hermosura de aquella mujer, sintió estremecerse su carne varonil con una emoción y una inquietud que jamás había experimentado ante mujer alguna. Y quiso casarse con ella.
Una vez instalada en su castillo, vestida como cumplía y atendida por varias doncellas, don Froilán la hizo bautizar; y como había surgido del mar y en el mar la había hallado, consideró que ningún nombre le convenía mejor que el de “Mariña”; y Mariña fue su patronímico.
Pero doña Mariña era muda. No sabía hablar y, a pesar de los intentos de don Froilán para enseñarle a pronunciar algunas palabras, ella, por mucho que se esforzaba en decir las frases más simples, no lo conseguía, lo cual tenía entristecido al conde. Y más cuando al cabo de algún tiempo nació su hijo primogénito y vio como la madre le acariciaba con amor y le besaba con ternura, pero no le dirigía ninguna de las palabras cariñosas con que las madres suelen hablar a sus hijos; sus expresiones consistían solamente en gestos, que algunas veces terminaban en lágrimas al no poder decir con la voz toda la ternura que sentía por él.
Llegó la víspera de San Juan y, como siempre en tal día, al llegar la noche se celebró en el patio del castillo la fiesta y se encendió la hoguera tradicional. Don Froilán gustaba de ver holgarse a sus servidores y, para solazarse con las gentes de su casa, se presentó allí. Doña Mariña, que nunca había presenciado tal espectáculo, acudió también, llevando en sus brazos al hijo de sus entrañas.
Entonces, con rápido movimiento, don Froilán arrebató al niño de los brazos de su madre y, aproximándose a la hoguera, hizo ademán de arrojarlo a las llamas. Despavorida, doña Mariña se puso en pie y profirió un grito, un grito de espanto y clamó: «¡Fillo!…» Y con el terror que la sobrecogió hizo tal esfuerzo, que arrojó de la boca un pedazo de carne; pero habló, Y desde entonces habló normalmente.
Y todos lloraban en aquel momento, de emoción y de alegría, y la fiesta prosiguió con mayor alborozo aún.
Y en recuerdo del hecho y por haber acontecido en aquella fecha, al niño le nombraron Juan.
Leandro Carré Alvarellos. Las leyendas tradicionales gallegas, editorial Espasa Calpe, Madrid 1977
20 de julio de 2012
Carlos García Gual
Cuenta Caxton en su prólogo a Le Morte D'Arthur que hay nueve grandes héroes, los mejores de todos los tiempos, que merecen ser por siempre recordados. Tres son paganos: Héctor de Troya, Alejandro el Grande, y Julio César. Tres son judíos: Josué, David, y Judas Macabeo. Tres son cristianos: Arturo, Carlomagno, y Godofredo de Bouillon. En ese excelente prefacio a la vasta compilación de las novelas de Sir Thomas Malory —que desde su editio princeps antecede a la larga versión en prosa inglesa de las aventuras y maravillas artúricas— afirma que es el rey Arturo el primero y más valioso e importante de los tres mejores reyes de la Cristiandad, así como el más renombrado y digno de recordación, especialmente entre los ingleses, sus compatriotas.
Ese tema de los nueve paladines heroicos era, como Caxton mismo dice, un tópico bien divulgado desde mucho tiempo antes entre los doctos. La mejor ilustración plástica del mismo la constituye su representación en el grupo de esculturas de la Fuente Hermosa de Nuremberg. Construida entre 1385 y 1392, es decir, un siglo antes de la edición de Malory por Caxton (1485), este espléndido monumento del gótico tardío nos ofrece unas imágenes de los nueve héroes universales, alternando con las figuras de los siete príncipes alemanes, y los profetas y los evangelistas, como un testimonio brillante de su gloria y ejemplaridad. En la amplia plaza del mercado de esta antigua e imperial ciudad alemana puede verse aún la estatua del buen rey Arturo, espejo de príncipes cristianos. Con su barba recortada y bífida, con su noble y ensimismada expresión, esta imagen de Arturo es una de las más atractivas del fabuloso y trágico monarca de Bretaña, estilizada a la moda del otoño medieval.
