Alada el hada, al Hada.
La nada,
nada.
Nada.
No yo.
Fluyendo.
Ya no
yo.
Confusión
confundo
confundido.
Fundido
en confusión
confluyo.
Fluyo.
Ciego
en la oscuridad.
Perdido.
Al filo
del precipicio,
un niño.
Perdido.
Ardo
en largo
desconcierto.
En huero
desvarío
muero.
Perdido,
vago
incierto.
Fluyo
en río hueco
de silencio,
eco.
Grito
al río,
al eco.
Del silencio
el eco.
Ardiente
nada
mi hada
nada.
Por mí,
por ti.
Por nada.
Soldado
de huera
guerra,
hiero,
mutilo,
muero.
Soldado,
vago
derrotado.
Huyo,
difluyo,
fluyo.
Tuyo
el fulgor
que huyo.
Tuyo.
Nada.
Fluida,
sola.
Fluente.
Nada.
No nada.
Roto
en trozos
trazo
el roto
mapa
de mi roto
desvarío,
La ruta
rota
de mi derrota.
El rito,
el mito,
el grito.
Grito.
Ciego
en lo oscuro.
El grito.
Fiera
furia.
Furia
aturdida.
Fluente,
fluida
furia
efluyo.
En huera
guerra,
rotos
los tratos,
hiero
mutilo
mato.
Soldado,
la muerte,
suerte.
Me sumo
al humo,
huero
vago.
Trago.
Vago
en humo
aciago.
Sin sentido,
sin destino.
Camino.
Ajeno.
Sin ruta,
sin destino.
Sin camino.
Teme
la muerte
el mito.
Teme.
Ama.
El mito
amo.
Temo.
Trago
a trago
vago.
Vago
vago.
En cada
trago
vago.
Huido
sin camino.
Fluido.
Fluente.
Roto,
solo,
muerto.
Gritando
en lo oscuro:
un niño.
Un grito,
un rito.
Solo
en lo oscuro.
El rito.
Soldado,
muerto.
Guerra
hago.
Trago.
Soldado,
mutilo,
muero.
Aciago
lago
que vago,
trago.
El hado
me trajo
al lago
que, vago,
vago.
Solo
gritando,
solo.
Un niño
ciego
en lo oscuro.
Un grito.
Solo.
Perdida
nada.
Mito
rito
hito.
Grito.
Nada
derrotada.
Construyo
un mundo,
un mito.
Confluyo.
Un mundo
tuyo,
un hito.
Difluyo.
Cada
hada,
nada.
Ajena
nada
el hada
nada.
Fluida
nada.
Trozo
a trazo,
trazo
a trozo
efluyo,
refluyo,
afluyo.
Confluyo
No
nada
yo.
No.
Derrotado
no.
Solo,
sin camino
fluyo.
En el río
de silencio
huyo.
Perdido.
Tuyo.
Soldado,
muerto,
vivo.
Sin destino
ni sentidos
vivo.
Soldado,
sobrevivo.
Nada
huida.
No nada.
Nada.
Sentido
confundido,
ido.
Camino
sin camino.
Fluyo
sin destino,
ciego,
perdido.
Solo,
desolado
hado.
Mi hada,
casi
nada.
Fluida
nada
mi hada
nada.
Fluyente,
afluye.
Perdido
vivo.
Fluido
fluente
afluyo.
En nada
nado.
Pervivo.
Gritando
fluyo.
Huyendo
aúllo,
huyo.
Llorando
lloro.
Yo lloro.
Un niño
llorando.
Solo.
El niño.
Solo.
Grito.
La nada
nado,
la furia
fluyo,
la huella
huyo.
Nado
fluyo
huyo.
Soldado,
muero.
El hada
si muere,
muero.
Si muero,
muere.
Mi hada.
Nada
hacia allá
la nada.
Nada
a nada
nada.
Casi nada.
El hada
me vive
y vivo.
Soldado,
sobrevivo.
Mi hada
vive.
Revivo
No
nada.