La más antigua representación de Arturo se encuentra en una famosa arquivolta de la “Porta della Pescheria” en la Catedral de Módena, en el norte de Italia. En el espacio semicircular de la arquivolta se halla representada una escena que podría estar sacada de cualquier relato artúrico, porque evoca un episodio épico: seis caballeros —tres a cada lado— asedian un castillo defendido por tres guerreros que tienen prisionera a una dama. Los personajes tienen grabados sus nombres al lado y así se les identifica bien. La dama es Winlogee (una forma del nombre bretón de Ginebra); los defensores del castillo, Burmaltus, Carrado y Marrok (Durmart, Caradoc, y Mardoc); los atacantes, Artus de Bretania, Isdernus, Galvaginus, Galvariun, Che, y otro más sin nombre. Junto a Arturo están ya algunos de sus más famosos camaradas de aventuras: Ider, Galván, Ganelón y Cay. La escena grabada alude a un episodio que podemos interpretar fácilmente: los caballeros acaudillados por Artur acuden a rescatar a la reina, raptada por el felón señor del castillo. Pero esta escena esculpida, con los nombres latinos de sus figurantes, tiene un especial interés por su fecha temprana: entre 1100 y 1120, unos cincuenta años antes que la primera novela artúrica que hayamos conservado. Seguramente fue un conteor bretón que viajaba con la tropa del Duque de Normandía en la Primera Cruzada el que aportó su relato para que un cantero italiano lo recordara en la piedra de la Catedral, donde quedó como muestra perenne de la temprana difusión de la “materia de Bretaña”.
Contrastemos por un momento las dos imágenes: la del Arturo de este relieve románico y la de Arturo como el mejor rey de la Cristiandad —codeándose con Carlomagno y con el conquistador de Jerusalén—, imágenes que distan largo trecho en el tiempo y su recepción histórica. Entre la una y la otra discurre el caudaloso río de las leyendas artúricas, una fabulosa literatura de ficción que ha convertido su figura en el centro de un universo mítico de universal resonancia, de extraña y perdurable fascinación.
Por obra y gracia de esa literatura Arturo de Bretaña se aparece como el más prestigioso monarca medieval, rodeado de una fastuosa corte de caballeros, los paladines de la Tabla Redonda, los defensores del orden y la cortesía en un mundo enigmático, en los limites de la realidad y la magia. (…) El espejismo del mundo artúrico encandiló a una gran parte de la Europa medieval, porque el mítico Arturo es mucho más que un héroe nacional británico. Muchos contribuyeron a la difusión de las leyendas de Arturo y con muchas hebras se tejió la trama de su historia novelesca. Los conteors bretones difundieron y tradujeron los episodios fantásticos, los “cuentos de aventuras” en los que se expresaba la fantasía y la degradada mitología céltica, una literatura épica oral de extrañas y antiguas raíces. Los novelistas franceses recogieron esas narraciones y las pusieron en verso y las escribieron en la pauta cortés y romántica de la época. La propaganda con la que los reyes normandos de Inglaterra, los Plantagenet establecidos tras la conquista a mediados del siglo XI, quisieron glorificar su pasado para competir en prestigio con otros soberanos europeos, apoyó decididamente la entronización de Arturo como el magnífico rey de un tiempo pasado de perdurable esplendor. Algunos grandes poetas alemanes tradujeron y reinterpretaron, ahondando en sus simbolismos, los relatos de los novelistas franceses. También se tradujeron pronto al galés esos textos novelescos, cruzándose con ecos de otros relatos perdidos, con remotos cuentos familiares de Irlanda y Gales. De los juglares las historias pasaron a los novelistas cortesanos, y luego algunos sagaces clérigos retocaron las novelas para infundirles un sentido más espiritual y trascendente.
Como vehículo de la ideología de los caballeros —una clase social amenazada por el decurso histórico— la literatura artúrica estilizó su moral e idealizó una visión romántica de la sociedad caballeresca y cortés. Construyó un brillante mundo de ficción, que fue acogido con un sorprendente éxito en toda la Europa medieval y perduró como un mágico y misterioso ámbito romántico durante siglos.
Carlos García Gual. Historia del Rey Arturo y de los nobles y errantes caballeros de la Tabla Redonda, capítulo primero, 'La invención de Arturo, fabuloso monarca’, fragmento (Alianza Editorial 1983)
15 de julio de 2012
4 de julio de 2012
La pulpa no es la hembra del pavo
No queda más silencio
que el que manan las estrellas,
predicen las mareas
plenilunios de tormento,
por mi pulpa, por mi pulpa.
Alejan los idiomas
poco más que las palabras
flotando con las algas
y las letras de la sopa,
por mi pulpa, mi gran pulpa.
Lagartos, lagartijas
enzarzados en la acequia,
los humos de la guerra
se ensortijan en la brisa,
por tu pulpa, por tu pulpa.
Fermentan infectados
organismos en la masa,
hormigas en la playa,
cementerios del verano,
por tu pulpa, tu gran pulpa.
De hielo precipicios
asomados a las sombras,
los mohos de la mofa
desafilan los cuchillos,
por mi pulpa, por tu pulpa.
Aíslame con besos
de tu rabia y de mi saña,
lacérame en tu jaula
a la luna del silencio,
mi gran pulpa, tu gran pulpa.
egm. 2012
☛ PyoZ ☚
27 de junio de 2012
Mentiras del capitán Titanio
Solo mi subrazón subsiste,
entre la genialidad y la triste
mediocridad yace un espacio
en el que es más incómodo vivir,
élitros licúo, me sacio
de verdades que no dejan mentir,
habló el profeta a los tordos,
y el insomnio nunca ayuda a dormir,
id a escuchar a los sordos,
todos tan testarudos,
enviad a observar a los ciegos
y dad la palabra a los mudos,
y que entre ellos se laman los egos,
meted a cada muerto en su ataúd,
así dijo el chamán,
y que la moira les toque el laúd,
oteando el yermo bajo el volcán,
y cuando seas más urbano
manda la puta poesía al guano,
mientras en el balcón verde, el gandul
pero prodigioso hombre azul
de los azules nervios de titanio,
con muy deliberada dejadez
riega las hojas del geranio,
líquidos élitros fricciono,
recordando que aquella vez,
cuando contemplaba el ozono,
halló que cantaba un grillo su espera
sobre la iluminada lobreguez
añil de la carretera,
el capitán Titanio considera
mucho a las niñas feas
que saben cómo hacer cosas bonitas,
alga cimbreante de mis mareas,
no le digas nada a mamá
de cuánto y cuándo gritas,
hay no pocas, por cierto, por acá,
personas para las que la mentira
es solo sarmiento en la pira
de la verdad, ¿no es verdad?
venid, cotovías, lembrad,
o panoco avogado silveirento
abriu bufete
no vedramio e puxo un barrete
de toxo e fento,
y exprimiendo la forma extensa
de la licuefactible realidad
convirtió la mentira en blanda y densa
difracción de la verdad,
alga que a la rompiente hiere,
pero el capitán Titanio prefiere
a las niñas bonitas
que saben hacer las cosas más feas,
no le digas a papi que te quitas
hasta sus mohosas ideas,
aguardando a que el vuelo salga
no puedo aquí jamás ser cosmonauta,
rompiente que ahoga al alga,
aquí, ni deducir la pauta
de la apelmazadora gravedad,
aquí, entre el protozoo y la estrella,
si no me deja dormir la verdad,
entre la sal, aquí, y su huella,
aunque lo miro
y en dos miradas lo veo,
no creo
en tal creencia y me piro,
si los sueños no me dejan soñar,
porque, aún, aquí, o luego,
entre el bentos y la grava lunar,
sé cómo se juega a este antiguo juego,
cocodrilo en el río
turbio, empantanado y sombrío,
oso acechando la banquisa
helada, vasta y lisa,
y que la única regla no es más
que ser más tramposo que los demás,
después pagarán los justos con creces
por los santos desajustados
y cobrarán aun los peces
de los pescadores ahogados,
colgando el laúd, con gran lasitud,
la calva clava el ataúd,
y sé que pronto se apagará el mar,
solo, mi sola subrazón subsiste,
sé lo que debiera ignorar,
sé que miento por vivir, ay, si existe,
la realidad te hará libre,
y si la llegas a desentrañar
con tu cerebro de alto calibre,
allí habló la sibila
refractando el volcán en su pupila,
como la nova fulgura ante ti
chisporroteando aún ahí,
y, ¿descifrarás al grillo que frota
sus élitros en una sola nota
tras la confusión de la red? acaso
líquidamente respiro,
y paso
de tu inverdad y me piro.