Ahora
no.
Nada no.
egm. 2011
Santa Rosa, Gràcia, Barcelona, 29 de enero de 2004
Después de recorrer
la playa de las conchas blanqueadas,
blanqueo mi condición
de ignorado espectador
de los cíclicos vuelcos de la vida,
digo ¡tú!
pero la tierra gira sola,
confundida y extraviada
en un universo sin medidas
y de una única dimensión,
inerme, inerte y fría,
las conchas blanqueadas en la playa,
nada me excita más, pero
el tiempo es la única dimensión.
Veo en tus ojos la clave
de la cuantificación,
corazón,
en el espejo las grietas son casi
lejanos paisajes sin explorar.
Y unos dicen que sí,
tantos viejos preenvejecidos
que irremediablemente se unirán
a aquellos que de jóvenes odiaban
porque encontrarán en sus falsedades
una explicación a su desconcierto,
rechazarán a cuantos amaron
por una falsa seguridad
en su inseguro mundo incoherente,
vomitarán los jugos
que aún ayer les embriagaban,
vomitarán su propia vida insípida
en el suelo del ascensor,
y otros dicen que no.
Ven a bailar
la danza de las grullas, ven,
en los dorados trigales,
a los verdeantes maizales, ven,
junto a los bosques umbrosos
de nebulosas neblinas,
ven con las gráciles grullas,
vente, ven a bailar.
Dices ¡uj!
módulos nictálopes cabriolantes,
concéntrica orla nívea,
flor o tallo oscilando suaves,
días excéntricos
tóxicamente urbanos
cuando ondas ñoñas obviabas,
música extrema
me alza si tu uncial raíz besa obscena,
crecen arbustos floridos
en la ladera del volcán.
Unos dicen que hacia arriba,
¿qué verdades
se nos revelan en el sueño
disfrazadas de mentiras
para enzarzarnos mejor?
mano, ojo, nervio, impulso,
cuerda, arco,
en el mundo el claro marco,
firme el pulso,
todos los nombres
son tu extrema voz que cabriola
en los ecos de los acantilados,
modulados en todas las palabras,
vortigirando en ondas concéntricas
y oscilando obscenos y excéntricos
hacia la raíz del anochecer,
¿qué ilusiones
se nos muestran como realidades
a la luz del mediodía
para entramparnos mejor?
y otros dicen que no.
Esto pasa,
en el faro fiero,
no faro fero firo e o foro furo,
hiero y el foro horado,
y en mientras tanto,
otro día que fracasa
en su intento de tumbarme,
devastarme, descarnarme y devorarme,
otro día más que pasa.
En el sol de la mañana
vistas desde el este airosas
brillan más hermosas
las altas antenas en los tejados,
la chica del ala de cuervo,
negros mechones desbocados,
decía al amanecer
que en una cajita guardaba
siete núcleos de planetas perfectos
que no debía descuidar.
Vive la vida en rojo,
haz el amor con quien te ama
y, como si fuera una perra guerra,
fóllate todo lo demás,
me dijo la bruja,
porque esto dura
lo que dura el disco duro,
y ahora mismo no recuerdo
qué era lo que debía borrar,
ah, savia y resina en el monte
que de venus antes solía ser.
Dime ¿tengo la culpa yo
de no ser nada más que lo que soy?
procura no resbalarte en el vómito
que aún queda en el ascensor,
inconmovible en el azar estoy
y me importa un puro zarajo
la injusticia del juicio prejuicioso,
la antes perenne derrota
ya es una victoria cada hoy.
Tal que la diosa hechicera,
toco de memoria
y silbo de oído,
oigo como un ciego,
miro más que un sordo,
no digo que no diga lo que veo.
Intenta aprender de la bruja,
acaso los acasos son futuros,
los hoyes son ayeres repetidos,
los días que ahora vives son tu muerte,
tu muerte es cual el día en que naciste,
tu vida es un cometa en el océano
brillando fulgurante y apagándose
en un instante cósmico e infinito,
acaso los futuros son acasos,
ayer es solo un hoy que ya ha pasado,
mañana es un ayer que no empezó,
aprende que es el tiempo en este tiempo
tu única y entera dimensión,
corazón.