egm. 2012
* 'el necio abogado picapleitos / abrió bufete / en el matorral y se puso un birrete / de tojo y helecho'.
9 de junio de 2012
John Donne
Ve y atrapa una estrella fugaz, coge
con un niño una raíz de mandrágora,
dime dónde están los años pasados
o quién hendió el pie del Diablo; enséñame
a escuchar el canto de las sirenas
o a alejar la punzada de la envidia
y encuentra
cuál es el viento
que hace avanzar a una mente honesta.
Si has nacido para extrañas visiones,
cosas invisibles al ojo,
cabalga por diez mil días y noches
hasta que la edad nieve sobre ti
blancas canas; y al volver contarás
las raras maravillas que encontraste,
jurando
que en parte alguna
vive mujer sincera y también bella.
Si encontraste una, házmelo saber:
dulce fuera tal peregrinación;
aun así, yo nunca la haría,
aunque en la puerta de al lado estuviera:
aunque sincera fuese, si la hallaras,
al fin, cuando tú le escribas tu carta
ya ella
te habrá engañado,
antes de que yo llegue, con dos o tres.
☛ John Donne. Song (poetryfoundation.org)
Trad. E. Gutiérrez Miranda 2012
∼
Song
Go and catch a falling star,
Get with child a mandrake root,
Tell me where all past years are,
Or who cleft the devil's foot,
Teach me to hear mermaids singing,
Or to keep off envy's stinging,
And find
What wind
Serves to advance an honest mind.
If thou be'st born to strange sights,
Things invisible to see,
Ride ten thousand days and nights,
Till age snow white hairs on thee,
Thou, when thou return'st, wilt tell me,
All strange wonders that befell thee,
And swear,
No where
Lives a woman true, and fair.
If thou find'st one, let me know,
Such a pilgrimage were sweet;
Yet do not, I would not go,
Though at next door we might meet;
Though she were true, when you met her,
And last, till you write your letter,
Yet she
Will be
False, ere I come, to two, or three.
6 de junio de 2012
Luis Cernuda
Diré como nacisteis, placeres prohibidos,
como nace un deseo sobre torres de espanto,
amenazadores barrotes, hiel descolorida,
noche petrificada a fuerza de puños,
ante todos, incluso el más rebelde,
apto solamente en la vida sin muros.
Corazas infranqueables, lanzas o puñales,
todo es bueno si deforma un cuerpo;
tu deseo es beber esas hojas lascivas
o dormir en esa agua acariciadora.
No importa;
ya declaran tu espíritu impuro.
No importa la pureza, los dones que un destino
levantó hacia las aves con manos imperecederas;
no importa la juventud, sueño más que hombre,
la sonrisa tan noble, playa de seda bajo la tempestad
de un régimen caído.
Placeres prohibidos, planetas terrenales,
miembros de mármol con sabor de estío,
jugo de esponjas abandonadas por el mar,
flores de hierro, resonantes como el pecho de un hombre.