Otros dicen que hacia abajo,
la nada de la nada te creó,
la nada pronto te reclamará,
y en esa hora el mundo ausente,
insustancial e indiferente,
indiferente te verá partir,
algunos otros dicen que hacia atrás.
La danza de las grullas bailarás
junto a los lagos del crepúsculo,
cuentan que el hombre y la esfinge
temen al tiempo atroz,
el tiempo sin embargo fluye
sin meandros de temor,
pero otros dicen que pche,
entre conchas blanqueadas el tiempo
fue toda tu única dimensión,
admírate tú misma
de tu misma admiración.
egm. 2011
No seré justo. No seré ecuánime,
ni equilibrado;
tampoco injusto ni subjetivo.
No opinaré.
Dejaré a otros la fútil carga
de la justicia
o el placer vano de la venganza.
No juzgaré.
egm. 2011
Cultivad la ciencia de los números, pues nuestros
crímenes suelen ser tan solo errores de cálculo.
Pitágoras
Un una o uno
Dos
Tres
Cuatro
Cinco
Seis
Siete
Ocho
Nueve
Diez
Veinte
Treinta
Cuarenta
Cincuenta
Sesenta
Setenta
Ochenta
Noventa
Cien
Doscientos
Trescientos
Cuatrocientos
Quinientos
Seiscientos
Setecientos
Ochocientos
Novecientos
Mil
Dos mil
Tres mil
Cuatro mil
Cinco mil
Seis mil
Siete mil
Ocho mil
Nueve mil
Diez mil
Veinte mil
Treinta mil
Cuarenta mil
Cincuenta mil
Sesenta mil
Setenta mil
Ochenta mil
Noventa mil
Cien mil
Doscientos mil
Trescientos mil
Cuatrocientos mil
Quinientos mil
Seiscientos mil
Setecientos mil
Ochocientos mil
Novecientos mil
Un millón
Dos millones
Tres millones
Cuatro millones
Cinco millones
Seis millones
Siete millones
Ocho millones
Nueve millones
Diez millones
Veinte millones
Treinta millones
Cuarenta millones
Cincuenta millones
Sesenta millones
Setenta millones
Ochenta millones
Noventa millones
Cien millones
Doscientos millones
Trescientos millones
Cuatrocientos millones
Quinientos millones
Seiscientos millones
Setecientos millones
Ochocientos millones
Novecientos millones
Mil millones
Dos mil millones
Tres mil millones
Cuatro mil millones
Cinco mil millones
Seis mil millones
Siete mil millones
Ocho mil millones
Nueve mil millones
Diez mil millones
Veinte mil millones
Treinta mil millones
Cuarenta mil millones
Cincuenta mil millones
Sesenta mil millones
Setenta mil millones
Ochenta mil millones
Noventa mil millones
Cien mil millones
Doscientos mil millones
Trescientos mil millones
Cuatrocientos mil millones
Quinientos mil millones
Seiscientos mil millones
Setecientos mil millones
Ochocientos mil millones
Novecientos mil millones
Un millón de millones
Esto es: un billón, nena,
espumeando como un perro rabioso.
egm. 2011
La luna breve
de invierno besa al lago
y de un gran trago
la noche entera bebe.
egm. 2011
Devoraré, latiente,
el corazón del águila
para luego convertirme en el mono
que el águila cazó.
egm. 2011
Pues resulta ser que brújula
es una palabra esdrújula,
a la vez que meridiano
es vocablo más bien llano
y, sin duda,
corazón
es palabra tan aguda
como hipsilofodón.
¡Ay, quién tuviera una brújula
para andar el meridiano
del brumoso corazón!