Soledades altivas, coronas derribadas,
libertades memorables, mantos de juventudes;
quien insulta esos frutos, tinieblas en la lengua,
es vil como un rey, como sombra de rey
arrastrándose a los pies de la tierra
para conseguir un trozo de vida.
No sabía los límites impuestos,
límites de metal o papel,
ya que el azar le hizo abrir los ojos bajo una luz tan alta,
adonde no llegan realidades vacías,
leyes hediondas, códigos, ratas de paisajes derruidos.
Entonces extender la mano
es hallar una montaña que prohíbe,
un bosque impenetrable que niega,
un mar que traga adolescentes rebeldes.
Pero si la ira, el ultraje, el oprobio y la muerte,
ávidos dientes sin carne todavía,
amenazan abriendo sus torrentes,
de otro lado vosotros, placeres prohibidos,
bronce de orgullo, blasfemia que nada precipita,
tendéis en una mano el misterio,
sabor que ninguna amargura corrompe,
cielos, cielos relampagueantes que aniquilan.
Abajo, estatuas anónimas,
sombras de sombras, miseria, preceptos de niebla;
una chispa de aquellos placeres
brilla en la hora vengativa.
Su fulgor puede destruir vuestro mundo
3 de junio de 2012
Enri by the city blues
Oh, mamá,
debo ir a la ciudad.
Cuando llegué a Madrid
era joven y llegué a creer
que esa era mi puta ciudad,
oh, mamá,
debo ir a la ciudad
a jugar
a lo que no debo jugar,
y lo creí durante un tiempo,
hasta que el viento me arrastró
a las orillas del miedo ancestral.
Oh, mamá.
Cuando llegué a Barcelona
sabía muchas más cosas,
oh, mamá,
yo sé que tú sabrás,
trucos y mentiras,
que jamás
entenderé la realidad,
no me engañan los farsantes,
oh, mamá,
y supe desde el principio
que esa jamás sería mi ciudad.
Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.
Y en la hora de irme sé
que ninguna ciudad es tu ciudad.
Créeme,
oh, mamá.
Todas las ciudades del mundo
cuando las conoces parecen
la mejor amante del mundo, pero
oh, mamá,
créeme,
en la hora de irte aprendes
que ninguna ciudad es tu ciudad.
Oh, mamá,
debo ir a la ciudad
a buscar
a quien no debo encontrar
y a jugar
a ese juego al que jamás
acabarás de aprender a jugar.
Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.
Oh, mamá,
tú sabías en realidad
que ninguna ciudad es tu ciudad.
Oh, mamá,
he visto los ojos del tiempo
y el juego de la falsa realidad.
Ay mamá,
lo que sufrí nadie sabrá,
yo me vi rodeando el mundo,
oh mamá.
Oh, mamá,
tuve que ir a la ciudad
y aprender
a jugar
al juego al que jamás
nadie acaba de aprender a ganar.
Oh, mamá,
ya no me sirve de nada rezar;
oh, mamá,
cuando llegué a Madrid
nadie me enseñó a bailar,
oh, mamá,
en Barcelona quizá
le enseñé a más de dos a bailar.
Oh, mamá.
Y no me sirve de nada rezar.
Oh, mamá,
era joven y llegué a creer
que un hombre puede vivir la ciudad,
oh, mamá.
Oh, mamá,
era joven y llegué a pensar
que navegaba los mares del mundo
en mi paleta ciudad;
oh, mamá,
solo un hombre de pueblo sabe
qué paleta es la gente de ciudad.
Ay, mamá,
debo dejar la ciudad.
Sabes, mamá,
puedo ver la realidad;
oh mamá,
no es mi culpa
si soy capaz de ver la realidad.
Oh, mamá,
he hallado los ojos del miedo
y el fuego de la falsa realidad.
Oh, mamá,
debo dejar la ciudad.
Oh, oh mamá,
tú no puedes ayudarme a cantar
the fucking Enri by the city blues,
nadie sabe ni sabrá
el puto blues de Enrique en la ciudad.
Oh, oh mamá,
debo dejar la ciudad.