Miseria, miseria,
qué brumosa es la materia…
¡Y quién, en vez de una cabra,
tuviera un hipsilofodón!
egm. 2011
En tu efímera vida
dos solas cosas habrás de entender:
La evolución de las especies vivas
y la estructura del vasto universo.
Si no comprendes esto
nunca podrás entenderte a ti mismo.
egm. 2011
Ella no era rica.
Él nunca fue pobre.
Él se fue a estudiar a una ciudad del extranjero.
Ella decidió estudiar a la ciudad de la que él procedía.
Ella permitió que la desvirgara un chico que no le gustaba gran cosa.
Él se masturbó mirando porno con sus compañeros de piso.
Él terminó los estudios y se fue de putas con los amigos.
Ella acabó la carrera y se emborrachó por primera vez.
Ella encontró trabajo en la ciudad en la que había estudiado.
Él regresó a su ciudad a trabajar en la empresa de su padre.
Él tuvo tres novias pero permaneció soltero.
Ella se casó y se divorció a los dos años.
Ella comenzó a ver que no avanzaba en su trabajo.
Él dejó de jugar al tenis y probó con el golf.
Él la conoció a ella en una fiesta a la que se dejó arrastrar.
Ella se dejó conocer por él en una fiesta a la que acudió sin ganas.
Ella fingió que le interesaba lo él que le decía.
Él hizo como que entendía lo que ella le contaba.
Él logró acostarse con ella a las cinco semanas.
Ella consiguió casarse con él a los cinco meses.
Ella dejó su trabajo y se dedicó al arte y a las compras.
Él siguió esperando a que su padre se muriera.
Él sintió que aquel mundo cerrado le aburría.
Ella se aburrió de sentir que aquel mundo la encerraba.
Ella intuyó que era el momento de buscarse un amante.
Él empezó a pensar en la posibilidad de cambiar de secretaria.
Él se folló a la nueva secretaria el primer día en el sofá de su despacho.
Ella se folló a dos poetas, un escritor de moda y a varios artistas.
Ella se cansó de listos que se hacían el tonto y de tontos que se creían listos.
Él empezó a resentirse de la espalda por forzar posturas sobre el sofá.
Él lamentó casi sinceramente la muerte de su padre.
Ella se alegró en su interior de la muerte de su suegro.
Ella se ocupó de gestionar la empresa familiar.
Él cambió de despacho y también de secretaria.
Él comenzó a prestarle más atención a ella.
Ella se sintió halagada de que él la tratara con más atenciones.
Ella descubrió que le gustaba el mar y no solo la playa.
Él olvidó el deportivo en el garaje y se dedicó más al yate.
Él decidió que no valía la pena arriesgar lo que no es hipotecable.
Ella calculó que no compensaban sustos continuos con placeres fugaces.
Ella soltó lastre.
Él recogió velas.
Él inició una colección de monedas raras.
Ella siguió coleccionando joyas exclusivas.
Ella rehusó varias invitaciones del nuevo escritor de moda.
Él dejó de medir la longitud de las faldas de sus empleadas.
Él concluyó que total, en fin, para qué.
Ella se convenció de que bueno, total, qué más da.
egm. 2011
Yo no digo esta canción
sino a quien conmigo va.
Romance del conde Arnaldos
¡Quién tuviera tal ventura
en las orillas del Sar
cual tuvo el infante Henryques
una mañana sin par!
Yendo a recoger castañas
para asarlas en su lar
vio venir una morena
que el río quiere pasar.
Las faldas trae de seda,
de azabache su collar;
los labios, moras de zarza,
los ojos, algas del mar.
Mientras sonríe encantada
cantando viene un cantar
que la lluvia pone en calma,
al viento lo hace amainar;
a las aves de los árboles
las hace a tierra posar
y a los peces de lo hondo
los hace arriba asomar…
Allí habló el infante Henryques,
el de ventura sin par:
«¡Por mi vida, moreniña,
canta otra vez tu cantar!»
Le respondió la rapaza,
tal respuesta le fue a dar:
«¡Solo canto mi cantiga
a quien me sabe besar!»
egm. 2011